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La prostitución
Enfoque psiquiátrico, sexológico y
médico-legal
Prof. Dr. Juan
Carlos ROMI
Profesor titular int. de la Cátedra de
Psiquiatría y Salud Mental Hospital Asociado José T Borda
Facultad de Medicina UBA.
Médico Forense de la Justicia Nacional
Miembro fundador y presidente honorario de la
Asociación Argentina de Sexología
1. Introducción
Hace 36 años he publicado en la Revista Argentina de
Sexología y Educación Sexual (Año I, Vol. I, Nº 2 Pág.
23/30, sep. 1970) un “Ensayo sobre la prostitución en un
barrio de la Capital Federal”, síntesis de dos trabajos
presentados en la primitiva Sociedad Argentina de Sexología,
decana y pionera en nuestro país, para optar a miembro
titular de la misma, con los títulos de “Ensayo sobre la
prostitución en un barrio de la Capital Federal” y “Causas
de prostitución detectadas, su problema y la educación
sexual” presentadas en los meses de agosto y septiembre de
1968.
Desde aquel momento hasta la actualidad ha pasado el tiempo
suficiente como para realizar una actualización teniendo en
cuenta los grandes cambios observados a nivel cultural por
parte de nuestra sociedad.
Para ello haremos algunas reflexiones sobre los enfoques
psiquiátrico, sexológico y médico legal.
Es importante
tomar en cuenta que para abordar esta temática no se habla
de un mundo fácil de goce y placer, que es la figura que
socialmente se tiene de la prostitución (sobre todo el de la
prostitución femenina). No se habla de un mundo cruel, donde
la violencia y la total falta de consideración por la
condición humana de una persona agudizan un estado general
de abandono y postración en vida de estas personas, que
deben correr un sinnúmero de riesgos para subsistir,
soportando vejaciones y humillaciones de una sociedad que
las segrega y estigmatiza, asociándolas generalmente con el
crimen y la vida disipada e irresponsable.
Viven o
sobreviven entre tres tipos de abuso: el que viene de
autoridades corruptas; el que ejercen clientes prepotentes y
el de los dueños de los locales.
También es
importante considerar que mientras los impulsos sexuales del
hombre y la mujer sigan constituyendo una de las necesidades
más fuertes de la naturaleza existirá la prostitución. Es
una situación lamentable, indudablemente, y sin embargo no
puede ser considerada un delito, no teniéndose por tanto
justificación para considerar a la persona prostituida con
desprecio y odio.
Si no se
solicitaran sus servicios, y si no llenara una necesidad
definida, esta actividad no existiría. Si no fuera por el
alivio ofrecido por esta actividad, muchas más personas
estarían en riesgo de ser abusadas sexualmente. La
violación, el abuso de menores y otros delitos de por si
habituales serían de una frecuencia alarmante si no
existiera la actividad prostibularia.
2. Delimitación conceptual
La definición de
prostitución o como se expresa en los últimos tiempos
Trabajo Sexual Comercial (TSC) implica la revisión de
términos incompletos e incluso contradictorios entre sí.
Siempre se ha
dicho que la prostitución ha existido siempre, especialmente
en las sociedades de tecnología avanzada, es decir, en las
sociedades industriales.
Es más frecuente
en el área urbana que en la rural. Las personas que ejercen
el TSC son en su mayoría mujeres, aunque a veces la
practican los varones (generalmente individuos que prestan
servicios sexuales a homosexuales y en algunas ocasiones a
mujeres de edad y adineradas).
En algunos países
está legalizada y organizada en burdeles, donde es más fácil
que las mujeres puedan ser sometidas a una revisión médica
cada cierto tiempo con el fin de controlar las enfermedades
de transmisión sexual.
En otros, está
prohibida, lo cual provocó que se recurra al TSC clandestino
en salones de masaje, saunas, bares, cafés, etc.
Entre los motivos
principales que empujan a una persona al TSC se suelen
mencionar la inestabilidad familiar, la falta de calor
afectivo, la miseria económica, la influencia del ambiente y
el deseo de ganar dinero por la vía fácil.
En cuanto a los
varones que frecuentan a las TSC o los burdeles, no hay un
tipo único: pueden ser solteros que no tienen acceso a una
mujer, neuróticos y desviados sexuales, maridos
insatisfechos sexualmente en el matrimonio, jóvenes que
buscan su primera experiencia sexual, etc.
Etimológicamente,
prostitución viene del latín prostitutio onis, de
prostituere, exponer en público, poner en venta. Son las
relaciones sexuales que mantiene una persona a cambio de
dinero. El término Prostitución es el que engloba a las
diferentes categorías de trabajadores sexuales comerciales.
Para que exista
prostitución se requiere las siguientes condiciones:
1) Que haya
relaciones sexuales, heterosexuales u homosexuales. La
creencia habitual es considerar que sólo puede hablarse de
prostitución cuando una mujer ejerce su comercio sexual con
varones. Sin embargo, no debe excluirse el caso de la
homosexualidad, en vista de que existe desde hace tiempo una
verdadera profesionalización de este tipo, sobre todo en las
grandes ciudades.
2) Que el acto se
realice por una remuneración; no se debe tener en cuenta
sólo el pago en dinero, sino también el que se hace por
cualquier otro medio que implique una recompensa traducida
en ventajas materiales;
3) Que los actos
sexuales sean frecuentes o habituales con las
características mencionadas.
4) Que exista
pluralidad de personas con las cuales el acto sexual
lucrativo se realiza.
Por su parte, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) define la
prostitución o TSC como toda "actividad en la que una
persona intercambia servicios sexuales a cambio de dinero o
cualquier otro bien" (OMS 1989).
De manera tal
que
la prostitución o
Trabajo Sexual Comercial (TSC)
es una actividad que exige como condiciones:
a) Una entrega sexo corporal como contraprestación lucrosa
(tarifa)
b) Sin selección previa del cliente, ni interés erótico o
amoroso personal.
c) Dicha actividad admite prostitutas y prostitutos.
El ejercicio de la prostitución ha requerido desde antiguo:
de lenocinio (Roma) lugar para la práctica del oficio y del
“lenón” que lucraba con la prostitución de su mujer,
prestando su casa para el comercio carnal.
También se describen los burdeles como "casas públicas donde
se ejerce la prostitución”, que son sinónimo de lupanar,
prostíbulo, mancebía, casa de citas, o casa de tolerancia.
Dentro
del campo de la prostitución,
existen términos que se los relaciona con ella y que se
prestan a confusión porque involucran la existencia de una
serie de personas en la actividad sexual que se realiza.
Así
observamos que
existen otras formas de manifestación de la actividad sexual
múltiple que pueden estar emparentadas o no con la
prostitución y que debemos delimitar.
Se denomina pluralismo sexual a la preferencia y a
veces necesidad de algunos individuos por más de una persona
como simultanea o sucesiva compañía para el goce erótico ya
sea heterosexual, homosexual o mixta.
La actividad sucesiva se caracteriza por la reiteración de
formación y ruptura de parejas (como ocurre en las personas
con divorcios múltiples), mientras que la actividad
simultánea es mas característica de la prostitución.
También se observan la adicción sexual, las parejas swinger
y el triolismo.
