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Afectaciones
Hugo Marietan,
www.marietan.com,
1994
Introducción
Los
sentimientos se perciben difusos, por eso se "sienten"
y no se entienden claramente.
La
"nitidez" con que se "recortan"
los conceptos que responden a la lógica razonante,
al intelecto, esa completud en el percibir, no se
presenta en lo "afectivo", sino que nos
"afectan" de tal manera, en forma tan
individual, que la traducción de nuestra propiocepción
al lenguaje o al código lógico, nunca es adecuada.
Nos aproximamos al "como si" de la poesía
o la metáfora, la analogía o la comparación. Pero
en esencia el sentimiento permanece tan inexpresable
como desde siempre. Wittgenstein decía que lo metafísico
era inexplicable, "se muestra a sí mismo, es
lo místico. El amor, la libertad, Dios, pertenecen
a esta parte alejada de lo verbal, al dominio de
lo inefable".
Trataremos
aquí algunas de las maneras de ser conmocionados
y reaccionar. Y el aprendizaje de ese par de estados
que determinan formas de conductas persistentes.
Características
de lo afectivo
Cabello(11)
da seis características de lo afectivo:
1)
Son procesos vividos subjetivamente, fundidos al
estado de ánimo y con nuestro propio estado de conciencia;
2)
Poseen una referencia intencional en relación con
las múltiples situaciones estimables de nuestra
vida y de los objetos que nos rodean, asignándoles
un valor;
3)
Impregna toda la actividad psíquica, concediéndole
una tonalidad particular acorde con los sentimientos;
4) Es dinamógeno por excelencia;
5)
Tiene intensidad variable: graduándose como sentimientos,
emociones y pasiones;
6)
Los afectos oscilan bipolarmente: alegría-tristeza,
placidez-angustia.
Reacciones
emocionales
Para
Delay-Pichot,(2) el comportamiento emocional
evoluciona según tres fases sucesivas:
1)
Respuesta inmediata: De breve duración, corresponde
a la emoción propiamente dicha. Ejemplo: comportamiento
de sorpresa, de miedo-cólera, el síncope.
El
comportamiento de sorpresa es un tipo de
comportamiento idéntico de un sujeto a otro (de
observación en todas las personas, excepto los epilépticos)
y de una duración muy breve: el conjunto de la reacción
dura de un cuarto a medio segundo; a veces es difícil
reconocerlo sin medios adecuados de observación.
Es desencadenado por un estímulo inesperado. Consiste
en una modificación rápida de la posición del cuerpo:
los músculos del cuello se contraen, los hombros
se levantan, los brazos se llevan ligeramente hacia
delante, aparece parpadeo y la boca se contrae en
un rictus.
El
comportamiento miedo-cólera tiende a preparar
al sujeto para una actividad violenta, necesaria
para su conservación (fuga o ataque), cuando percibe
la situación como amenazadora. Puede producir un
efecto paralizante (pánico). Un estímulo emocional
intenso puede producir un síncope en algunos casos.
Éste va precedido de una sensación de debilidad
muscular, de transpiración, de náuseas, de bostezos
y de oscurecimiento de la vista. Entonces sobreviene
la pérdida de conocimiento (colapso), que en algunas
ocasiones puede acompañarse de pérdida de control
de los esfínteres. El conjunto de este comportamiento
va ligado a un descenso de la presión venosa, que
lleva consigo una acumulación de sangre en las partes
inferiores del cuerpo, y por lo tanto una anoxia
cerebral.
Cabello,(1)
al tratar el tema de la emoción violenta,
menciona que son tres los entes psicológicos fundamentales:
a)
Representación mental súbita, sorpresiva, de una
situación disvaliosa o valiosa;
b)
Conmoción afectiva intensa;
c)
Respuesta psicomotora.
Estos
tres entes psicológicos traducen una marcada exaltación
de los afectos, una inhibición de las funciones
intelectuales superiores y un predominio de la actividad
automática y neurovegetativa. En consecuencia el
individuo tiene un recuerdo parcial y fragmentario
de las acciones realizadas en este estado emocional.
2)
Respuesta secundaria: De duración variable,
pero relativamente corta, salvo si es patológica,
expresa el período de recuperación a la respuesta
emocional inmediata y generalmente se caracteriza
por sensaciones de fatiga, apatía y depresión.
3)
Los efectos persistentes de las emociones:
Consecuencias de la respuesta secundaria, son hábitos
emocionales persistentes que corresponden a los
sentimientos. El individuo tiende a desarrollar
hábitos dirigidos a prolongar o producir los efectos
secundarios agradables y a eliminar los efectos
desagradables. Estos hábitos emocionales tienen
valor adaptativo.
En
esta perspectiva la pasión no es considerada
sino como un efecto duradero de las emociones, cuya
particular intensidad y consecuencias sobre el comportamiento
determinan una dirección particular en la orientación
de vida de la persona. Ejemplo de ello son la pasión
por las artes, el conocimiento, etcétera.
Reacciones
inmediatas patológicas
Se
producen cuando los recursos del organismo son insuficientes
para integrar de manera adecuada la experiencia
emocional. Es un desequilibrio entre la intensidad
del estímulo y la capacidad adaptativa del sujeto.
La circunstancia estimulante debe tener un valor
afectivo particular para la persona.
1)
Reacción explosiva de cólera: Puede deberse
a predisposición individual, a alteraciones psicopatológicas
o neurológicas. Un estímulo mínimo puede provocar
una cólera incontenible con agresiones violentas
sin consideración de las consecuencias. Este efecto
se puede producir por acumulación de situaciones
estresantes y el estímulo desencadenante "es
la chispa que enciende la pólvora" (Kretschmer),
como es el caso en los presos y algunos crímenes
pasionales. Es clásico el ejemplo de la ebriedad
patológica, donde pequeñas dosis de alcohol pueden
provocar este tipo de reacción. También la epilepsia
en el período intercrítico y la epilepsia temporal
son ejemplos donde podemos observar estos comportamientos.
2)
Reacción de miedo y la angustia: La reacción
de miedo patológico se encuentra en la ansiedad
intensa. Se produce una anticipación aprensiva
de un daño o desgracia futuros, acompañada de un
sentimiento de disforia o de síntomas somáticos
de tensión. El objetivo del daño anticipado puede
ser interno o externo.(4) En el pánico
(crisis de angustia), que el DSM-IV describe como
"aparición temporal y aislada de miedo o malestar
intenso, de inicio brusco que incluye algunos de
los siguientes síntomas:
Palpitaciones,
sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia
cardíaca; sudoración; temblores o sacudidas; sensación
de ahogo o falta de aliento; sensación de atragantarse;
opresión o malestar torácico; náuseas o molestias
abdominales; inestabilidad, mareo o desmayo; desrealización
(sensación de irrealidad) o despersonalización (estar
separado de uno mismo); miedo a perder el control
o volverse loco; miedo a morir; parestesias (sensación
de entumecimiento u hormigueo); escalofríos y sofocaciones."
Se
llama angustia a un miedo sin objeto aparente
(angustia flotante). Cuando la angustia es, en apariencia,
consecuencia de un estímulo que normalmente no produciría
este tipo de reacción, se habla de "angustia
fijada". No se emplea en este caso el término
"miedo" (que siempre es hacia algo concreto),
porque el papel del estímulo no es más que simbólico,
como en el caso de la angustia fóbica.
