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Conciencia y
orientación
Hugo
Marietan,
www.marietan.com,
1994
Introducción
A este tema lo encararemos de la siguiente manera: primero
expondremos un enfoque clásico y luego lo discutiremos.
Enfoque clásico
Concepto
Conciencia (seguimos los conceptos recopilados por Bonnet(1)
en este tema) deriva de los vocablos latinos conscientia (con ciencia, con
conocimiento) y conscius (sabedor), que fue empleado por Crisipo (276 a.C.) para
significar de ese modo el "darse cuenta".
Conciencia se refiere a la aptitud para discernir, entender,
comprender, interpretar, apreciar, reflexionar, resolver o advertir, respecto de un hecho,
cosa o persona determinada.
M. Portnoy(9) describe el siguiente concepto en su libro La
conciencia (al que remitimos para la total comprensión de la definición):
"La conciencia es una estructura compleja, irreflexiva
(empírica-reflexionante), reflexiva (reflexionada), intencional, temporal (no espacial),
dinámica, de flujo constante no detenible pero si «tetanizable», unificada
unificante con sustrato orgánico, constituida por la integración de todas
las funciones psíquicas en su permanente accionar, cuyo producto final es el conocimiento
(síntesis vivencial) o reconocimiento de algo real o no, interior o exterior y del Yo por
sí mismo".
Conciente y consciente
Freud diferencia(1) conciencia de consciente.
Considera a la primera como un elemental órgano sensorial para la percepción de las
cualidades psíquicas, y por lo tanto con una función muy inferior a la del consciente,
que además de ser un regulador de la energía psíquica (libido), tiene a su cargo la
"selección" de lo "pensante", impidiendo que surja lo reprimido.
La intencionalidad como distinción
Para Franz Brentano la característica fundamental de los
fenómenos psíquicos a diferencia de los físicos es la intencionalidad, es decir,
el "hallarse dirigido a" un objeto determinado. Conciencia es, para este autor,
conciencia de algo.
Niveles de conciencia
Según Delay-Pichot,(2) se pueden describir siete
niveles de conciencia:
1) Nivel I: consiste en una vigilancia excesiva como
consecuencia de emociones intensas. La conciencia del mundo exterior se encuentra
debilitada y la atención no puede fijarse, es difusa, engaña. El EEG tiene un trazado
desincronizado. El comportamiento es poco eficaz y mal controlado.
2) Nivel II: es la conciencia vigilante por excelencia, que
corresponde a la existencia de atención selectiva, capaz a su vez de flexibilidad en
función de las necesidades de adaptación, perteneciéndole la concentración. El EEG
muestra un trazado parcialmente sincronizado. El comportamiento es eficaz, las reacciones
son rápidas y óptimas en su adaptación.
3) Nivel III: corresponde a la existencia de una atención
"flotante", no concentrada, con producción de asociaciones libres en el
pensamiento y con descenso relativo de la conciencia del mundo exterior. El EEG muestra un
trazado sincronizado, con ritmo alfa óptimo. Vigilancia relajada, donde se sitúan, por
una parte, la actividad automática, y por otra algunas formas del pensamiento creador.
4) Nivel IV: es la conciencia tal como se observa en la
ensoñación. Los estímulos del mundo exterior son percibidos de manera muy atenuada. La
conciencia afecta sobre todo el desarrollo de las ideas, que a menudo se expresan en forma
de imágenes visuales. En el EEG se observa una disminución de ondas alfa y aparición
ocasional de ondas lentas de baja amplitud. Hay adormecimiento. La calidad del
comportamiento es mala, con falta de coordinación, y desordenado en el tiempo.
5) Nivel V: la pérdida de la conciencia de los estímulos del
mundo exterior es prácticamente total, el contenido de la conciencia es el pensamiento
del sueño. En el EEG, desaparición de las ondas alfa. Trazado de bajo voltaje,
relativamente rápido. La aparición de una actividad fusiforme indica el paso a un estado
más profundo, sin actividad de soñar. Sueño ligero. |
6) Nivel VI: la pérdida de la conciencia de los estímulos es completa. No existe
ningún contenido de conciencia del que podamos acordarnos. En el EEG, ondas lentas de
gran amplitud. Respuesta motora a los estímulos moderados. Sueño profundo.