Las parejas swingers están formadas por gente que
reconoce sus necesidades sexuales y con el consentimiento
mutuo de sus parejas deciden experimentar en el intercambio
con otras parejas estables nuevas posibilidades que le den
diversidad y emoción a su vida sexual. La pareja swinger
ejerce una sexualidad honesta pues de manera compartida
amplían sus experiencias sexuales sin engaño ni secretos.
La palabra swinger tiene sus orígenes en los años 70 y desde
hace algún tiempo el término le ha parecido peyorativo sobre
todo a las personas de habla inglesa, por ello se acuño el
término Life Style o Life Styler que pretende describir el
acto del intercambio de parejas como un estilo de vida y no
una moda o una patología.
Existen otras prácticas grupales que pueden estar vinculadas
a la prostitución ya que pueden ser amateurs o
profesionales.
La
biandria o bivirismo:
es la relación sexual en la que intervienen una mujer y dos
hombres.
Cuando el placer consiste en tener relaciones de a tres se
conoce como “ménage a trois".
El
triolismo
del
Francés, trois, tres, es la excitación erótica y la
facilitación y el logro del orgasmo son relativas a, y
dependientes del hecho de observar a la propia pareja en
alquiler o préstamo con una tercera persona mientras
realizan actividades sexuales incluyendo coito. Preferencia
y simple circunstancia de formar un trío erótico. Es la
cohabitación y práctica libidinal conjunta de tres personas.
Lo mas frecuente es la participación de un varón con dos
mujeres, en que coincide la tendencia poligínica varonil con
la lésbica y /o la masoquista femenina. Otro trío no
excepcional es el formado por una pareja heterosexual con un
“colaborador” anfierótico, realizando una “partuza”, palabra
argótica sinónimo de cama redonda y orgía.
Por
último, pueden observarse conductas parafílicas en grupo
como por ejemplo el sadismo grupal., así como ciertas
agresiones sexuales como se observa en la violación en
grupo.
La
adicción sexual es una forma en que algunas personas
“medican” sus sentimientos o lidian con sus
preocupaciones, al grado tal que su comportamiento sexual se
convierte en el mecanismo para trabajar las ansiedades de
sus vidas. El individuo puede llegar a un punto en donde se
le hace difícil el detener, por si mismo su comportamiento
sexual (o práctica adictiva) por períodos prolongados. Es
una persona que le dedica mucho tiempo a la búsqueda y al
complacer sus comportamientos o fantasías sexuales, sin
lograr poder calmar su ansiedad con la ejecución de la
conducta erótica.
3. Revisión histórica
El análisis
histórico está, por lo tanto, relacionado con los valores y
la moral. De esta manera, se analizará las siguientes etapas
que marcan trascendencia en la evolución histórica de la
prostitución o TSC.
3.1 La prostitución en la Edad Antigua
En un primer
momento, la prostitución no podía ser identificada como tal,
ya que, como hace notar F. Engels en su estudio denominado
“El Origen de la familia, de la propiedad privada y del
Estado”, basado en las investigaciones de Lewis Morgan sobre
los pueblos primitivos, el sexo era practicado
indiscriminadamente por todos los miembros de la tribu, sin
que existiese diferenciación de familias entre sus miembros,
de tal suerte que cada mujer pertenecía igualmente a todos
los hombres y cada hombre a todas las mujeres. De esta
forma, plantea la existencia de prácticas que por entonces
no eran consideradas promiscuas (pero que en la actualidad
sí lo serían) dadas las condiciones sociales de existencia
imperantes.
La prostitución
venal fue al principio un acto religioso; se practicaba en
el templo de la diosa del amor y primitivamente el dinero
ingresaba en las arcas del templo. Las hieródulas de Amaitis
en Armenia, de Afrodita en Corinto, lo mismo que las
bailarinas religiosas agregadas a los templos de la India,
que se conocen con el nombre de bayaderas (la palabra es
una deformación del portugués bailadeira), fueron las
primeras prostitutas.
La prostitución,
deber de todas las mujeres en un principio, no fue ejercida
más tarde sino por estas sacerdotisas, en reemplazo de todas
las demás.
En otros pueblos,
el hetairismo proviene de la libertad sexual concedida a las
jóvenes antes del matrimonio; así, pues, es también un resto
del matrimonio por grupos, pero que ha llegado hasta
nosotros por otro camino.
Con la
desproporción entre la propiedad, es decir, desde el estadio
superior de la barbarie, aparece esporádicamente el
asalariado junto al trabajo de los esclavos, y con él, como
un correlativo necesario, la prostitución por oficio de la
mujer libre, junto a la prostitución obligatoria de la
esclava. Así, pues, la herencia que el matrimonio por grupos
legó a la civilización es doble, como todo lo que la
civilización produce es también de dos caras, de doble
lenguaje, contradictorio: acá la monogamia, acullá el
hetairismo, comprendiendo en éste su forma extremada, la
prostitución.
Debemos aclarar
que la hospitalidad y la prostitución estuvieron íntimamente
relacionadas en los primeros tiempos. En un primer momento,
como señalan las fuentes indicadas, el servicio sexual era
hospitalario, es decir, algo más de lo que podía disponer el
viajero cansado en la casa del huésped, sin que tuviera que
pagar por esto.
Luego, a este
tipo de servicio sexual sucedió el servicio sexual
religioso. Este servicio fue la primera modalidad de
prostitución, ya que para tener acceso carnal con una mujer
en los templos dedicados a tal efecto el varón debía pagar
determinada suma antes o después del contacto.
En Babilonia es
donde se desarrolla este primer tipo de comercio sexual.
Toda mujer nacida
en Babilonia estaba obligada, una vez en su vida, a ir al
templo de Ishtar, la diosa babilónica del amor, para
entregarse en ese lugar a un extranjero. Cuando una de las
asistentes tomaba asiento en el lugar sagrado, no podía
volver a su casa sin que un extranjero le haya arrojado
dinero en el regazo y sin que haya tenido comercio con ella
fuera del templo. Como podemos ver, surge de esta forma la
prostitución sagrada, que se complementa y engarza con la
hospitalidad sexual.
Los fenicios
dieron a la prostitución ese aire comercial que tipifica su
existencia. En la cultura fenicia existían dos divinidades
del amor: Astarté y Baal. De la unión de ambas deidades
surgió la celebración de una serie de fiestas o ceremonias
que con el tiempo cobrarían un gran esplendor.
En Egipto, las
leyes morales cumplieron su primer objetivo: desentrañar las
diferencias entre el bien y el mal. La mujer egipcia se
entrega en los primeros tiempos por pura y simple codicia.
No puede seguir la costumbre hospitalaria, ya que el egipcio
es en ese momento, por naturaleza, un ser que odia al
desconocido, a quien por nada del mundo deja entrar en su
casa ni le ofrece avíos o alimentos, creyendo sin duda que
de esta mínima relación pueden sobrevenir contagios de
pestes o enfermedades infecciosas.
Las egipcias que
se abandonan a la prostitución se hacen, por tanto,
cortesanas. A veces se presentaba la prostitución bajo la
vertiente sagrada, engarzada en el culto a Isis, la diosa
del amor y la fertilidad, y su esposo, Osiris. Sin embargo,
si en Egipto llegó a existir esta forma de prostitución, fue
sólo de manera muy leve. No obstante, la otra imagen que se
tiene, la nacida de la codicia, brillaba con inusitado
fulgor. Cuando cualquier egipcio, por noble que fuese,
necesitaba conseguir algo, no dudaba en entregar a su hija,
esposa o madre, con tal de satisfacer su ambición.