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Desarrollos afectivos patológicos y procesos
Cuando
aparecen reacciones afectivas patológicas que son
consecuencia de una exageración de hábitos reaccionales
preexistentes hablamos de "desarrollo".
Jaspers(9) dice que "se habla de
desarrollo de una personalidad cuando en
ella se encuentran fenómenos patológicos pero que
se pueden comprender y explicar a partir del juego
mutuo de las relaciones psicológicas y racionales
que se encuentran incrustadas dentro de una conexión
psicológica objetivada de predisposición originaria,
y unitaria a pesar de toda la desarmonía y falta
de consistencia". Por ejemplo, una personalidad
paranoide (desconfiada, suspicaz, susceptible, sobrevalorada,
orgullosa, etcétera), puede desarrollar una paranoia
que es la exageración de estas características previas,
con alteración del juicio de realidad.
En
cambio se habla de proceso cuando los síntomas
morbosos irrumpen sin que existan síntomas semejantes
previos, dando la vivencia de incomprensibilidad
en el observador, a diferencia de lo que ocurre
en el desarrollo. Jaspers(9) define como
procesos a lo que conduce a una transformación
incurable, es decir, a un cambio permanente; "Los
procesos son cambios en la vida psíquica incurables,
heterogéneos a la personalidad anterior, que irrumpen
en ésta, ya sea una vez y aisladamente o en forma
repetida y en general, y dentro de estas posibilidades,
en todas sus transiciones invaden la personalidad".
Este tema será ampliado cuando tratemos delirios
crónicos y esquizofrenia.
Estrés-Distrés
Se
llama estrés a la reacción general de adaptación
del organismo frente a circunstancias obstaculizantes
o adversas. Para la OMS(10) el estrés
es "el conjunto de reacciones fisiológicas
que prepara el organismo para la acción". El
organismo cuenta con "amortiguaciones"
fisiológicas para soportar un quantum de estrés,
y cuando éste es sobrepasado, se presenta una serie
de repercusiones somáticas (úlcera, hipertensión,
asma, etcétera) representadas por signos y síntomas
morbosos que denominamos distrés. O. Slipak(10)
dice que "si las demandas del medio son excesivas
y/o prolongadas, aun siendo agradables, y superan
la capacidad de resistencia y de adaptación del
organismo, llegamos al «distrés o mal estrés»".
La muerte de un familiar, casamiento, mudanza, jubilación,
pérdida de empleo, divorcio, etcétera, son situaciones
que pueden provocar distrés. Los factores causantes
de estrés serían iguales para todos los individuos,
pero la vía elegida (autonómica o neuroendócrina)
estaría ligada al grado de vulnerabilidad del sujeto
y a su perfil psicológico. Así tendríamos distintos
patrones de conducta.
Los
de tipo A,(10) donde predominan
las respuestas excesivas, son individuos agresivos,
hiperactivos, ambiciosos, irritables, impulsivos,
impacientes, dominantes, tensos y competitivos.
Tienen mayor predisposición a padecer patologías
cardiovasculares por activación de las catecolaminas,
nicotismo y obesidad.
El
patrón de conducta tipo C, está representado
por individuos introvertidos, obsesivos, pasivos,
resignados y apacibles, extremadamente cooperadores,
sumisos y conformistas, siempre controlan las expresiones
de hostilidad y son deseosos de aprobación social.
Están más predispuestos a reumas, infecciones, alergias,
dermatopatías, cáncer e inhibición inmunitaria.
El
patrón de conducta tipo B se observa en personas
tranquilas, confiadas, relajadas, abiertas a las
emociones, incluidas las hostiles.
Variaciones
del humor
Corresponde
a Kretschmer(2) una forma de clasificar
a los individuos en función de la cualidad de su
humor. Es así que describió la ciclotimia y la esquizotimia
como variaciones normales, y el humor melancólico,
maníaco y esquizofrénico como variaciones patológicas:
1)
En la ciclotimia se pasa fácilmente de la
alegría a la tristeza, del júbilo al dolor. El elemento
fundamental es la capacidad de vibrar con el ambiente
(sintonía de Bleuler). Estas variaciones pueden
manifestarse varias veces a lo largo del día o transcurrir
como fases prolongadas de semanas o meses. Los ciclotímicos
son socialmente extravertidos.
2)
La esquizotimia es un humor más frío, asintónico
con el medio, de una aparente insensibilidad. La
oscilación es entre sensibilidad y frialdad. Los
esquizotímicos son socialmente introvertidos.
3)
El humor melancólico se manifiesta por la
intensa angustia que puede inhibir (hasta llegar
al estupor) o desorganizar al individuo, como la
agitación producida en la melancolía ansiosa.
4)
El humor maníaco es un júbilo morboso que
aparece en los cuadros de excitación psicomotriz
y específicamente en la manía.
5)
El humor esquizofrénico se manifiesta con
frialdad, distanciamiento afectivo, pérdida del
estusiamo, afecto incongruente y afecto aplanado.
El afecto incongruente es la expresión inadecuada
del afecto con relación al discurso del paciente.
Por ejemplo: reírse mientras describe la muerte
de un pariente querido. El afecto aplanado indica
un embotamiento afectivo o carencia en la demostración
de afecto.
El
miedo
El
miedo es un estado de tensión generado por la espectación
real o imaginaria de peligro, dolor o displacer.
En el miedo existe la posibilidad, aunque sea mínima,
de que el hecho temido no ocurra o en el caso de
ocurrir no implique el peligro espectado; pero si
no existe ese margen, si no hay esperanzas, si el
hecho ocurre sí o sí, caemos en la desesperación
o en la resignación (entregarse, rendirse a las
circunstancias).
El
miedo integra los valores preventivos, deviene del
instinto de conservación y evita que el individuo
se coloque en una situación de peligro. Marca los
límites de la expansión del accionar, es inhibitorio,
y al poner en marcha los sistemas defensivos le
quita espontaneidad a los movimientos. Es decir,
una persona temerosa es desconfiada, se siente insegura
y está tensa. Frente a una posibilidad interpretada
como peligrosa, las reacciones primarias son de
enfrentamiento para eliminarla (lucha) o de alejamiento
(huida). Sin embargo, hay reacciones complejas que
enmascaran, en mil formas, estas dos reacciones
primarias, lo que da una imagen engañosa a los demás
o se engaña a sí mismo. Muchas veces el trabajo
terapéutico consiste en quitar los ropajes y enfrentar
a la persona con sus miedos.
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Rescatamos de Emilio Mira y López(5)
sus seis niveles de intensidad del miedo: prudencia,
cautela, alarma, angustia, pánico y terror.
1)
Prudencia: La persona trata de no entrar
en conflicto con el ambiente, renunciando a todo
lo que implique riesgo, aun los objetivos placenteros.
Se autolimita y adopta un perfil bajo. Se
autojustifica racionalizando (negación del deseo),
creándose una autoimagen de generoso o creyéndose
previsor y reflexivo.
2)
Cautela: Hay un estado de preocupación, desconfianza,
expectación, temor al fracaso, pesimismo, inseguridad.
Los movimientos pierden espontaneidad, son cautelosos
y concentrados. Mantiene la apariencia de tranquilidad
exterior con actos secundarios como cantar, silbar,
fumar, mover las manos o los pies, hacer un chiste,
etcétera.
3)
Alarma: Ya tiene plena conciencia del miedo,
siente que no puede controlar su mente ante la presunción
de un inminente daño; hay vivencia de insuficiencia
con pérdida de la claridad del pensamiento. Toma
una actitud de alarma y desconfianza intensa. Aparecen
movimientos superfluos, vacilantes, inseguridad
en el control psicomotriz, temblores, movimientos
de retroceso y torpeza.
