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COMENTARIO
SOBRE EL LIBRO DEL DR. HUGO MARIETAN: “EL COMPLEMENTARIO Y
SU PSICÓPATA”
Por el Dr. Mauricio A. Abadi

Tenemos que
recibir con sumo beneplácito esta obra del Dr. Marietan
por la luz que arroja sobre la naturaleza del psicópata y
el tipo de relaciones que establece.
En primer
lugar la descripción del psicópata es impecable, como si
fuera una disección quirúrgica. La misma no deja lugar a
ningún tipo de dudas: el psicópata no es un enfermo
mental, no padece y por lo tanto cualquier intento de
tratamiento del mismo es o una pretensión romántica o un
indicio de un exabrupto narcisista del terapeuta.
El psicópata
está muy conforme de ser como es, lo único que necesita es
una víctima propiciatoria.
En ese
sentido este libro se dirige a dos tipos de público: por
un lado al “complementario” para quien funciona como un
manual de psicoeducación altamente revelador. Como prueba
de ello son por demás contundentes las muestras de
agradecimiento de muchos de los “complementarios” cuyos
testimonios elocuentes figuran en el texto. Para ellos el
libro del Dr. Marietan es un faro que puso en movimiento
un camino de liberación del yugo del psicópata.
Por el otro
es de extrema utilidad para nosotros, los psicoterapeutas,
que debemos lidiar con las víctimas de los psicópatas.
Sabemos que
puede llevarnos mucho tiempo acompañar el camino de
separación de un “complementario” de su psicópata (en mi
experiencia clínica no menos de tres años) hasta llegar al
ansiado Contacto Cero, una categoría que introduce el Dr.
Marietan y que me parece de vital importancia.
La práctica
nos demuestra que cualquier mínimo reacercamiento de un
“complementario” a su psicópata termina matemáticamente
con el sometimiento de aquél a éste.
Por eso el
Contacto Cero es el objetivo a lograr y en una
psicoterapia de estas características solamente cuando
aquél se ha conseguido y se ha sostenido en el tiempo
podemos empezar a pensar en un alta terapéutica.
Marietan
problematiza lo que el “complementario” encuentra en su
psicópata y creemos que esta cuestión sigue siendo todavía
un enigma.
Podemos
hablar de “adicción a la adrenalina”, de búsqueda de
experiencias límite, pero se nos hace difícil saber por
qué el “complementario” hace esta búsqueda tan desaforada
como errática.
Algo que
también señala con mucho acierto Marietan y que se
verifica en la clínica es el reentrenamiento que tiene que
adquirir el “complementario” para disfrutar de emociones
mucho menos intensas en compañía de partenaires no
psicopáticos. Algunos lo consiguen y otros no, marcando
los límites a veces penosos de nuestra profesión.
Con respecto
al psicópata ya queda dicho anteriormente que el mismo no
es un enfermo mental y que el terapeuta no debe embarcarse
en su tratamiento.
Solo debe
enfocarse en la psicoterapia del “complementario”.
Esperamos fervientemente que este libro tenga la difusión
que la importancia de su temática merece y que se
transforme en un clásico de la materia.