En Grecia hubo
prostitución religiosa desde que se fundaron los templos,
por lo que se la vincula al origen mismo del paganismo
helénico. En Corinto era usual adscribir al templo de
Afrodita mujeres que servían como meretrices y que
entregaban a los sacerdotes lo que recaudaban en esa
calidad. Constituían una gran atracción que contribuía al
enriquecimiento de la ciudad, e incluso llegaron a ser
tratadas como benefactoras.
Al comenzar el
auge del cristianismo se inició su decadencia, y en su
primera epístola a los corintios, San Pablo las fustigó en
forma despiadada, poniendo fin a un estilo y una época. En
verdad, ya antes del advenimiento del cristianismo, en el
período de mayor cultura griega, se había llegado a abolir
la prostitución religiosa, pero sus huellas persistieron en
muchos ritos y costumbres.
Solón trató de
preservar el orden y la moral de Atenas, y para ello, además
de tomar otras medidas, reglamentó la prostitución. Creó
casas especiales, a las que llamó Dicterion, que quedaban
confinadas a ciertos barrios y eran monopolio del Estado,
que las administraba y percibía impuestos especiales por su
rendimiento. Sobre éstas se imponía una serie de
limitaciones: no podían transitar por ciertas zonas de la
ciudad, debían utilizar vestiduras especiales que
permitieran identificarlas, y les estaba prohibido
intervenir en los servicios religiosos.
La vida de las
dicteriades estaba rígidamente reglamentada, y sus
costumbres eran controladas con mucha mayor severidad que
las de sus equivalentes actuales. Pero al cabo de poco
tiempo, la disciplina se relajó, bajo la influencia de las
mujeres extranjeras que invadieron Atenas; las mismas
lograron obtener tantas franquicias administrativas y
policiales, que, al cabo de un siglo de la creación de los
dicteriones, no era difícil encontrar a sus pupilas en los
lugares sociales y hasta en el foro.
Dentro de la
denominación genérica de cortesanas griegas se encontraban
varios grupos, clasificados de acuerdo a las leyes que
regían su actividad. Las pupilas del dicterion tuvieron
durante muchos años, el carácter de verdaderas esclavas:
eran adquiridas por el estado, que corría con sus gastos y
necesidades, pero fijaba al mismo tiempo, la tarifa oficial
de explotación para cada una de las mujeres del
establecimiento
El rango superior
lo ocupaban las auletridas o tañedoras de flauta, que tenían
una relativa libertad de movimientos, ya que podían
trasladarse a cualquier sitio. Iban, generalmente, a fiestas
de hombres solos, en las que se podía tasar
discrecionalmente su trabajo de artistas y danzarinas. La
categoría más alta de las cortesanas griegas estaba formada
por las heteras, palabra que significa "compañera". A
diferencia de las pornai que eran, en su mayoría,
orientales, las heteras eran por lo general mujeres de la
clase de los ciudadanos, que habían perdido su
respetabilidad o que se negaban a aceptar la vida de
reclusión de las matronas atenienses.
Las cortesanas
griegas se apartaron de las simples dicteriadas y de las
últimas prostitutas que habían comenzado a acudir a Atenas,
y frecuentaron la intimidad de los grandes hombres del país,
curtiéndose en sabiduría, como es notorio a lo largo de
muchos ejemplos conocidos, como Aspasia que contrajo
matrimonio con Pericles que ya estaba casado con Crisila, de
la que tuvo que separarse para unirse a la hetaira
pensadora, que llegaba a todas partes rodeada de su femenina
corte de honor.
En la historia
romana, en sus inicios, era casi nulo el meretricio, ya que
no tenían todavía a Venus como diosa oficial. Las pocas
prostitutas que había eran marginadas de la sociedad y
debían vivir en los lugares más apartados de Roma. No podían
casarse y llevaban un distintivo. Con la aceptación de los
dioses Venus y Baco en el sistema religioso se incrementó el
desenfreno sexual y alcohólico y con ello la prostitución.
Ante esta situación se implantó leyes para frenar los
excesos.
En la antigua
civilización etrusca se conocía y admitía la prostitución,
hasta el extremo de aceptar que muchas jóvenes formaran su
dote con los fondos que recababan con su ejercicio
En 180 a.C. Marco
Aurelio pone los cimientos en la reglamentación. La
prostituta debía llevar su licencia stupri que sería la
marca de la indignidad e infamia hasta su muerte. Además de
ser vigiladas por censores, debían pagar a éste el impuesto
vectigal creado por Calígula equivalente a la octava parte
de su ganancia diaria, con lo que engrosaba el fisco. En el
año 149 a.C. la Ley Scantinia de Nefanda Venere sancionaba
no solamente a las mujeres que se prostituían, sino también
incluía a los pederastas.
Con el
advenimiento del cristianismo, comenzó la lucha contra la
prostitución. Dioclesiano, Anastasio I y Justiniano trataron
de poner un dique a las costumbres licenciosas de la época,
ayudando a la rehabilitación de las mujeres caídas, mediante
la destrucción de los registros donde constaba su posición
infamante, y la anulación de las incapacidades que pesaban
sobre ellas. La nueva religión condenó la corrupción e hizo
conocer el dogma del pecado mediante el cual se predicaba
una moral muy severa que honraba la castidad y la
continencia, y sancionaba la monogamia como ley sagrada. Las
reformas más importantes de la nueva iglesia se realizaron
en el terreno del sexo.
El paganismo
había tolerado a la prostituta como un mal menor y
necesario; la Iglesia Católica las atacó sin concesiones e
impuso un patrón único de moralidad para ambos sexos. Su
éxito no fue completo, ya que la prostitución continuó su
camino en el ocultamiento y el disimulo; sobrevivió pese a
tener que franquear barreras éticas y morales totalmente
nuevas.
En el siglo IX
Carlo Magno ordenó el cierre de todos los establecimientos
donde las mujeres se permitían tener relaciones sexuales
promiscuas y dispuso el destierro de las prostitutas. Pero
dada la gran corrupción de las costumbres, las medidas
legales resultaban inocuas. Durante la Primera Cruzada,
algunas mujeres pagaban su viaje vendiéndose en las ciudades
de la Ruta. Y las Cruzadas siguientes vieron engrosadas sus
filas por numerosos contingentes de mujeres vestidas de
hombres, que llegaron a crear verdaderos burdeles alrededor
de la Tienda Real.
Pese a la
devoción religiosa imperante en esa época se toleraba a las
prostitutas por considerarlas un mal necesario: solaz para
los soldados que combatían por el Señor y defensa de la
moral de los hogares.
Durante el
imperio de Diocleciano la prostitución bajó notablemente
gracias a la reevaluación social y religiosa producida por
el cristianismo. Con la caída de Roma en 414 d.C., los
bárbaros decretaron leyes represivas contra la prostitución.
Posteriormente, todos los emperadores cristianos se
esforzaron en atajar y reprimir la prostitución. Constantino
fue uno de los más fervientes defensores de la moral romana.