4)
Angustia: Vivencia de angustia ansiosa, con
una mezcla de temor y furor; la persona se siente
"enloquecer". Hay una desorganización
funcional generalizada que le impide el autocontrol
de la motricidad; aparición de movimientos automáticos
y trastornos viscerales.
5)
Pánico: El sujeto apenas se da cuenta de
lo que ocurre, hay liberación de automatismos y
reacciones primitivas. La persona no se controla
ni puede ser controlada. Las reacciones, por escapar
al control cortical, son imprevisibles y desorganizadas.
Pueden ir desde las convulsiones a la inmovilidad
o a un despliegue de movimientos y de fuerzas inusitados,
con la aparición de la "fuga hacia adelante",
atacando al generador del miedo sin medir consecuencias.
No hay recuerdo nítido de esta situación, a veces
se lo evoca como una pesadilla o fragmentariamente.
6)
Terror: El sujeto ha perdido no solamente
su intelección y sensibilidad afectiva, sino toda
su potencia reaccional motriz. Yace inmóvil, inerte,
"muerto de miedo", aterrorizado (confundido
con la tierra). Hay una falta de reacción local,
aun ante estímulos dolorosos. Sólo se conservan
las actividades neurovegetativas mínimas para asegurar
la persistencia del ser. Está ajeno a todo cuanto
acontece a su alrededor, con una absoluta apatía,
indolencia e indiferencia. Queda una amnesia irrecuperable
de lo acontecido.
Mira
y López distingue como estímulos, objetos o agentes
del miedo el dolor, la pena, la muerte, las enfermedades,
la soledad, la vida, los instintos, la guerra, las
revoluciones y los cataclismos naturales. El análisis
exhaustivo de todos ellos escapa a las posibilidades
de este libro, por lo que remitimos al lector a
la obra de Mira y López.(5)
Afecto
y DSM-IV
Dado
el generalizado uso de los términos impuestos por
el DSM en sus distintas versiones, trascribimos
algunos de ellos referidos al tema "afectividad".(4)
1)
Afecto: Patrón de comportamientos observables
que es la expresión de sentimientos (emoción) experimentados
subjetivamente. Tristeza, alegría y cólera son ejemplos
usuales de afecto. A diferencia del humor, que concierne
a un "clima" emocional más generalizado
y persistente, el término afecto se refiere
a cambios más fluctuantes en el "tiempo emocional".
Lo que se considera gama normal de la expresión
de afecto varía notablemente, tanto entre culturas
diferentes como en cada una de ellas. Los trastornos
del afecto incluyen las siguientes modalidades:
a)
Aplanado: Ausencia o casi ausencia de cualquier
signo de expresión afectiva.
b)
Embotado: Reducción significativa de la intensidad
de la expresión emocional.
c)
Inapropiado: Discordancia entre la expresión
afectiva y el contenido del habla o ideación.
d)
Restringido o constreñido: reducción ligera
de la gama y la intensidad de la expresión emocional.
2)
Estado de ánimo: Emoción generalizada y persistente
que colorea (sic) la percepción del mundo. Son ejemplos
frecuentes de estado de ánimo la depresión, alegría,
cólera y ansiedad.
Estos
son los tipos de estados de ánimo:
a)
Disfórico: Estado de ánimo desagradable,
tal como la tristeza, ansiedad o irritabilidad.
b)
Elevado: Sentimiento exagerado de bienestar,
euforia y alegría.
c)
Eutímico: Estado de ánimo dentro de la gama
"normal", que implica la ausencia de ánimo
deprimido o elevado.
d)
Expansivo: Ausencia de control sobre la expresión
de los propios sentimientos, a menudo con sobrevaloración
del significado o importancia propios.
e)
Irritable: Fácilmente enojado y susceptible
a la cólera.
Fracaso
El
fracaso conlleva la realización de la acción,
que se ve malograda. Está asociado siempre con la
decisión de la persona, que es voluntaria y consciente.
La acción es malograda por improvisación, ineptitud,
falta de cálculo, sobredimensionamiento de posibilidades
externas o propias del ejecutor, confianza en el
azar, etcétera. Es decir, en el fracaso la persona
interviene activamente, es responsable. En el fracaso
la acción es llevada a cabo, pero con un resultado
adverso al esperado, que pudo evitarse. Por eso
el resultado psicológico es la culpa y consecuentemente
la pena y el autorreproche. Como consuelo queda
algunas veces el hecho de haberlo intentado. Deja
siempre la enseñanza sobre el error cometido; que
éste pueda ser ignorado, asumido, negado o proyectado
corre por cuenta de la capacidad de la persona.
Ante el fracaso la persona puede desalentarse hasta
abandonar el objetivo o hacer un nuevo intento compensando
el error hallado. Tomado positivamente, el fracaso
templa el espíritu, hace que el individuo se cargue
de bríos y comience la lucha otra vez; es el caso
del científico que falla en sus experimentos, del
artista que no consigue plasmar su obra, del estudiante
que da mal un examen, pero que persisten hasta el
logro de sus objetivos. Tomado negativamente es
un veneno mental que puede llevar al abandono de
otros proyectos posibles, a la justificación de
un desempeño mediocre, al pesimismo y a la depresión.
Frustración
Frustrar
es dejar sin efecto un propósito contra la intención
del que procura realizarlo. Privar a uno de lo que
esperaba. En la frustración la acción no
se lleva a cabo o ni siquiera empieza a ejecutarse
por influencia externa. Existe un obstáculo insalvable
ante el propósito. Genera en la persona la vivencia
de "no poder", de impotencia y consecuentemente
de rabia.
Conflicto
y frustración
Para
algunos autores el conflicto es un tipo particular
de frustración, dependiendo de la naturaleza del
obstáculo. Cuando el conflicto pone en juego intereses
vitales para el individuo, y éste no encuentra la
respuesta adecuada para resolverlo, se produce la
frustración.
Colacilli
de Muro,(6) partiendo de la base de que
todo conflicto implica un enfrentamiento (de causas,
motivos, razones, fuerzas, intereses, valores, etcétera),
los clasifica de la siguiente manera:
1)
Conflicto de negación o prohibición: A este
grupo pertenecen todos los conflictos suscitados
por una prohibición.
2)
Conflicto de incompatibilidad o contrariedad:
No es posible aceptar dos situaciones simultáneamente,
pero es posible rechazar las dos al mismo tiempo.
Ejemplo: una mujer es invitada a la vez por dos
amigos a lugares distintos.
3)
Conflicto de inclusión o subcontrariedad:
Pueden ser aceptadas las dos situaciones simultáneamente,
pero no es posible rechazar las dos simultáneamente
(si se rechaza una, debe aceptarse la otra). Ejemplo:
un padre le propone a su hijo: "Si quieres
seguir viviendo en casa tendrás que trabajar o estudiar".
El hijo puede decidir trabajar y estudiar, pero
no puede rechazar las dos propuestas simultáneamente.
4)
Conflicto de implicación directa o subalternación:
Ambas situaciones pueden ser simultáneamente rechazadas,
pero la aceptación de la primera obliga a la aceptación
de la segunda. Ejemplo: un estudiante no quiere
estudiar para un examen y tampoco desea reprobar.
Si elige presentarse sin estudiar, también debe
aceptar la consecuencia de desaprobar.