7) Nivel VII: igual al anterior, pero las respuestas motoras a
los estímulos son débiles o no están. En el EEG, ondas lentas irregulares que tienden a
un trazado isoeléctrico. Coma.
Conciencia del Yo(4)
Vamos a repasar primero, rápidamente, los atributos del Yo desde
el punto de vista fenomenológico o fenoménico, dado por Jaspers,(4) Schneider(5)
y Grühle. Los atributos del Yo son:
1) Vitalidad del Yo, conciencia del existir, es la vivencia de
ser concientes de que tenemos un cuerpo y que somos una persona, de que estamos vivos. A
esto nos referimos cuando hablamos de vitalidad del Yo, y pasa a ser la parte nuclear del
resto de los atributos. Poseemos esos atributos en tanto y en cuanto nos consideremos
vivos.
Una paciente dice que está muerta, que no tiene cuerpo, que es
sólo espíritu. Lo que ve es apariencia. Puede levitar y trasladarse a cualquier parte
del planeta o del universo.
2) Actividad del Yo: se refiere a la vivencia de que uno es
actor de sus propios actos, que todo lo que acontece en su interior le pertenece, que uno
"maneja" su psiquismo, que lo que hace, piensa o siente le es propio.
En la esquizofrenia, donde esta propiedad del Yo está alterada, la
persona no se considera actuante, sino manejada e influenciada por otros. La persona tiene
la sensación de ser manejada a control remoto. El paciente no es el que hace lo que hace,
sino que le hacen hacer lo que hace. En esta patología se pierden los hilos, la
conducción del propio Yo, que es lo más desesperante que puede sucederle a un ser
humano: perder el control de sí mismo. No el control externo, observado por otros, sino
el control observado por uno mismo.
3) Demarcación del Yo, conciencia del Yo en oposición a lo
externo, viene de marco, de enmarcar. Es la diferencia que se establece entre el Yo y el
no Yo. Mi Yo tiene su límite en el otro, en los objetos o en lo externo. Está, de alguna
manera, enmarcado en una unidad, con respecto a mi Yo y a lo externo.
Se siente en la esquizofrenia que, o bien se traspasa el marco del
propio Yo hacia lo externo, o bien lo externo lo invade. En lo que clásicamente se llama
difusión del pensamiento, los pensamientos no son privados sino vivenciados como
públicos.
El eco del pensamiento consiste en escuchar los propios pensamientos.
El paciente entra en perplejidad al no comprender qué es lo que está sucediendo. Con el
avance de la enfermedad, el eco del pensamiento va a generar la idea de difusión del
pensamiento. Aquí el límite entre el Yo y el no Yo se borra y es frecuente que si
preguntamos algo a un esquizofrénico (por ejemplo: ¿qué estás pensando?); éste nos
mira, se sonríe y dice "Si usted lo sabe". El esquizofrénico no percibe
diferencia entre lo privado y lo público.
4) Consistencia del Yo, también llamado identidad o unidad del
Yo, se refiere a que Yo soy Yo en los distintos tiempos en que he vivido. Yo he sido Yo
cuando tenía 3, 5, 10, 15 y 25 años, y también soy Yo en los distintos espacios en que
he estado. Es una unidad en cuanto evolución en Tiempo y Espacio. Yo he estado en
determinado Tiempo y Espacio, y estoy en este momento en determinado Tiempo y Espacio.
Una paciente dice que ha sido otra persona en otros tiempos. Ha sido
la última zarina, y ha muerto, pero vive en un cuerpo postizo que en el exterior tiene la
fachada de una persona normal. En realidad ella ha muerto, como muchos de los que están
en este momento en el mundo, y que están en cuerpos postizos con la apariencia de una
persona normal. Este hecho de que uno ha sido una cosa en un tiempo y ahora es otra, es
una pérdida de esta característica de consistencia o unidad del Yo. No se ha sido antes
lo que se es ahora.
5) Imagen de sí mismo: conciencia de la personalidad, es en
realidad una conjunción de todo el resto de los atributos, en cuanto es una resultante
que uno tiene respecto de sí mismo, qué cree que uno es. Cada uno construye su propia
imagen, algunos se sobredimensionan, como los paranoicos; otros se minimizan, como los
depresivos.