Él limitó el libre accionar de los homosexuales, quienes
hasta entonces no hallaban obstáculos para requerir
servicios sexuales (de varones prostitutos). Todos los
emperadores cristianos sin excepción, y Justiniano más que
ninguno, se afanaron en consolidar las costumbres del
imperio haciendo uso de todos sus recursos y todo su poder.
La prostitución
masculina, por otra parte, acabó por tomar tanto incremento
desde el siglo V a.C. en Grecia y desde la época imperial en
Roma, que llegó acaso al mismo nivel que la prostitución
femenina. Tampoco era infrecuente que los hombres se
prostituyesen a las mujeres, como se encuentra mencionado en
el libro bíblico de Ezequiel y aparece en las poesías de
Juvenal y Marcial.
3.2 La
prostitución en la Edad Media
La Edad Media no
rompió con las tradiciones de la antigüedad en lo referente
a la prostitución, adoptando, por el contrario, muchos de
sus puntos de vista.
Donde más
claramente se observa esta continuidad es en el imperio
Bizantino como puede colegirse de los escritos de Procopio.
La capital de los emperadores de Oriente ofrecía en el
barrio de Gálata el aspecto de los antiguos centros de
prostitución de Grecia y Roma: lo propio puede decirse de
Chipre y Creta, que se hicieron célebres en este sentido.
En general, la
prostitución en las ciudades medievales y especialmente las
del norte, adoptó la forma cerrada de los burdeles, aunque
no faltaban casos de la ambulante en forma de danzarinas o
tañedoras de arpa y cítara.
Entre los árabes
se encontraban tales artistas con el nombre de mumisa, voz
derivada del griego mimas, siendo muy celebradas en las
poesías árabes como el Diván de Mutalami.
Los judíos habían
mantenido las prohibiciones seculares de los libros sagrados
con respecto a la prostitución, aunque la influencia griega
se había traducido en una tolerancia muy extensa en la
práctica. Flavio Josefo menciona ya la existencia de
numerosas prostitutas por más que no parece hubiera una
verdadera organización de las mismas entre el elemento
exclusivamente judío.
Si el Talmud
menciona casos que recuerdan las costumbres grecorromanas,
es sólo por efecto de la influencia de las mismas,
existiendo sectas intransigentes como las de los Esenios que
vedaban toda relación sexual ilícita.
La sociedad
cristiana no adoptó el punto de vista ascético y por tanto
prohibitivo, sino que estableció la tolerancia desde los
primeros tiempos, no faltando con todo, sus protestas y
reacciones momentáneamente victoriosas.
En general, las
prostitutas de la Edad Media ejercían su comercio como
gremio reconocido, figurando en las entradas solemnes de
príncipes en las poblaciones festejándoles con ofrendas de
flores
Sólo en el
oriente bizantino e islamita se hallan ejemplos que
recuerdan los de las modernas urbes mundiales en esta parte.
Donde más parece haberse concentrado el ejercicio de la
prostitución es en las grandes villas universitarias, como
Padua, Florencia, París, Heidelberg, Oxford y Salamanca.
En 1254, el Rey
Luis IX decretó el destierro de todas las prostitutas de
Francia, pero cuando comenzó a aplicarse el Edicto, se
comprobó que la promiscuidad clandestina reemplazaba al
anterior tráfico abierto, lo que indujo a revocarlo en 1256.
El nuevo decreto especificaba en qué zonas de París podían
vivir las prostitutas, reglamentaba su forma de actuar, la
ropa que podían usar y las insignias que las caracterizaba,
se las sometía a una inspección y control de un magistrado
policial, que llegó a ser conocido bajo la denominación de
“rey de los alcahuetes, mendigos y vagabundos”.
En 1561, bajo el
reinado de Carlos IX, se reeditó la ordenanza, con el
propósito de combatir los estragos que el "mal de Nápoles" o
sífilis hacía entre la población. En Génova y Venecia, la
prostitución estuvo reglamentada administrativamente bajo la
dirección de una mujer a quien llamaban "reina", que se
encargaba de hacer respetar en forma estricta los
reglamentos policiales.
En España ocurrió
lo mismo, ya que la prostitución reglamentada tuvo una
evolución análoga a la de los demás países en la época. En
el siglo XV, las mujeres se agrupaban en mancebías enormes,
cercadas por murallas, en las que su número llegaba a
centenares. Estos establecimientos fueron reglamentados por
Felipe II, suprimidos por Felipe IV, reimplantados por
Carlos II, y legalizados, definitivamente, en 1865.
En América, la
mancebía más importante fue la que se denominó Casa de
Recogidas, fundada en La Habana en 1776.
En Inglaterra
había una cadena de burdeles cerca del puente de Londres,
que en un principio obtenía su licencia del Obispo de
Winchester y luego del Parlamento. En 1611 bajo el reinado
de Enrique II se dictó una serie de ordenanzas, con las que
se trató de evitar la propagación de las enfermedades
venéreas.
Con el
advenimiento de la Reforma, las costumbres cambiaron
totalmente, y se insistió sobre la necesidad imperiosa de
castidad. En 1650, en Inglaterra se llegó a considerar la
fornicación como una felonía, que al reiterarse podía
acarrear la pena de muerte. A partir de este año las
prostitutas comenzaron a ser juzgadas por tribunales civiles
y no eclesiásticos. Se las condenaba por indecencia pública
o alteración del orden. En 1751 comenzaron a cerrarse los
burdeles y desde entonces la legislación se ocupa de las
ofensas contra la decencia en lugares públicos y trata de
castigar, especialmente a los intermediarios de la
prostitución.
En las mancebías
estaban tratadas las mujeres como verdaderas esclavas, y lo
propio acontecía en todo el Oriente musulmán, lo que se
refleja en la literatura de aquel tiempo. Alfonso el Sabio
de Castilla reglamentó ya la prostitución, ofreciendo
cuadros vivos de ella las inmortales obras de Fernando de
Rojas y del Arcipreste de Talavera .
3.3 La
prostitución en la Edad Moderna
Desde principios
del siglo XIX esta institución se generalizó en todas
partes, y fue considerada por los distintos Estados como una
necesidad desagradable a la que era necesario reglamentar y
de la que era conveniente sacar beneficios pecuniarios.
Estaba encuadrada dentro del aparato estatal, regido por
normas de carácter policial e higiénico y, aunque rechazada
por un cúmulo de conceptos morales y éticos, no podía
negarse su existencia tanto real como legal. Las leyes no
disponen la abolición de la prostitución, sino la abolición
de la reglamentación correspondiente, eliminan su carácter
oficial.
3.4 La
prostitución en la Edad Contemporánea
La prostitución
reglamentada se impuso a lo largo de lo que podríamos
considerar, época moderna, desde principios del siglo XX,
esta institución se generalizó en todas partes y fue
considerada por los distintos Estados como una necesidad
desagradable a la que era necesario reglamentar y
conveniente sacar beneficios pecuniarios. Estaba encuadrada
dentro del aparato estatal, regido por normas de carácter
policial e higiénico, y aunque rechazada por un cúmulo de
conceptos morales y éticos, no podría dudarse de su
existencia, tanto real como legal.