5)
Conflicto de transposición o subordinación:
Ambas situaciones pueden ser simultáneamente aceptadas,
pero si se rechaza la primera, debe rechazarse la
segunda. Es lo inverso al caso anterior. Ejemplo:
un empleado debe realizar un curso de perfeccionamiento
para obtener un ascenso jerárquico. Si resuelve
no hacer el curso no puede pretender el ascenso.
6)
Conflicto de conjunción o iteración: dos
o más situaciones deben ser aceptadas o rechazadas
simultáneamente; si una de ellas es aceptada (o
rechazada) anula el efecto de todas las demás. Ejemplo:
en las cláusulas de una capitulación, el vencedor
impone al vencido (so pena de destrucción total)
lo que debe hacer o lo que le está prohibido realizar.
7)
Conflicto de equivalencia o del todo o nada:
Pueden aceptarse simultáneamente ambas situaciones
o rechazarse ambas, pero no pueden aceptarse o rechazarse
por separado. Ejemplo: si una mujer se enamora de
un hombre divorciado y con hijos, debe aceptar estas
dos condiciones o rechazarlas. No puede aceptar
sólo una.
8)
Conflicto de exclusión o superconflicto:
es imposible aceptar o rechazar las dos situaciones
simultáneamente. Si se acepta una debe rechazarse
la otra y viceversa. Ejemplo: el obstetra le dice
al esposo de la parturienta: "Si hago nacer
al niño, morirá tu mujer. Si salvo la vida de tu
mujer, morirá tu hijo, puedo salvar a tu mujer o
a tu hijo, pero no a ambos. ¿Qué hago?" Éste
es el conflicto aceptación-evitación de Lewin y
el que mayores consecuencias acarrea para la personalidad.
Reacciones
a la frustración
Los
conflictos pueden resolverse o no. En este último
caso se produce la frustración, cuya gravedad estará
en relación con la naturaleza del obstáculo y el
modo de reaccionar del sujeto.
El
individuo tiene una reacción adaptativa a la frustración
cuando intenta eliminar o modificar sus causas;
si en cambio sólo intenta reducir o eliminar la
ansiedad sin obrar sobre la causa tiene una reacción
no adaptativa. J. Coleman(6) determinó
en 1956 tres tipos de reacciones adaptativas: la
agresión (auto y heteroagresión), la huida y la
sustitución. Las reacciones no adaptativas son las
que conocemos con el nombre de mecanismos de defensa:
represión, desplazamiento, sublimación, proyección,
identificación, racionalización, compensación, regresión,
conversión, negación, aislamiento, etcétera.
J.M.
Brown(12) considera los mecanismos de
defensa como reacciones comunes de adaptación.
Reacciones
comunes de adaptación
1)
Reacciones orientadas hacia la tarea:
a)
Resolución de problemas: conducta dirigida hacia
una meta, que implica aumento de esfuerzo,
respuestas de ensayo y error y metas sustitutivas.
b)
Persistencia: conducta dirigida hacia una meta mediante
respuestas repetitivas.
2)
Reacciones orientadas hacia la defensa:
a)
Agresión: ataque a personas, objetos o situaciones
con el propósito de perjudicar o destruir.
b)
Desplazamiento: dirección de la hostilidad u otros
sentimientos hacia objetos o personas sustitutivas.
c)
Represión: exclusión de la conciencia de pensamientos,
recuerdos, impulsos, acciones y sentimientos específicos.
d)
Negación: reacción que implica represión; negativa
a aceptar o reconocer situaciones.
e)
Fantasía: creación imaginaria de objetos, personas,
acontecimientos o condiciones que satisfagan los
motivos.
f)
Regresión: retorno a una conducta típica de un período
anterior de aprendizaje o desarrollo.
g)
Racionalización: dar razones o justificaciones aceptables
respecto de creencias, conductas o motivos que podrían
reflejarse en forma desfavorable sobre el self
o recibir la desaprobación social.
h)
Proyección:
- Desconocimiento:
imputación a otros de las faltas no reconocidas
como propias o de los motivos inaceptables.
- Asimilativa:
suposición de que los otros poseen los mismos caracteres
y motivos que uno.
i)
Identificación: asunción de las conductas de rol,
rasgos, características, condición, valores y logros
de otra persona, grupo o institución. Puede involucrar
imitación e introyección.
j)
Introyección: proceso de aceptación e incorporación
de los valores y normas de otra persona como propios;
precede al desarrollo de la identificación. Denominada
"identificación defensiva" cuando es impulsada
por motivos adversivos tales como el temor al castigo
o la pérdida de amor.
k)
Sublimación: satisfacción de motivos socialmente
inaceptables mediante una conducta socialmente aceptable.
l)
Formación reactiva: expresión de conducta opuesta
a motivos socialmente inaceptables.
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m) Compensación: desarrollo de características y
habilidades que sustituyen o compensan deficiencias
de características o conductas que satisfacen ciertos
motivos.
n)
Aislación emocional: retiro hacia la pasividad para
proteger al self de un daño.
ñ)
Aislamiento: interrupción de la carga afectiva de
situaciones perjudiciales o separación de actitudes
incompatibles mediante procesos impenetrables a
la lógica.
o)
Anulación: expiación y por lo tanto neutralización
de deseos o actos inmorales.
p)
Simpatismo: esfuerzo por ganar la simpatía de otros,
reforzando así sentimientos de autoestima a pesar
de los fracasos.
q)
Actuación: reducción de la ansiedad despertada por
deseos prohibidos permitiéndoles expresarse en la
acción.
3)
Reacciones de tensión (estrés):
a)
Reacción de alarma: reacciones fisiológicas acompañadas
de cambios en la respiración, pulso, presión sanguínea,
secreción de adrenalina, tensión muscular, etcétera,
que se experimentan como emoción.
b)
Ansiedad: conducta oscilante; aprensión, intranquilidad,
miedo, inquietud, sentimientos difusos no específicos
de tensión y pánico.
Ambición
inadecuada
La
ambición inadecuada no debe confundirse con
el fracaso (intento malogrado) ni con la frustración
(obstáculo que impide la realización de la acción).
Es una inadecuación entre la ambición y las posibilidades
reales del individuo para alcanzar las metas que
fantasea. La persona no tiene noción de sus limitaciones.
Ejemplo: alguien con Cociente Intelectual descendido
desea ser ingeniero nuclear. Generalmente en estos
casos se hace una defensa aloplástica, es decir,
se coloca la responsabilidad en lo externo y la
persona interpreta que es víctima de circunstancias
injustas. Esto es vivenciado con rabia y enojo hacia
lo externo, y dado como justificación de desempeños
mediocres.
Celo
El
celo es un sentimiento inadecuado de propiedad.
Puede manifestarse en las relaciones laborales
cuando la persona extralimita su acción y se "apodera"
y considera como "suya" el trabajo o área
laboral donde se desempeña, sin que existan indicaciones
y presiones en ese sentido por parte de los superiores.
La frase común en estos casos es "Fulano se
toma a pecho lo que hace". En consecuencia
son hiperresponsables, susceptibles, desconfiados
y acaparadores respecto del tema, y sufren sintónicamente
cualquier oscilación o avatar que ocurra en su área
laboral.