La modificación de la conciencia del esquema corporal es el
conocimiento que tenemos, a cada instante, de la posición relativa de las distintas
partes corporales, y de su integración en una noción de la posición de nuestro cuerpo
en el espacio. Es esquema corporal está alterado en la anorexia nerviosa, síndrome
confusional, síndrome de despersonalización, cenestopatías, delirio autoscópico,
síndrome de transformación corporal, delirio de negación de Cotard, etcétera.
Alternancia y alteraciones de la conciencia
Estados crepusculares(1)
Se manifiesta bajo una forma de disminución del grado de
lucidez normal, que determina que los elementos de aprehensión intelectual
(sensopercepciones, atención, representaciones, pensamiento) lleven a cabo de manera
incompleta el proceso de concientización del mundo circundante, es decir, que el
"darse cuenta" resulta defectuoso, lo cual determina que la conducta de un
individuo no sea adecuada a la lógica de las circunstancias.
Para Jaspers,(4) la conciencia opacada presenta los
siguientes rasgos:
- Disminución de la capacidad de fijación y conservación de
imágenes (sensopercepción, atención y memoria).
- Disminución de la aptitud de orientarse temporoespacialmente
(desorientación parcial).
- Disminución de la capacidad de asociación ideativa pensante y
verbal (incoherencia).
- Disminución del juicio crítico.
- Desinterés afectivo por el mundo exterior (apatía), o por el
contrario, exaltación vivencial afecto-primitiva.
- Hipotonía de la voluntad (sugestionabilidad, labilidad de la
conducta).
- Amnesia fragmentaria e hipomnesia global de fondo, respecto de lo
ocurrido una vez finalizado el cuadro clínico.
Goldar y otros señala lo siguiente:(8)
"En los pacientes enturbiados, la típica fijación
imprecisa de la mirada se acompaña de actos realizados con inseguridad y, además, de
percepciones carentes de claridad... Además, si bien existen distintos cuadros dentro del
círculo del delirium, en todos ellos están presentes la inseguridad en la realización
de los actos, la falta de claridad en las percepciones, la inquietud ocupacional, la
elaboración de objetos alucinatorios predominantemente visuales y la agitación que estos
objetos generan." |
Alteraciones de los estados de conciencia
Patiño(6) describe las siguientes alteraciones
fundamentales de la conciencia:
1) Falta de orden en los contenidos de la conciencia: pérdida
de sus relaciones asociativas habituales. Se presenta de preferencia en intoxicaciones
leves, fatiga y cefaleas.
2) Estrechamiento del campo de la conciencia, con predominio
notorio de una representación o contenido psicológico. Se presenta de preferencia en las
crisis emocionales y existenciales profundas y en los estados de preocupación grave.
3) Obnubilación de la conciencia: se pierde subjetiva y
objetivamente la claridad de percepción, comprensión, elaboración y respuesta. Se
presenta en las confusiones mentales de cualquier tipo.
4) Parcelación de la conciencia: es un tipo muy particular de
obnubilación. Metafóricamente se puede describir como imagen de espejo estrellado. Se
presenta en cuadros que clínicamente corresponden al histerismo clásico. Se conocen
ahora como "cuadros disociativos".
5) Suspensión de la conciencia: como función puede tener un
carácter paroxístico, episódico, breve o prolongado. Se presenta sobre todo en las
epilepsias y en las crisis paroxísticas de sueño (narcolepsia).
6) Apagamiento de la conciencia: este fenómeno se produce por
somnolencia, letargia, estupor o coma. Se presenta en cuadros orgánicos, sobre todo
tóxico-infecciosos o metabólicos graves.
7) Distorsión funcional de la conciencia: se pierde por
momentos la capacidad de aprehensión por alteraciones fisiopatológicas y
psicopatológicas. Esto se aprecia a menudo en los esquizofrénicos, en los maníacos y en
los melancólicos. Sin embargo, en sentido estricto, persiste la claridad de conciencia.
El común denominador de todos los trastornos de la conciencia es la
disminución o pérdida de las capacidades de vigilancia, reflexión e inhibición. En
este sentido existirían alteraciones de conciencia en las oligofrenias por falla en la
integración de los valores, en la atención y en el juicio crítico. En las demencias se
agregan a las anteriores la falla en la memoria y pueden existir perturbaciones en los
órganos de los sentidos, en cuanto a campo, nitidez o veracidad, según existan
estrechamiento de la conciencia, enturbiamiento, ilusiones y alucinaciones de diferentes
tipos. En la esquizofrenia, aun cuando exista conciencia clara, está perturbada la
posibilidad del enfermo de percatarse de lo que ocurre en sí mismo y en el medio, y
reaccionar en forma adecuada ante lo que acontece.