3.5 La
prostitución durante la Colonia en América
Con base en los
Comentarios reales de los incas de Garcilazo de la Vega,
mencionan a las pampairunas, que habrían efectuado cierta
conducta "irregular", que, sin embargo, sería tan eventual
que merece apenas mencionarse, además de no aportar datos
exactos. Por ello, se parte el presente apartado con la
prostitución durante la Colonia.
La prostitución
parece haber llegado a América por la vía de la importación.
Sin embargo, las nativas también fueron obligadas (de una u
otra forma) a prostituirse.
No se castigaba a
las indígenas que eran seducidas, amancebadas o prostituidas
por los españoles, recibiendo muy suavemente éstos [los
españoles] las sanciones. Había también entre las muchísimas
leyes de Indias varias tendentes a proteger el sexo débil
indígena, tales como aquellas que prohibían que las indias
fueran obligadas a acompañar en los viajes a los españoles y
a salir de su residencia, igualmente que tampoco se aceptaba
por las autoridades denuncias de amancebamiento con clérigos
si éstas no tenían el resguardo de las correspondientes
pruebas, a fin y objeto de poner a las mujeres indígenas a
salvo de calumnias.
La vida sexual
de la época ofrece a la observación la característica del
contubernio del sexo con la religión. Es notable observar
que los hidalgos españoles o los "acaballerados" que
desprecian a las indias racialmente, no las repugnan como
sus queridas o sus prostitutas, formando con ellas
verdaderos serrallos en sus haciendas o conviviendo con las
mismas en la ciudad. Las aventuras de la Villa Imperial de
Potosí, tan explotadas por los tradicionalistas, se inspiran
en estos amores sádicos en los que se mézclale el amor y la
muerte con la religión.
4.
Leyes de profilaxis venérea y sobre prostitución
Hay una pregunta que mucha gente se hace: ¿la prostitución
constituye un acto antijurídico? Puede constituir un acto
degradante para mucha gente desde el punto de vista ético,
pero no delictivo.
La prostituta (la versión más representativa) es una
trabajadora sexual, no una delincuente ya que su conducta,
según la opinión mas generalizada, no es delictiva, pero se
benefician con su actividad terceros que si son
delincuentes.
En nuestro país la prostitución se reglamentó en 1824
(regulación estatal del ejercicio de la prostitución en las
casas de tolerancia).
En 1935 se modifica por una ordenanza municipal y en la
Capital se hace “abolicionista” (supresión de las casas de
tolerancia donde se ejerza la prostitución tomando auge las
casas de tolerancia en las comunas limítrofes del Gran
Buenos Aires).
La
ley 12331 (profilaxis antivenérea) sancionada
el 17/12/1936 promulgada el 30/12/1936 y publicada en el
B. O. 11/1/1937,
en su artículo 15 dispone: “queda prohibida en toda
la república, el establecimiento de casas de tolerancia o
locales donde se ejerza la prostitución o se incite a
ella”, posición terminantemente abolicionista.
En 1944 por decreto ley 10638, se modifica el artículo 15
exceptuando al anterior en aquellos lugares donde el
funcionamiento fuera autorizado por la Dirección Nacional de
Salud Pública, con aprobación del Ministerio del Interior,
sujetándose a las normas que se impongan por reglamentación;
de esta manera se imponía un abolicionismo con tinte neo
reglamentarista, en ciertas circunstancias, como puedan ser
en lugares geográficamente distantes y aislados.
El artículo 17 explicita que “los
que sostengan, administren o regenteen, ostensible o
encubiertamente casas de tolerancia, serán castigados con
una multa de doce mil quinientos a ciento veinticinco mil
pesos.”
(Multa
actualizada
conforme
la ley 24.286).
En ese mismo año 1944, se modifica el Art. 17 de la ley
12331, estableciendo que el simple ejercicio de la
prostitución por la mujer en su casa, en forma individual e
independiente, si afectar el pudor público no constituye
delito alguno. En otras palabras la ley suprime el
prostíbulo no la prostitución.
Ambos
derogados
posteriormente derogados por ley 16.666.
Como una medida
política, los gobiernos en general suscriben instrumentos
internacionales de corte abolicionista cuando se refieren a
la problemática del trabajo sexual comercial (T.S.C). Por
ello, en sus legislaciones penales, federales o locales, el
ejercicio de la prostitución no aparece tipificada como
delito. Sin embargo, en los niveles locales persiste el
prohibicionismo, tanto en disposiciones municipales y en
reglamentos administrativos como en las disposiciones
policiales.
En lo que
difieren los tres sistemas es en el tratamiento legal que
otorgan a las personas involucradas. En estos sistemas todo
gira alrededor de la prostituta. Se le considera, según sea
el caso, como delincuente (prohibicionismo), víctima
(abolicionismo) o un mal necesario (reglamentarismo).
Para el Estado
moderno, fundado en la democracia, en las libertades
individuales, en los Derechos Humanos y en el respecto por
la diversidad, ninguno de los tres sistemas da respuesta a
los reclamos por lograr que los derechos de los(as)
trabajadores(as) sexuales sean respetados. Además, no
consigue un combate eficaz en contra de la explotación
sexual de niñas, niños, varones y mujeres adultos.
Cada vez menos en
los países civilizados en que las disposiciones jurídicas se
limitan a prescindir de la prostitución sin tomarla en
cuenta, existen dos posiciones: la que la declara como
delito o, al menos, como falta, y la que admite su
legalidad, pero dentro de una reglamentación.
4.1 Sistema
Reglamentarista
Bajo el sistema
reglamentarista, el Estado asume el control de la actividad.
Delimita los espacios públicos y privados, sus horarios y
características. Identifica y registra la oferta, a través
de licencias o de credenciales, y a partir del
reconocimiento del riesgo de contagio de infecciones de
transmisión sexual (ITS). Ejerce un sistema de control
médico obligatorio, estableciendo los mecanismos de
supervisión, además de identificar los lugares clandestinos
de comercio sexual.
La prostitución,
bajo esta postura, es un mal necesario que se debe controlar
cuidando la higiene de la población. Con esta visión se
llega a equiparar a los TSC como transmisores de
enfermedades. Se dice, incluso, que la reglamentación en el
plano ideológico está orientada a garantizar al cliente el
acceso a los servicios sexuales en condiciones de supuesta
higiene, protegiendo con esto sus intereses, y dejando de
lado los del TSC. Además, la posición reglamentaria, es
típica de los países latinos, habiéndose iniciado en
Francia, a lo cual añade la consideración de que "la
prostitución es un mal menor y necesario".
Así, puede
destacarse la función pública que cumple la prostitución. En
especial el TSC femenino actúa como válvula de escape a una
sexualidad masculina no canalizable por otras vías. Actúa
como compañía y alivio a la soledad del hombre y es, en
última instancia, un mecanismo de prevención de la violación
y el abuso sexual a otras mujeres y otras poblaciones
vulnerables (niños, niñas, ancianos).
En la actualidad,
producto de la ausencia de un Reglamento que norme esta
actividad, permitiendo identificar derechos y obligaciones
de las y los TSC, como también de los dueños de locales,
clientes y autoridades civiles y policiales en relación a
esta actividad, se sucede una serie de violaciones a los
derechos fundamentales de las personas, lo cual promueve una
espiral de violencia que muchas veces es ocultada,
favoreciendo así la continuidad de una situación intolerable
en un Estado de Derecho.