En
las relaciones afectivas se parte de un primer
prejuicio: "El querer da derechos sobre la
persona amada", y estos derechos que exige
luego el celoso se refieren a la exclusividad sexual
y afectiva y a la persistencia del amor. Efectivamente,
para el celoso, la pareja "le pertenece",
la objetiviza y la fagocita. Así, la persona que
sufre una pareja celosa ve recortada su libertad
de acción, padece una constante censura sobre sus
actos y es sometida a largos interrogatorios suspicaces
sobre las actividades desarrolladas. Pero ninguna
respuesta es satisfactoria, sino que es puente para
otra pregunta, y así sucesivamente continúa la tortura.
En este sentido el celoso parte de un segundo prejuicio:
"Me fue infiel, es infiel o lo será",
con lo que todo su accionar posterior responde a
un razonamiento deductivo tendiente a que los hechos
particulares, los actos del amado, sólo comprueben
la premisa inicial. Por eso, para el celoso patológico,
un detalle ínfimo tiene el valor de una "prueba"
o puede llevar a ella. Es fácil deducir el clima
de tensión y angustia que esta patología provoca
tanto en el celoso como en el celado.
Sobre
la génesis de los celos propuesta por distintos
autores (inseguridad, neurosis, narcisismo, paranoia,
etcétera) no hay acuerdo completo.
Jaspers(9)
hace la gradación siguiente:
- Ideas
de celos cambiantes que se incrementan por doquier,
se olvidan y vuelven a estructurarse. Es la celotipia
psicológica.
- Sistema
celotípico, con ideas de desarrollo lento
o rápido, pero estable, con demostraciones que se
mantienen durante años, que apenas si suelen olvidarse
y que tienden a aumentarse. Es la celotipia morbosa
no sistematizada, con conservación de la autocrítica.
- Celotipia
delirante o deliroide: existe certeza de la infidelidad,
no hay autocrítica.
J.C.
Romi(16) hace la siguiente anotación
sobre los celos:
"El
celo es un estado psíquico por el cual se teme perder
un bien que se tiene o que se considera propio por
derecho.
"Se
diferencia de la envidia, que es el deseo de aquello
que es de otro. Por consiguiente, se cela lo que
se teme perder y se envidia lo que se desea del
otro, con la depresión que causa el hecho de la
posesión ajena.
"Los
celosos, según Freud, son masoquistas (que se nutren
de sospechas, dudas, etcétera, buscando tormentos
y nuevas inquietudes), inseguros y culposos, con
sentimientos de inferioridad y tendencia al homosexualismo.
"Los
celos pueden ser:
1)
No sexuales: son dirigidos hacia personas
físicas, bienes o cosas.
2)
Criptosexuales: tienen base sexual, aunque
no se expresan conductualmente como tal. Por ejemplo
el Complejo de Edipo.
3)
Sexuales: consiste en retener exclusivamente
para sí las prestaciones sexuales afectivo-genitales
de una determinada persona. Pueden ser:
a)
Falsos: «reacción de finalidad» con la que
enmascaran lo que realmente sienten: odio, interés,
etcétera;
b)
Verdaderos: éstos a su vez pueden presentarse
de la siguiente manera:
- Actuales:
(sucesos presentes) se expresan por limitaciones
constantes;
- Evocativos
(recuerdos): se expresan por reproches eternos por
hechos pasados;
- Preventivos:
posibles sucesos futuros;
- Disimulados:
por orgullo o temor al ridículo."
Ejemplo
de discurso celotípico: "...cuando vivía
con la otra, de noche me sentía morir. No podía
dejar de pensar. Me desesperaba tanto que no podía
ni llorar, sentía un dolor como si todo se me retorciera
por dentro... Aunque ahora viva conmigo, no le creo
cuando me dice que me es fiel. Cuando lo escuché
por detrás de la puerta hablar por teléfono con
ese tono, sentí que todo me daba vueltas alrededor,
veía todo nublado, se estaba burlando de mí, me
estaba tomando por tonta. Cuando salió sólo quería
golpearlo. Encuentro montones de indicios y de evidencias,
pero siempre me falta algo para desenmascararlo
totalmente... pero ya llegará el momento..."
El
enamoramiento
El
amor no se verbaliza, sino que se manifiesta en
actos. Es un tipo especial de comunicación que supera
la codificación verbal. La persona entra en un estado
tal de resonancia con el otro, que no encuentra
la forma de hacérselo saber con palabras, sólo puede
iterar frases conocidas como "Te quiero",
"Te amo", etcétera. En el estado de enamoramiento
lo que más se deteriora es la lógica, a tal punto
que es una de las herramientas más inútiles para
comprender este fenómeno: transcurre en un plano
distinto. El amor está o no. No necesita de explicaciones.
Cuando una pareja comienza a analizar sus
sentimientos para tratar de comprenderse, el amor
ya está caminando por la vereda de enfrente. Los
diálogos de pareja son parches de la lógica, a los
que se recurre para autoconvencerse de continuar
con la relación afectiva deteriorada.
La
persona enamorada siente que tiene que entregarse
total e incondicionalmente, entrega todas sus "llaves"
y no lo hace por el otro, sino por ella misma. No
tiene opciones, no puede elegir. Es una necesidad
imperiosa de estar con el otro.
|
|
La elación de la afectividad es tan abarcadora que
significa lo percibido de una manera inhabitual,
en sentido autorreferencial y con una gran amplitud
de sensibilidad. De modo que las experiencias negativas
con la pareja producen un gran sufrimiento y las
positivas un enorme placer. Desaparece, hasta en
las cosas mínimas, la indiferencia. Nos sentimos
integrados al otro. Y hacia él no hay servidumbre,
asco o fealdad. Todo se realiza de manera espontánea,
natural y gratamente.
Narraba
una mujer, madura y con hijos, que una de las cosas
que le producía enorme placer era secar a su marido
después de la ducha. Tendía un gran toallón sobre
la cama y le secaba parsimoniosamente cada parte
del cuerpo: "Me encanta secarle cada uno
de los dedos de los pies y besárselos, luego colocarle
talco y las medias".
Contaba
un hombre de 47 años, que tenía una amante de su
misma edad, y que su jefe, un cirujano, le reprochaba:
"Pero, ¿cómo podés estar enredado con esa
vieja, negra y llena de várices, teniendo una mujer
joven y linda?" A lo que contestaba: "Lo
de vieja y negra no me importa porque paso los mejores
momentos de mi vida con ella, y en cuanto a lo que
vos llamás várices, son para mí algo hermoso en
ella y se las beso una por una con un placer que
jamás vas a entender".
No
se trata en ninguno de estos casos, de la mera excitación
sexual, el deseo de penetrar o ser penetrado
por el otro, aunque este componente siempre está
presente, sino de una expansión del placer que incluye
a toda la persona, sin limitarse a alguna de sus
partes. Por eso no está el asco ni la fealdad. Tampoco
se trata del cariño, ese estado de agradabilidad
que se establece entre personas y que permite una
amable convivencia. El enamoramiento, tal como se
conceptualiza aquí, es un episodio único en la vida
de una persona; puede volver a sentirse en ocasiones
excepcionales, y existen individuos que no han pasado
jamás por esta experiencia. Los que se preguntan
si alguna vez estuvieron enamorados, nunca lo estuvieron.
Cuando se experimenta el amor no se tienen dudas.
Muchos, a falta de esta vivencia confunden el entusiasmo,
el cariño o la atracción sexual con el enamoramiento.