Según nos enseña Goldar y otros:(8)
"Debemos señalar que los brotes esquizofrénicos pueden
poseer la figura del estado crepuscular. Los viejos psiquiatras sabían muy bien que a
veces, en el curso de la esquizofrenia, aparecen estados agudos con síntomas de
enturbiamiento. Es preciso, en este punto, presentar una nota de interés. En los
pacientes jóvenes, que han sufrido pocos estados crepusculares, el enturbiamiento se
percibe con facilidad, sobre todo en la mirada imprecisa; pero en los pacientes de mayor
edad, que han pasado por numerosos crepúsculos, suele ser más difícil captar el
enturbiamiento, y es entonces cuando el primer plano del cuadro contiene manifestaciones
impulsivas, mientras el enturbiamiento se esconde, por así decirlo, en los planos
posteriores, de manera que sólo una atenta inspección de los ojos puede revelar la
imprecisión de la mirada."
Síndromes de paso de Wisck
A diferencia de las confusiones mentales, los síndromes de paso de
Wisck (1956),(6) pueden conceptuarse como el conjunto de alteraciones mentales
agudas y reversibles que transcurren con conciencia clara. Son de fundamento corporal y
corresponden a las "psicosis sintomáticas" de la Psiquiatría clásica.
Los síndromes de paso más frecuentes son: las formas alucinatorias y
paranoides; las formas afectivas no timopáticas; las formas psicomotoras que oscilan
entre la apatía y la excitación psicomotriz.
La importancia de estos síndromes de paso es que pueden ser
confundidos con psicosis endógenas, esquizofrenias, o psicosis maníaco-depresivas. |
Inconciencia
Inconciencia(1) es significativo de ausencia de juicio
crítico de realidad, intencionalidad, trascendencia, memoria, conexión con el mundo y
sentido común.
Las formas agudas son: estado de inconciencia patológica, ebriedad
completa, emoción violenta, ebriedad del sueño, narcolepsia, epilepsia paroxística,
hipnotismo, sonambulismo, manía transitoria, confusión mental (simple y onírica),
reacción aguda exógena de Bonhoeffer.
Orientación
Vallejo Nágera,(7) denomina orientación al complejo de
funciones psíquicas que nos permite darnos cuenta, a cada instante, de la situación real
en la que nos hallamos. Es fruto y resultado de la apercepción (véase en el capítulo
"Sensopercepción" más arriba) y elaboración de las experiencias adquiridas,
lo que permite que tengamos conciencia de nuestra propia persona, y de nuestra situación
en el espacio y en el tiempo.
Los trastornos en las funciones psíquicas pueden traducirse en una
desorientación total o parcial. Para una orientación perfecta es necesaria la integridad
de los órganos sensoriales y de todas las funciones psíquicas.
Clases de orientación(7)
1) Alopsíquica:
- Orientación en el tiempo: es la apreciación de su
sucesión. Esto se explora preguntando la fecha actual, la hora, el mes, el año, tiempo
de internación y cualquier referencia cronológica. Se debe ser criterioso al realizar
este tipo de preguntas y evaluar el grado de lucidez e instrucción de la persona, para
evitar realizar preguntas obvias que pueden resultar insultantes.
- Orientación en el espacio: es el conocimiento de las
magnitudes, formas y distancias de las cosas entre las cuales vivimos y nos movemos, y de
la noción de la localización de las cosas. Está alterada en la esquizofrenia, por falta
de capacidad de integrar la dimensión espacial en sus justos límites, y en las
intoxicaciones.
Se pregunta por la distancia de la persona respecto de los objetos, y
su volumen aproximado.
- Orientación de lugar: es una función de la memoria e implica
el reconocimiento, por medio de recuerdos anteriores, de un lugar. Se encuentra alterada
en el síndrome confusional y en las amnesias.
Las preguntas están dirigidas al lugar en que se encuentra en ese
momento, el tipo de hospital, el nombre de la ciudad, calle donde vive, etcétera.