4.2. Sistema
Prohibicionista
La represión
penal es la característica principal que define a este
sistema. Los países que lo practican tienen como política el
tomar acciones policíacas ante cualquier oferta sexual,
pública o privada que implique una retribución monetaria. Se
pretende eliminar tanto la reglamentación como el ejercicio
de la prostitución. Para el Estado, en este sistema, la
persona que practica el TSC es un delincuente y deberá
responder ante la justicia por su conducta o en el mejor de
los casos se le enviará a un establecimiento de re-educación
o de reincorporación social hasta que se logre el objetivo
de eliminar el TSC.
Los bienes
jurídicos tutelados son la moral pública y las buenas
costumbres, argumento que deja de lado el libre acuerdo de
personas que no afectan a terceros persiguiendo, incluso,
los servicios que se otorgan en lugares privados. En un
amplio sector de la doctrina jurídica prevaleció esta
corriente que, siguiendo a César Lombroso, establece una
equivalencia entre TSC y delincuente. En el extremo de este
sistema, el cliente es visto no como sujeto activo del hecho
antisocial, sino más bien como víctima de la "invitación
escandalosa" de la prostituta.
Es típica de los
países anglosajones. Implica la creencia de que el instinto
puede y debe satisfacerse sólo en las salidas reconocidas
por la moral y por la ley, o sea, dentro del matrimonio. Se
basa en experiencias recogidas por la geografía y por la
historia, según las cuales hay y ha habido pueblos que
practicaban la castidad extramatrimonial; al mismo tiempo,
toma en cuenta las opiniones de la medicina moderna, según
la cual un régimen de abstinencia sexual es –salvo casos
especialísimos-, perfectamente compatible con un estado de
salud.
4.3. Sistema
Abolicionista
Actualmente, el
sistema abolicionista predomina en el escenario
internacional. Se fundamenta en la consideración de que toda
prostitución es una explotación del cuerpo del ser humano, y
que la reglamentación de la actividad sólo consigue
perpetuar esta injusticia. El TSC no es considerado como
delincuente, sino más bien como víctima del tráfico humano,
sujeto a rehabilitación, incluso contra su voluntad.
Esta corriente
tiene sus inicios en el siglo XIX como parte del feminismo
británico. Posterior a la promulgación en Gran Bretaña de la
Ley de Enfermedades Contagiosas en 1869, surge la figura de
Josephine Elizabeth Grey Buttler, pionera y líder del
movimiento que se oponía principalmente a los exámenes
médicos forzados, al registro policíaco de las prostitutas y
a la reglamentación de su actividad. Grey Buttler funda en
1874 la Federación Abolicionista Internacional
(originalmente denominada Federación Continental para la
Abolición de la Regulación de
la Prostitución)
con delegaciones en la mayoría de las naciones europeas y en
Estados Unidos.
Una cantidad
importante de los gobiernos en Occidente adopta la tesis
abolicionista en parte por la presión internacional generada
sobre el tema, siendo que las leyes prohibicionistas que
sobrevivieron a la segunda mitad del siglo XX se enmarcan en
una tendencia de moralización de la post-guerra. Más allá de
los principios humanitarios en que se inspira el
abolicionismo, éste fue retomado como consecuencia del
fracaso del prohibicionismo.
Los sistemas
abolicionistas son en realidad una combinación entre la
abolición de la normatividad general sobre la prostitución y
el mantenimiento de la prohibición instrumentada a través de
medidas coercitivas en los niveles locales o municipales. En
teoría, al ser considerada como víctima, la prostituta no es
detenida, sino sujeta a programas de tratamiento y
reeducación.
El sistema
abolicionista persigue a aquellos agentes que inducen,
mantienen, permiten y se benefician de la prostitución
ajena. Bajo los tipos penales de lenocinio, corrupción de
mayores y menores, tráfico de personas, entre otros, los
beneficiarios son perseguidos para imponérseles sanciones
que llegan hasta la pena de muerte en el caso de China.
Algunos juristas
como Jiménez de Asua recomiendan el sistema abolicionista de
manera optimista, ya que "libera a las prostitutas de sus
explotadores –tratantes de blancas, proxenetas y rufianes-,
y la deja libre, sin más obligaciones que tratarse si está
enferma y respetar el decoro público”. El mencionado autor
señala, además, que la esencia del abolicionismo no es
castigar a las prostitutas.
Otro aspecto que
debe tomarse en cuenta es que en este sistema se pierde el
control de las ITS o su antigua denominación de ETS
(Enfermedades de Transmisión Sexual), arriesgando a la
sociedad a una epidemia, debido a que el TSC pasa
automáticamente a ser clandestino, lo cual imposibilita la
detección y seguimiento de casos.
5. Los delitos
sexuales en la Argentina
Los
delitos sexuales presentan jurídicamente un
nuevo encuadramiento con que la ley 25.087 sancionada el
14/04/99, promulgada el 07/05/99 y publicada en el B.O. el
14/05/99, conceptualiza el título III del CPA, tiene como
base que el bien jurídico tutelado, a partir de esta
reforma, es la integridad sexual de las personas,
independientemente de cualquier otra consideración y
partiendo de un concepto más amplio.
La
nueva legislación incluye varios delitos sexuales de
origen casuístico, con un ordenamiento nuevo, protegiendo la
totalidad o integridad de la persona y sus derechos
sexuales, su derecho individual a disponer de su persona y
de su sexualidad.
En
consecuencia, la nueva ley le brinda tutela a la
“integridad sexual” y se caracteriza por el derecho de las
personas a tener capacidad para expresarse válidamente, a
tener un libre y consciente trato sexual o a no tenerlo
contra su voluntad, y a la intangibilidad sexual de quienes,
por ser menores de ciertas edades o incapaces, no pueden
manifestar válidamente su consentimiento.
Dentro de los delitos sexuales podemos observar solo cuales
pueden estar indirectamente vinculados a la prostitución
En
el nuevo encuadre jurídico se pueden observar delitos:
Contra
la reserva sexual:
a) Abuso sexual (Art. 119, párrafo 1º)
b)
Abuso sexual que implique un sometimiento gravemente
ultrajante para la víctima, por su duración o por las
circunstancias de su consumación (Art. 119, párrafo 2º).
c)
Abuso sexual con acceso carnal (Art. 119, párrafo 3º)
d)
Abuso sexual con aprovechamiento de la inmadurez de la
víctima (Art. 120).
e)
El rapto (Art.130).
Contra la normalidad y rectitud del trato sexual:
a)
Promoción y facilitación de la corrupción de menores
(Art.125: menores de 18 años, párrafo 1º, y de menores de 13
años, párrafo 2º).
b)
Promoción y facilitación de la prostitución (Art. 125 bis:
menores de 18 años, párrafo 1º y de menores de 13 años,
párrafo 2º).
c)
Proxenetismo (Art. 126)
Contra la moralidad sexual:
a)
Rufianería (Art. 127).
b)
Trata de personas menores de 18 años para ejerzan la
prostitución, con sus agravantes, (Art.127 bis).
c)
Trata de personas mayores de edad (Art. 127 ter).
d)
Producción, publicación y distribución de imágenes
pornográficas en menores de 18 años (Art. 128 párrafos 1º y
2º).
e)
Facilitación del acceso de menores de 14 años a
espectáculos pornográficos y suministro de material de ese
carácter (Art. 128, párrafo 3º).
f)
Exhibiciones obscenas (Art. 129)
6. Causas de prostitución detectadas
Cuando se habla de prostitución, se acostumbra a pensar que
solo atañe a las mujeres, pero tal presunción es falsa,
existe prostitución femenina y masculina, de adultos y de
menores, pero es el hombre quien la crea, quien se beneficia
con ella.