El enamoramiento es una etapa en la relación de
una pareja, es como una simbiosis, una indiferenciación
entre las dos personas: no se sabe dónde termina
uno y comienza el otro. Al pasar esta etapa se recupera
la individualidad y se lucha por recuperar el propio
espacio, es decir tiempo para hacer sus cosas, no
sentirse invadidos, etcétera. Aquí es donde se produce
la primera crisis importante en la pareja, que en
muchos casos termina separándola. Se recupera el
deseo de realización personal, por lo general en
la mujer. Si se supera esta etapa de crisis, la
pareja se consolida más a un nivel afectivo más
sereno pero persistente.
Decía
una mujer de 50 años: "Lo conocí cuando
yo tenía 20 años y él me llevaba otros 20 de diferencia.
Cuando lo veía sentía palpitaciones, inquietud y
una gran emoción. Fui su amante hasta que unos años
después él se fue a Europa por cuestiones de trabajo.
No supe esperar y me casé, ahora lo reconozco, por
conveniencia, por seguridad, con una persona que
me quiso mucho. Pero cuando hacíamos el amor, sólo
podía sentir algo de placer si lo recordaba a él.
Le tengo cariño a mi marido, es una buena persona.
Pero cuando él volvió de Europa, continuamos siendo
amantes estos últimos 20 años. A veces me reprocho
esta vida paralela, pero cuando nos encontramos
en un café y él me toma la mano, siento esa emoción
tan intensa como la primera vez y no me importa
el riesgo ni nada, sólo quiero estar a su lado,
acariciándolo y besándole sus amadas arrugas".
Si
el amor se "apaga", la persona recupera
la lógica, el sentido de justicia, la objetividad,
la crítica, "como si una venda se le cayera
de los ojos". En un reportaje una conocida
cantante daba la siguiente justificación del divorcio
después de estar casada diez años con un no menos
famoso compositor: "Lo que pasa es que él se
duchaba, no corría la cortina y enchastraba todo
el baño, y yo tenía que limpiarlo como una esclava".
Y el periodista le pregunta: "¿Y desde cuándo
hacía esto?"; "¡Ah, siempre lo hizo!"
Recuerdo
a otro paciente, un italiano, fogoso el hombre,
y casado con una mujer frígida: "A mi marido
lo único que le interesa es «eso», yo trato de decirle
que hay otras cosas que son más importantes, pero
él insiste; así que, a pesar de que no siento nada,
dejo que él se descargue; después me voy a lavar
rápido para sacarme esa cosa pegajosa y con ese
olor". Él decía: "Sé que ella es fría,
quiero que sienta tanto placer como yo, pero no
hay caso. Pero los días que quiere, después del
acto, viene la parte más linda aun: fumo un cigarrillo,
charlamos, yo la acaricio, le hago cosquillas...
el amor, ¿vio, doctor?"
Sobre
el enceguecimiento que produce este afecto decía
un hombre de 30 años: "Me convertí lisa
y llanamente en un tarado. Por estar con ella arruiné
mi trabajo, me alejé de mis amigos y mis familiares.
Nada ni nadie me importaba. Ahora, en frío me doy
cuenta de las metidas de pata que me mandé. Hizo
conmigo lo que quiso. Pero en esos tiempos lo único
que deseaba y me hacía bien, era estar con ella".
("Es zonzo el cristiano macho cuando el amor
lo domina", dice el Martín Fierro).
Erotomanía
Existe
una patología de este sentimiento que es la erotomanía,
donde la persona tiene la certeza de ser amada.
Clérambault(13) presenta este cuadro
en 1920, y dice que son tres los sentimientos incrementados
en la erotomanía: el orgullo, el deseo y la esperanza;
y tres son los postulados básicos: "Me ama",
"No puede ser feliz sin mí", "Es
libre" (es decir su matrimonio o compromiso
no son válidos, sólo meras fachadas). El erotomaníaco
somete a una intensa observación y vigilancia a
la persona amada, y las palabras y acciones de ésta
sólo sirven para confirmar su idea delirante de
ser amado, no importa si es rechazado mil veces:
es sólo apariencia, pues en el fondo la ama.
Generalmente termina en la fase del rencor, con
reacciones agresivas, venganzas y hasta puede llegar
al "drama pasional".
Perturbaciones
de la reacción afectiva
Para
tipificar las perturbaciones de las reacciones afectivas,
ya en el terreno de la descripción de la Psiquiatría
clásica, seguimos básicamente a Vallejo Nágera,(1)
quien distingue las perturbaciones relacionadas
de la manera que describimos a continuación.
Irritabilidad
Es
la desproporción entre el estímulo y la reacción;
es una explosión brusca de los afectos. Se caracteriza
por la propensión a los accesos de cólera originados
por la ocasión más insignificante, alcanzando grados
peligrosos en los epilépticos. Se observa en histéricos,
depresivos, psicópatas, etcétera.
"No
tolero los ruidos, la presencia de mucha gente.
El jugar de mis nietos, que los adoro, me crispa.
Reacciono mal y los echo; después me da mucha culpa,
pero no los puedo aguantar". Cuadro: depresión
bipolar.
Disminución
de la expresión afectiva
Una
emoción intensa, una desgracia súbita e inesperada,
sumen a muchas personas en un estado de shock o
estupor afectivo, dando, en ocasiones, la apariencia
de tranquilidad. Los grandes cataclismos, terremotos,
bombardeos, producen en ciertas personas indiferencia
afectiva, apatía y estupor.
"Cuando
me dijeron que murió mamá, no lloré. Tampoco sentí
pena. Me hice cargo de los trámites del funeral
y el entierro. No sentía nada. Un mes después, cuando
casualmente escuché por la radio una canción que
últimamente ella tarareaba, comencé a llorar".
Indiferencia
afectiva
Es
una falta de reacción afectiva a las percepciones
y vivencias. La inhibición afectiva subjetiva es
un estado patológico donde el enfermo se siente
imposibilitado de experimentar alegría o dolor,
de sentir cariño hacia sus familiares: le parece
sentirse vacío, como si estuviese muerto. En el
estupor afectivo el trastorno es mucho más profundo:
no se reacciona a ningún estímulo afectivo. Para
Battegay y otros,(3) "un aspecto
diferente ofrecen los trastornos afectivos en las
psicosis esquizofrénicas; en efecto, siendo en ellas
más fuertes las alteraciones del pensamiento y las
formaciones delirantes, los trastornos afectivos
son más duraderos y, en consecuencia, suponen más
bien un vacío, una pérdida de dinamismo y una nivelación
del área emocional. La disonancia que con frecuencia
se advierte entre los contenidos del pensamiento
y los afectos concomitantes se designa como paratimia.
También los estados de agitación extrema (explosión
afectiva) son más propios del campo de estas psicosis,
así como los estados de estupor, catatónicos o autistas,
frecuentes en ellas, reflejan siempre también alteraciones
de la afectividad".
|
|
"Doctor le vengo a.. a avisar que el en baño
(se ríe), que en el baño (se ríe) hay una chica...
una chica...con la cabeza partida (se ríe), está
toda rota". Alucinación y paratimia. (Hebefrenia.)
"Me
parece que soy un monstruo, pero no siento nada
de cariño hacia mis hijas, las miro y nada, como
si fueran extrañas. Yo siempre fui muy cariñosa
con ellas, pero ahora no puedo, no me nace nada".
Inhibición afectiva. (Depresión mayor.)
Con
tono monocorde y sin afectación: "Estábamos
en el campo limpiando de yuyos el sembrado con mi
primo, en eso vino mi padre y dijo no sé qué cosa.