2) Autopsíquica:
- Orientación de persona: se diferencia la orientación
sobre la propia personalidad (autopsíquica), de la orientación sobre las personas
del medio ambiente. Se indaga por el nombre, la edad, la profesión, por sus familiares y
edades, fecha de nacimiento, etcétera. En la orientación de las personas del medio se
apunta al reconocimiento del médico, los enfermeros y personas que lo frecuentan en el
medio de internación.
- Orientación somatopsíquica: es la referida al propio cuerpo
y a ella pertenecen la conciencia de enfermedad, sensación de enfermedad y noción de
enfermedad.
Se pregunta si la persona se siente enferma, de qué, cuándo comenzó
la enfermedad, qué tipo de enfermedad tiene y qué tipo de enfermos están internados en
el hospital. Si está triste, qué nota de extraño, etcétera.
Sensación, conciencia y noción de enfermedad
Con clara distinción, Vallejo Nágera(7) enseña lo
siguiente:
"Respecto a la posición psíquica del paciente frente a su
enfermedad, depende esencialmente el estado de la afectividad; pero no así la sensación
de enfermedad, la conciencia de enfermedad y la noción de enfermedad, cualidades muy
diferentes como veremos en seguida, aunque los límites entre una y otra sean muy tenues.
"A la sensación de enfermedad mental, a la
impresión subjetiva que amenaza una «catástrofe inminente», se concede excepcional
importancia pronóstica, pues se considera posible signo de esquizofrenia procesal. La
sensación de enfermedad no debe confundirse con las representaciones hipocondríacas de
los deprimidos y neurasténicos, que son hipervaloraciones de insignificantes molestias.
"La conciencia de enfermedad depende del estado del
sensorio: cuando está obnubilado impide el registro de las sensaciones cenestésicas y
del mundo externo. La noción de enfermedad mental está ligada al estado de
independencia que le permite reconocer o negar la morbosidad de los síntomas que padece.
Tal noción de enfermedad existe raramente en las psicosis, y es tendencia conocida del
loco negar su locura. Algunos enfermos tienen noción de enfermedad somática (sensación
de enfermedad) y niegan su enfermedad psíquica."
Debe recordarse que los pacientes crónicos, de muchos años de
internado, a fuerza de que se les pregunte lo mismo por los distintos profesionales que
los evalúan, terminan "aprendiendo" que deben decir que están
"locos". Esta respuesta que da el paciente para que lo dejen tranquilo no debe
confundirse con creer que tiene "noción" de enfermedad.
Trastorno de la orientación alopsíquica
Son los desórdenes de la orientación y de la capacidad para
orientarse en el espacio y en el tiempo. Kraepelin y Jaspers(7) distinguen los
siguientes tipos:
Desorientación apática: el enfermo percibe con nitidez el
mundo externo, pero carece de la suficiente energía psíquica para elaborar la
sensopercepción o no se interesa por el medio ambiente, como sucede en la esquizofrenia.
Es típico de este cuadro ignorar no sólo la fecha sino el tiempo que lleva internado, el
nombre de los médicos y personal que lo atiende durante años. En la depresión
melancólica puede darse también desorientación apática por inhibición psíquica.
Desorientación lagunar: es la pérdida de orientación para
determinado espacio y tiempo, durante el cual el sujeto padeció una grave obnubilación
del sensorio.
Desorientación amnésica: se produce por amnesia de fijación,
como ocurre en los cuadros demenciales.
Desorientación por confusión mental: deriva de un síndrome
confusional, como en el onirismo, delirium tremens, etcétera.
Desorientación delirante: a pesar de estar lúcido, el paciente
elabora patológicamente las sensopercepciones, de lo que resulta un falseamiento de la
situación en el espacio y tiempo. Ejemplo: un paciente delirante dice vivir en un
castillo en la Edad Media.
Informe para la Historia Clínica
1) Si el paciente está orientado auto y alopsíquicamente,
colocar: "Está globalmente orientado".
2) Cuando está desorientado auto y alopsíquicamente, informar: "Está
globalmente desorientado".
3) Si está desorientado en espacio y orientado en tiempo: "Parcialmente
desorientado: orientado en tiempo y desorientado en espacio". Hay que describir
en qué consiste la desorientación.
A la inversa si la desorientación es en tiempo.