La pregunta que surge es: ¿Cabe hablar de predisposición a
la prostitución? Los investigadores en general
sostienen que las posibles causas de la prostitución nunca
son únicas, pero a la causa detonante siempre se asocia a
una causa de base que es una personalidad predisponente
latente que cualquier factor social puede desencadenar,
dicen: no es prostituta la que quiere sino la que puede.
Es común observar en la personalidad de la prostituta que,
ni el erotismo ni satisfacción en el acto sexual forma parte
de su actividad profesional, es decir, que no existen
prostitutas por necesidad sexual. Que la belleza física no
es indispensable para su trabajo y que están directa o
indirectamente relacionadas al accionar de un proxeneta.
Entre las causas detectadas se pueden mencionar:
a)
Pobreza y condiciones de vida : muchas mujeres
agobiadas por una situación económicas y sin aparente salida
honesta, al enfrentarse con la realidad de ganar en una sola
noche el mismo o mayor cantidad de dinero, que una semana de
sojuzgante trabajo honesto, no dudan en la elección, aunque
sea como una salida de “emergencia”, luego su equilibrio
emocional se deteriora y se impulsan a una desenfrenada
carrera por la obtención de dinero, ropas caras, joyas,
etc., a la que una ambición revanchista y desmedida no puede
poner coto.
b) Promiscuidad y marginalidad:
es conocido el problema social que representan las “villas
de emergencia” para la capital y el Gran Bs. As, son
madrigueras de gente marginal y focos de epidemias no
siempre controlables sanitariamente dadas las deplorables
condiciones de higiene. Allí viven familias apiñadas que
duermen todos juntos en una promiscuidad en que las
intimidades prohibidas se hacen inevitables exacerbadas por
el alcohol y las drogas. Algunas adolescentes pasan por la
experiencia ingrata de ser asaltadas por jóvenes maleantes,
naciéndoles un solo pensamiento: escapar del medio. Para
lograrlo se van con el primer hombre que le promete
protección y tras algunos engaños la prostitución suele ser
el fin de sus existencias.
c) Madres solas:
suele suceder que adolescentes quedan embarazadas y luego
son dejadas por su compañero que no les reconoce el hijo
quedándose solas emocionalmente desprotegidas y a veces sin
contención parental. Pero siempre hay alguna amiga que ve
las cosas desde un punto de vista práctico y le propone
salidas “inocentes” con hombres para ganar fácil dinero y
poder darse el lujo revanchista de adquirir vestidos
llamativos que son la envidia de sus amigas “decentes”.
d)
Factores de índole sexual:
insatisfechas sexualmente muchas mujeres no vacilan en
cambiar de parejas en busca de la satisfacción no lograda y
pueden terminar en remuneración aunque le siga faltando
aquel.
Con más frecuencia de lo que puede suponerse existen
prostitutas sado masoquistas y lesbianas.
La anorgasmia de las prostitutas es un hecho conocido y
favorece o da oportunidad a que muchos hombres puedan
realizar el aislamiento neurótico del goce y la ternura, Son
aquellos que por inhibición emocional no pueden “desear allí
donde aman, y no pueden amar allí donde desean” porque se
angustian. A las prostitutas les sucede lo mismo. Entregan
su cuerpo, pero no su mente, que permanece ausente en una
fantasía alejada de la realidad.
e) Coerción:
existen mujeres que al solicitar trabajo decente, son
puestas a “prueba” en su honestidad, por medio de
insinuaciones de hombres de cierto status social que las
extorsionan amparándose en el cargo que ocupan, les truecan
un puesto importante a cambio de aceptación de sus
requerimientos sexuales. Estos señores a los genéricamente
se lo suele llamar “ejecutivos”, muchas veces son los
responsables de desencadenar conductas prostituidas.
Cuantas aspirantes a locutoras, actrices, secretarias,
modelos, sufrieron este proceso para poder llegar a tener un
status dentro de su profesión.
Ciertas mujeres enmascaran su verdadera profesión
(prostitutas), simulando tener ocupaciones decorosas con
las que justificarse ante el “mundo” como una pantalla, y en
realidad son las replicas argentinas de las “call girls”
americanas. Practican la prostitución de alto nivel, son
las chicas que a cambio de suculentas remuneraciones son
requeridas por importante empresas para “amenizar” una
reunión de ejecutivos sobre todo cuando hay que concretar
importantes negocios con otras empresas o cuando llegan
hombres de empresas extranjeras a los que hay que “agasajar”
convenientemente. También a nivel individual hombres de
dinero sobre todo de cierta edad contratan mujeres para
tener relaciones fugaces muy discretas, concertadas por
anticipado casi siempre por medio de alguna compañía
hotelera de gran prestigio que tienen listas completa de
mujeres catalogadas por precios, grados de cultura, idiomas
que hablan, edad, etc., que actúan como “escorts”
(acompañantes) por el tiempo que se estipule. Sin hablar de
las que pululan por ciertas confiterías o lugares de reunión
(en la jerga “gatos”) a la espera de lograr “levantar” a
ciertos personajes para poder resolver sus ambiciones
personales y requerimientos económicos.
Es frecuente también observar sistema de “empresarios” o
“manager” que dan ofertas
de trabajos o contactos de negocios, relaciones públicas,
agencias, etc., y
hombres de cierto status social prometen un puesto
importante a cambio de aceptación de sus requerimientos
sexuales.
Por
otra parte existen prostitutas lesbianas que ejercen el rol
de rufianas y que inician a otras en la prostitución.
f)
Otras causas:
concadenadas con las causas mencionadas se asocian factores
como el desempleo y subempleo, la violencia y desintegración
familiar, los abusos sexuales, decepciones amorosas y
abandono, marginalidad y discriminación, alcoholismo y
drogadicción, infecciones de transmisión sexual, etc
7.
Perfil psicológico observado de la prostituta
Dentro de los rasgos más salientes del perfil de una
prostituta se observan:
cierta limitación intelectual, inestabilidad emocional,
inconstancia y abulia laboral.
Proclividad al desorden financiero, el derroche y al lujo
ostentoso. Conductas irreflexivas superficiales y
transgresoras. Tendencia a la diversión y aturdimiento en
una supuesta vida dedicada a pasarla bien, que contrasta con
el pesimismo y desesperanza con que vivencia su futuro.
Falta de discernimiento entre lo verdadero y lo falso.
Espíritu aventurero irreflexivo sin medir las consecuencias.
Cierta ingenuidad y credulidad en las promesas de terceros.
El orgullo de ser explotada, hecho que facilita la
participación de un proxeneta.