Yo agarré la pala y le corté el cuello. Sangraba
mucho. Mi primo gritaba, pero igual mi padre murió".
Indiferencia afectiva. (Esquizofrenia).
Apatía
Consiste
en la falta de interés generalizada, caracterizada
por una deficiencia tímico-dinámica. Por ejemplo
personas insensibles, apáticas, flemáticas, esquizofrénicos,
etcétera.
Tenacidad
afectiva
Es
una persistencia anormal de los afectos. Odios y
rencores convierten a las personas en perpetuos
malhumorados, pesimistas incorregibles. Tal tenacidad
o adherencia afectiva es muy propia de los epilépticos,
cuyo estado distímico habitual apenas se modifica
con los acontecimientos exteriores que puedan originar
reacciones afectivas.
"Hace
20 años que no le hablo a mi hermano, ni me interesa
hacerlo. Esto empezó por el tema de la sucesión
de la casa de mi padre, pero qué fue lo que pasó,
bien no me acuerdo. Dos o tres veces me crucé con
él, pero hice como que no lo vi".
Labilidad
afectiva
Consiste
en bruscos e inmotivados cambios del humor unidos
a una inusitada intensidad de la reacción afectiva
y escasa persistencia. La observamos en los niños
y los muy ancianos, en las psicosis orgánicas, en
los oligofrénicos, epilépticos, psicópatas, etcétera.
"Mi
padre se ríe a carcajadas y al rato llora. Cualquier
pavada que ve ya lo hace lagrimear. A veces arma
unos escándalos bárbaros si no hay medialunas con
el desayuno, otros días no dice nada".
(Demencia Senil).
Incontinencia
emotiva
Es
la fácil productividad de reacciones afectivas asociada
con la incapacidad para inhibirlas. La encontramos
en oligofrenias y demencias. El "síndrome hiperestésico-emotivo",
propio de todas las psicosis orgánicas (psicosis
emocional), presenta una intensa reactividad afectiva
(facilidad de estímulo, bajo umbral de estímulo
por parte de los estratos afectivos, pero también
por parte de campos sensoriales).(3)
Ambivalencia
afectiva
Es
la coexistencia de afectos de signo opuesto que
producen una oscilación que no permite la determinación
afectiva. La persona simultáneamente teme y desea,
ama y odia. Patológicamente la observamos frecuentemente
en neurosis y esquizofrenias.
Inadecuación
afectiva
Se
produce cuando la expresión afectiva no es concordante
con la situación que la provoca o el discurso del
paciente. Se observa en esquizofrenia.
Euforia
simple
Es
un estado de alegría armónico con la circunstancia.
Hipomanía
Es
una alegría inmoderada, generalmente inmotivada,
con acompañamiento de vigor físico, potencia y gran
ánimo de enfrentar los obstáculos.(1)
Las personas hipertímicas, constitucionalmente
impulsivas, con intensas oscilaciones afectivas
y en relación con la capacidad de sintonización
de su estado de ánimo, muestran una tendencia a
la formación de hábitos, ideas y contenidos "sobrevalorados",
anormales, y de gran carga afectiva (por ejemplo,
cuadros hipocondríacos, quejumbrosos, determinados
desarrollos delirantes), que no se explican sin
una permanente y excesiva carga impulsiva y afectiva.
Suele darse en ellas la "hipermnesia"
para determinadas situaciones, generalmente de tonalidad
afectiva.(3)
Manía
(estado anímico en la manía)
Störring(14)
describe al estado de ánimo maníaco como una euforia
o exaltación psicológicamente inexplicables y debe
considerarse de origen psicótico, siempre que no
se demuestre la existencia de motivos provocadores.
Los pacientes sólo tienen ideas de tonalidad placentera,
nada puede entristercerlos. Todo es visto a la luz
más favorable: lo que le ocurre al paciente y lo
que hace es siempre satisfactorio y va acompañado
de un sentimiento de ligereza y bienestar. Muestran
una especial lozanía corporal (buen color de cara,
mejor turgencia de la piel). Resulta decisivo para
el diagnóstico que el paciente conserve su euforia
a través de cualquier circunstancia y presente además
falseamientos del juicio de génesis morbosa. No
existe un plan en la conducta. Hay impulsos exagerados
a la actividad; los sentimientos de salud, felicidad
e hipervaloración propia son también exagerados
y hay una acentuada irritabilidad.
Beatitud
y éxtasis
Se
caracterizan por:
1)
Supresión completa de toda actividad motriz;
2)
Vivencia de conmoción interna;
3)
Gran sensación de gozo inefable.
Se
observa principalmente en esquizofrénicos y en los
paroxismos epilépticos. A veces también en histerias
y en delirantes místicos.
Moria
Es
una jovialidad expansiva caracterizada por jocosidad,
juegos de palabras, sin contenido que lo justifique.
También llamada alegría insulsa; fue descripta originariamente
en lesiones del lóbulo frontal.
Neotimia
Consiste
en una vivencia de sentimientos nuevos no experimentados
por la persona normal. Se observa principalmente
en esquizofrenias y adictos a las drogas.
Humor
esquizofrénico
Carlos
Pereyra(15) retoma el concepto kraepeliniano
de que la demencia precoz o esquizofrenia es esencialmente
juvenil y que una "psicología propia de la
adolescencia y la pubertad se perpetúan morbosamente
en la psicosis; de tal modo, los síntomas dichos
secundarios: suficiencia, patetismo, pedantería,
trascendencia, burla, hurañería, manierismo, etcétera,
forman un conjunto de irremplazable valor diagnóstico".
Anota Pereyra que dentro de lo proteiforme del comienzo
esquizofrénico es tal vez el cambio de carácter
el elemento más constante y pertinaz. El nuevo carácter
no tiene un matiz definido: es más bien la pérdida
de lo que antes se tenía; todo es contradictorio,
inasible, inestable, y hay una total desorientación
de la personalidad, que es fluctuante, ambigua y
caprichosa. Es una imperfección del mecanismo volitivo
el que, al principio, conciente, origina intensas
crisis de angustia y luego acarrea desapego de los
intereses inherentes a la vida por renunciamiento
e impotencia para la lucha. La indiferencia, el
hastío y la frialdad priman, y no hay cabida para
los sentimientos más delicados y estables como la
moral, la ternura, la amistad o el amor. Es una
espesa niebla que los separa, a pesar de ellos,
del mundo circundante, y es una espantosa y desoladora
soledad.
Esquizofrenia,
12 años: "Tengo algo que no me deja estar
en la realidad y me distrae, creo que tiene que
ver con el cambio de Alemania a Argentina. Como
si fuera algo que me tapara los ojos y yo estoy
como en el aire y voy caminando y no puedo ver las
cosas como cuando era chica. Ahora no puedo entender
lo que me pasa, hay una cosa que me hace caminar
lento, rápido, como si estuviera en un puente que
no termina, como si hubiera un vidrio y yo quiero
salir de ese vidrio. Ver las cosas como veía antes
y poder disfrutarlas. En la escuela me siento más
o menos. Todos los días me siento así, como en un
vidrio, como polvos o pequeñas cosas que me contienen
y no me dejan ver bien. Muy pocas veces puedo romperlo
y me vuelvo a encerrar, como un pimpollo de flor
que se abre y se cierra, pero se queda cerrado".
Angustia
La
angustia se siente como una mezcla de displacer,
de una vivencia de tensión interna o de espera de
un peligro indeterminado y de impotencia para enfrentarlo.