4) Para poder informar que un paciente está lúcido se debe
contestar afirmativamente estas preguntas:
a) ¿Percibe con claridad?
b) ¿Se orienta correctamente?
c) ¿Comprende lo que se le pregunta?
d) ¿Conserva la capacidad de memorizar?
5) Se informa la posición psíquica del paciente frente a su
enfermedad, y además la:
a) Sensación de enfermedad mental,
c) Conciencia de enfermedad mental,
c) Noción de enfermedad mental,
d) Noción de enfermedad somática, pero no de enfermedad mental,
El concepto de lucidez
¿A qué se considera estar lúcido?
La palabra "lúcido" viene de "luz".
Es importante saber si la persona que está frente a nosotros está
lúcida o si tiene una alteración de la conciencia, un síndrome confusional, por
ejemplo.
La mayoría de los autores consideran que está lucida una persona
cuando puede orientarse, tener un diálogo coherente, tener claridad en las ideas,
conciencia de situación y de sí mismo. El concepto de lucidez se delimita a través de
la descripción del estado de las funciones psíquicas.
Bleuler(10) dice:
"En los estados lúcidos no existe alteración alguna de la
conciencia y la capacidad de orientación es buena. Un melancólico inhibido es capaz de
pensar y de orientarse normalmente: se dice de él, por lo tanto, que está lúcido. La
mayoría de los estados crónicos de esquizofrenia, aun cuando los enfermos obren, en
ocasiones, del modo más absurdo, no carecen de lucidez, pues en tales casos la función
de pensar se realiza en su mayor parte correctamente, la capacidad de orientación es
buena y se halla conservada la capacidad de poder entenderse acerca de ciertos asuntos con
el paciente. Son signos objetivos de lucidez la capacidad de orientación, la de
comprender preguntas y la de fijar algo en la memoria."
M. Portnoy(9) señala que ningún psicótico puede ser
lúcido, y dice:
"Se llama lucidez mental al estado de la conciencia capaz de
lograr la máxima concentración intencional normal de su actividad ordenada; haciendo que
sus contenidos posean claridad, nitidez y distinción. Una persona tiene conciencia
lúcida cuando tiene todas sus funciones psíquicas normales, lo que lleva a una
correcta orientación auto y alopsíquica." |
Discusión
La conciencia no es una función sino un estado mental en el que
participa armoniosamente la casi totalidad de las funciones psíquicas y neurológicas.
Estar conciente no es sólo atender, percibir, entender, comprender, interpretar, juzgar,
reflexionar, memorizar (lo cognitivo); sentir (lo afectivo), desear, actuar (lo conativo),
sino que es el basamento energético de todos esos rendimientos.
Estar conciente es, primariamente, un hecho neurofisiológico. No hay
claridad de conciencia si no existe indemnidad de los sistemas neurofisiológicos que la
sustentan. Sólo sobre esta base se pueden "encender" los rendimientos
psíquicos. Esto está demostrado ya que ante el menor descenso energético de los
sistemas neurofisiológicos (por intoxicación, por infección, por lesión, por noxas),
se produce un mal rendimiento de estas funciones.
La oscilación biorrítmica sueño-vigilia marca el modelo normal de
los estados de la conciencia. Mayor energía en el estado vigil, superior en el estado de
alerta, menor en el adormecimiento, y mínimo en el sueño.
Entonces, los sistemas neurofisiológicos responsables del ciclo
sueño-vigilia proveen el quantum energético necesario, de acuerdo con la fase del ciclo
circadiano, que posibilita la activación de los rendimientos mentales. Denominamos a la
armonía de dicho funcionamiento neurofisiológico "conciencia".
Y al consiguiente autoconocimiento del rendimiento pleno de las
funciones mentales lo denominamos "lucidez".
En consecuencia, a las alteraciones que involucran el sustrato
neurofisiológico del sistema sueño-vigilia las llamaremos "alteraciones de la
conciencia"; a las que producen una sintomatología semejante, pero con
indemnidad de dichos sistemas, y se deban a disarmonía en los rendimientos psíquicos,
las llamaremos "trastornos de la lucidez".
Por consiguiente, una alteración de conciencia dará siempre
como resultado un trastorno de la lucidez, pero un trastorno de la lucidez puede
trascurrir sin una alteración de la conciencia, como es el caso de la hipolucidez en una
esquizofrenia y otros ejemplos que veremos más adelante.