Se acompaña de repercusiones somáticas como molestias
en el pecho, sensación de opresión en la garganta,
de falta de aire o dificultad para respirar, palpitaciones
o malestares cardíacos, sensación de pérdida de
fuerzas, mareos, dolor difuso en la "boca del
estómago" o de languidez o vacío en el estómago,
alteraciones gastrointestinales y otros. Muchos
síntomas derivan de las contracciones musculares
del cuero cabelludo (sensación de "casco o
vincha apretada", de paso de corriente eléctrica
en la cabeza, de "hormigueos o calores",
etcétera), de los músculos del cuello y la espalda,
dolor en la nuca, mareos, inestabilidad, pérdida
de fuerza y "hormigueos" en los brazos
o las manos, "calores" y otros, de los
músculos de la cadera y miembros inferiores (dolores,
pérdida de fuerza en las piernas, torpezas, movimientos
involuntarios mioclonías, calambres,
etcétera). Todos estos síntomas obligan a la consulta
con el clínico para descartar patología orgánica.
La
tristeza vital es un concepto que utilizó
Schneider para hacer una diferencia entre la tristeza
normal y la patológica, propia de los estados melancólicos.
En ésta predominan vivencias tan penosas, profundas
y persistentes, que algunos autores proponen una
distinción cualitativa respecto de la tristeza normal.
El sufrimiento de los depresivos graves es de tal
magnitud, que escapa a la comprensión empática de
las personas que no han pasado por una experiencia
similar. De ahí la intolerancia de los que rodean
al melancólico y la sensación de soledad del paciente
(véase "Depresión" en el t. II).
"Yo
soy el culpable de lo que pasa, nadie más que yo.
Me
falta interés, no disfruto las cosas.
Quiero
estar más solo, más encerrado. Me quedo en mi cuarto,
sin luz ni ruidos. No aguanto los ruidos. Sufro
mucho, y creo que esta vez no me recuperaré.
No
tengo ánimo, no pido más que un poco de ánimo.
Me
falta el apetito. Estoy muy triste, al borde de
cualquier cosa, y rogándole a Dios continuamente.
Tengo fe en que no me abandone. Es lo único que
me queda.
Me
tira la cama. Tengo dolores articulares, en el hombro
y cuello. Estoy angustiado, con un poco de sensación
de opresión en el pecho. Ideas de estar flotando.
No tengo fuerzas. Ni ganas". (Depresión
bipolar, 9ª fase, 65 años).
Perplejidad
La
perplejidad se produce cuando lo que se experimenta
en un momento dado no tiene conexión alguna con
las experiencias almacenadas en la memoria (la persona
no las puede reconocer), y genera la vivencia de
desorientación y desconcierto de la persona respecto
de sí misma y/o de su entorno.
H.
Delgado,(8) siguiendo a Störring dice:
"Cuando la mente no logra la síntesis del contenido
de la atención reconociendo a los fenómenos su concreta
significación y sus efectivas relaciones, de suerte
que el sujeto no acierta a comprender la falta de
justeza y regularidad de sus actos de conocimiento,
entonces tenemos la perplejidad anormal. Mientras
que la perplejidad normal es duda o indecisión frente
a un estado de cosas objetivamente determinado,
en la anormal no se trata sólo de la dificultad
subjetiva, sino de la conciencia de incapacidad
de determinar cuál es el problema objetivo, a causa
de que las asociaciones de ideas fortuitas y adventicias
impiden la identificación de los datos de la experiencia".
Síntoma frecuente del comienzo de la psicosis, especialmente
la esquizofrénica, acompañante de algunas reacciones
neuróticas, estrechamiento de conciencia, etcétera.
Este fenómeno suele estar asociado al sentimiento
de extrañeza, estado angustioso producto de
la vivencia de cambio y transformaciones que el
paciente no puede explicarse.
"Me
miro las manos, son mis manos, pero no sé, es como
si fueran de otro. Pero no sé en qué no son iguales.
Pero no están como antes. Me paso largo rato mirándolas,
son extrañas. No sé como explicarlo". (Período
inicial de la esquizofrenia.)
Estupor
melancólico
Se
manifiesta por inmovilidad, rigidez y aparente suspensión
de toda actividad física y psíquica, con esporádicas
muestras de dolor moral, rictus de tristeza, gemidos,
llanto silencioso, etcétera. En estos pacientes
es tal el estado de autoabandono, que es preciso
prodigarles los cuidados básicos: darles la comida
en la boca (o parenteral), higienizarlos, cambiarlos
de posición, etcétera. Se produce cuando la depresión
alcanza un grado tal que llega a bloquear la capacidad
vivencial para estímulos sensoriales, por ejemplo.
Esto se observa en melancolías graves. Se debe diferenciar
del estupor catatónico y confusional (véase "Estupor
catatónico" en el capítulo sobre la voluntad).
Cataplejia
Consiste
en una ausencia paroxística del tono muscular desencadenada
por emociones intensas, como por ejemplo la risa,
sorpresa o sobresalto, sin pérdida de conocimiento.
Suele asociarse a la narcolepsia (Síndrome de Gelineau).
A veces se experimenta en el sueño parcial disociado,
donde la persona se siente despierta, pero con el
cuerpo totalmente paralizado.(3, 7)
Bibliografía
1.
A. Vallejo Nágera, Tratado de Psiquiatría,
Salvat, 1949.
2.
J. Delay, P. Pichot, Manual de Psicología,
Barcelona, Toray Masson, 1979. (Va mi agradecimiento
al Dr. Luis Lozano por sus clases sobre afectividad,
un clásico en el Curso Superior para Médicos Psiquiatras
de la UBA, y que llamó mi atención hacia estos autores.)
3.
R. Battegay et al., Diccionario de Psiquiatría,
Herder, 1989.
4.
DSM-IV, Barcelona, Masson, 1995.
5.
Emilio Mira y López, Cuatro Gigantes del Alma,
Buenos Aires, El Ateneo, 1984.
6.
M.A. y J.C. Colacilli de Muro, Fundamentos de
Psicología, Buenos Aires, Plus Ultra, 1981.
7.
Antoine Porot, Diccionario de Psiquiatría,
Barcelona, Labor, 1977.
8.
H. Delgado, Curso de Psiquiatría, Barcelona,
Científico Médica, 1963.
9.
Karl Jaspers, Escritos psicopatológicos,
Madrid, Gredos, 1977.
10.
Oscar Slipak, Estrés y perfiles de personalidad,
Alcmeon, año 6, vol. 4, Nº 4, Buenos Aires, marzo
1996.
11)
V. Cabello, Psiquiatría forense en el derecho
penal, t. 2b, Buenos Aires, Hammurabi, 1982.
12.
J. Brown y otros, Psicología aplicada, Buenos
Aires, Paidós, 1972.
13.
Hugo R. Marietán, Alcmeon, año IV, Vol. 3,
Nº 4, Buenos Aires, 1994.
14.
M. Reichardt, Psiquiatría general y especial,
Madrid, Gredos, 1958.
15.
Carlos R. Pereyra, Esquizofrenia, demencia precoz
(tesis de 1943), Buenos Aires, Salerno, 1965. (Agradezco
al Dr. Pablo Berrettoni, cuya tesis versa sobre
este tema, el haberme recomendado la relectura de
este valioso autor.)
16.
J.C. Romi, Rev. Psiq. Forense y Sexología,
año 1, vol. 1, Nº 4, Buenos Aires, abril 1996.
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