A fin de poder entender mejor las patologías pertinentes,
didácticamente podemos distinguir en la lucidez tres aspectos o tipos de saberes:
cognitivo, afectivo y conativo. Pienso que este constructo facilitará la comprensión de
dónde se halla la opacidad, la hipolucidez en las distintas patologías mentales.
El aspecto cognitivo de la lucidez implica el conocer:
1) Los objetos del mundo exterior,
2) Los del mundo interior,
3) La diferencia entre el mundo exterior y el interior,
4) La propia actividad personal (ya sea reflexiva o ejecutiva),
5) La finalidad de los objetivos y acciones,
6) La expansión de su persona y sus límites,
7) La relación de espacialidad y temporalidad en sí mismo y respecto
de los demás,
8) El sentido de unidad de sí mismo ahora y en el pasado (la
continuidad del ser en el tiempo),
9) La imagen de sí mismo,
10) La consecuencia de sus actos.
Este aspecto de la lucidez le permite al individuo atender y percibir
con claridad, memorizar, orientarse correctamente, comprender y relacionarse con los
demás.
Y es este el tipo de autoconocimiento al que alude el Código Penal en
el art. 34, inc. 1, de inimputabilidad, cuando se refiere a "comprender la naturaleza
del crimen".
El aspecto afectivo de la lucidez implica el funcionamiento
claro del rendimiento afectivo que nos permite entrar en resonancia emocional con nosotros
mismos, con los otros y los objetos; y también implica el darse cuenta (cognición) de
los propios sentimientos y tener empatía hacia los sentimientos de los demás.
El aspecto conativo de la lucidez implica vivenciar las
pulsiones, impulsos, apetitos, tendencias, inclinaciones y voliciones como propias y
comprender (cognición) su sentido.
A ello se refiere el art. 34 con "dirigir sus acciones".
Cuando hablamos, por ejemplo, de aspecto afectivo de la lucidez, no nos
estamos refiriendo a la afectividad como función psíquica, sino al conocimiento
que tiene la persona sobre su afectividad, a la claridad del saber sobre lo afectivo. Es
el darse cuenta de sus afectos, sentimientos y pasiones, de sus sentires; y a la vez
captar lo afectivo en los otros. Esta claridad puede estar afectada en una melancolía,
donde la persona no acierta a entender la exacerbación de su afectividad. Desde esta
perspectiva el melancólico es hipolúcido.
La falta de sensibilidad hacia el sufrimiento del otro, el no poder
comprender empáticamente lo afectivo, como es el caso de los psicópatas desalmados, es
otro ejemplo de hipolucidez afectiva. También lo es en los esquizofrénicos, que pierden
la resonancia emocional con lo externo y no tienen el autoconocimiento de esta falla en su
afectividad.
Podemos aplicar lo mismo en el aspecto conativo. Se trata de
saberse moviente, dueño de sus actos, poseedor de sus impulsos y tendencias, actor de sus
acciones. Es claro el ejemplo de hipolucidez conativa de la esquizofrenia donde los
enfermos vivencian el no control conativo, sienten que "están dirigidos por
otros".
Bibliografía
1. M. Bonnet, Psicopatología y
Psiquiatría forenses, Buenos Aires, López Libreros Editores, 1967.
2. J. Delay, P. Pichot, Manual de Psicología, Barcelona, Toray
Masson, 1979.
3. Fragmento de una clase del "Curso de Semiología
Psiquiátrica", Hospital "José T. Borda", 1995.
4. K. Jaspers, Psicopatología General, Buenos Aires, Beta,
1963.
5. K. Schneider, Patopsicología Clínica, Madrid, Montalvo,
1975.
6. J.L. Patiño, Psiquiatría Clínica, México, Salvat, 1980.
7. A. Vallejo Nágera, Propedéutica clínica psiquiátrica,
Barcelona, Salvat, 1952.
8. J.C. Goldar y otros, Introducción al diagnóstico de las
psicosis, Buenos Aires, Salerno, 1984.
9. M. Portnoy, La conciencia, criterio psiquiátrico, Buenos
Aires, Salerno, 1993.
10. Eugen Bleuler, Tratado de Psiquiatría, Madrid,
Espasa-Calpe, 1967. |
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