Entre los factores sociales que la impulsan se encuentran:
a) La ausencia de un soporte material, moral, afectivo y
social como un importante factor en cualquier nivel de
prostitución, b) la soledad familiar y las dificultades
económicas, c) habitualmente el estar relacionadas con
parejas indiferentes, sin trabajo, abúlicos que toleran
pasivamente su actividad prostituida.
8. Tipologías
Entre las conductas actuales observadas a veces no es
sencillo delimitar
entre una conducta liberal y una prostituida;
una
sexualidad libre,
de una
sexualidad promiscua
y sobre todo las manifestaciones de una
prostitución enmascarada.
Se describen diversas tipologías relacionadas a la actividad
prostibularia:
a) Las explotadas
Aquí aparecen las:
Mancebas: viven en un burdel controladas por la madama.
Sedentarias: ocupan pequeños cuartos donde viven y
trabajan, explotadas por proxenetas.
Coperas o
cabareteras: trabajan en cabaret y bares nocturnos.
Bailarinas:
trabajan en clubes nocturnos
b) Las semi independientes
“Gatos”: figuran en “books” de hoteles de lujo y el
administrador arregla la tarifa. Suelen trabajar socialmente
en otra cosa.
“Calls girls”: trabajan bajo el sistema de citas telefónicas
con clientes conocidos exclusivos o recomendados
“Escorts”: venden compañía y servicios sexuales a clientes
reunidos en congresos o reuniones como compañeras de noche,
viaje o paseo.
c)
Las vividoras
Mantenidas: viven con un hombre a cambio de subsistencia por
un lapso incierto, desempeñando tareas de “pareja” sin
hijos.
Oportunistas: son mujeres que para acceder a un empleo,
ascenso o prestaciones acceden a solicitudes sexuales de su
jefe, líder o patrón.
e)
Las independientes
Trotacalles o patinadoras: deambulan por las calles, centros
comerciales y terminales. Usan hoteles. Son las que se
muestra a la vista y son conocidas por todos. Se exponen y
están a merced de la policía. Algunas con protección del
rufián, otras luchan por el territorio. Las prostitutas en
parques, bosques y jardines abiertos al público revisten
formas singulares (siempre expuestas al peligro o amenaza
permanente)
Itinerantes o ruteras: siguen las rutinas de los camioneros,
viajantes, etc., en las rutas, las carreteras, refugios,
paraderos, etc.
Habitúes de bares y confiterías: se sientan en mesas
esperando el “levante” del parroquiano.
Masajistas:
publicitan en forma enmascarada su verdadera actividad en
páginas clasificadas de diarios.
9.
El Proxeneta rufián o alcahuete
Constituye en la persona que fomenta la actividad del TSC.
Varón o una mujer con los contactos suficientes para
promover, facilitar o contribuir a la prostitución de
personas de cualquier sexo.
Es
un tercero que se entromete entre dos personas, para que una
acceda al deseo carnal de la otra. La figura de rufián está
contenida en el Código Penal.
Las
Características del proxeneta:
A) Ocasionales o circunstanciales: clientes que terminan
siendo el “capricho” de la prostituta. Amigo de la
prostituta que le pide dinero en forma sistemática.
Delincuente excarcelado sin trabajo al que protege.
B) Los habituales: perezosos, abúlicos atraídos por la vida
fácil y dispendiosa que comparten la vivienda con su
“protectora”. Vividores con condenas reiteradas por
proxenetismo. Violentos por adicción por el dinero.
C) Los profesionales: distantes fríos comerciales
“empresarios” del sistema o “managers”. Manejan ofertas
de trabajo, contacto de negocios, relaciones públicas,
agencias, etc.
Prostitutas lesbianas que ejercen el rol de rufianas
10.
El prostituto
Los
bisexuales “taxi boys” son aquellos varones que ofrecen sus
servicios sexuales tanto a varones como a mujeres.
El
prostituto recibe diferentes denominaciones: “gigoló”, “taxi
boys”, “bufarrón”, “striper”, etc.
El
varón travestista que se prostituye ofreciendo sus servicios
sexuales exclusivamente a hombres, asumiendo ambos roles:
activo y pasivo.
La
caracterización de la prostitución masculina:
a)
Se relacionada con la homosexualidad,
b) Suele ser más marginal y violenta que la femenina,
c)
Sin organización como la prostitución femenina,
d) Generalmente la ejercen travestistas que se acercan (a
diferencia de las prostitutas que esperan ser escogidas), a
los clientes que son habitualmente varones bisexuales
casados
que
sienten mutilada su parte homosexual por represiones
familiares o sociales y encuentran en la prostitución
homosexual una forma segura y tranquila de satisfacción de
sus necesidades sin arriesgarse o comprometerse. Los
servicios que ofrecen incluyen gran variedad de posturas y
prácticas y los dan en un hotel cercano, en un coche o en un
departamento.
e) También suelen ser taxi boys que prestan servicios
bisexuales. Las mujeres pagan mejor.
f) Se ha observado una mayor asociación a drogadicción.
No
se encuentran organizados como la prostitución femenina. No
hay un servicio de salud o de asistencia social dentro de un
marco integral para un mejor acercamiento al fenómeno.
11.
Los clientes
El cliente es una
categoría de sumo interés, tomando en cuenta que éste es el
alma y la razón de la existencia del TSC. En la temática del
TSC existe una relación en la que interactúan dos fuerzas:
la oferta, constituida por el o la TSC, que ofrece sus
servicios, a uno o varios clientes a cambio de una
remuneración o compensación no siempre económica por una
parte y, por otra, la demanda, constituida por los clientes,
quienes desean satisfacción sexual y pagan por conseguirla.
En su
generalidad, el cliente es anónimo. Tiene derecho al respeto
y jamás se le inquieta. Sin embargo, uno debe preguntarse
quién hace vivir a los proxenetas y a las prostitutas, y
necesariamente llegará a la conclusión de que es el cliente,
quien se constituye en otro de los actores principales que
promueve y fomenta el TSC.
Uno puede
interrogarse sobre las motivaciones de los clientes, quienes
acceden a este tipo de servicios. Pero las respuestas son
pocas, ya que los mudos de la historia son los clientes. Sin
embargo, se puede afirmar que en líneas generales los
clientes al recurrir al TSC femenino buscan remedio a dos
clases de trastornos:
a) los problemas
relacionales (timidez, impedimento anímico y carencia de
afecto),
los problemas
psicosexuales (disfunciones como la eyaculación precoz,
desviaciones sexuales, etc.).
En lo referente
al TSC masculino, se puede advertir que los clientes varones
desean satisfacer sus impulsos homosexuales con estos servidores
sexuales, en tanto que se puede presumir que las
clientes mujeres manifiestan una insatisfacción sexual con
su pareja formal, o bien por que buscan una aventura
informal sin complicaciones de otro tipo.
12. Prostitución
infantil
La prostitución
infantil y juvenil es otro gran problema, ya que atenta
contra un grupo altamente vulnerable y desprotegido. Ésta
generalmente se debe a problemas de pobreza, la cual se ve
agudizada debido al régimen económico en actual vigencia.
Se identifican
las siguientes características sobre la prostitución
infantil y juvenil en especial en América Latina:
La agudización de
las deudas de los países pobres y la profundización de la
dependencia de éstos hacia los países desarrollados, hacen
que, en el caso de la prostitución infantil, se utilice
como estrategia de supervivencia de los sectores más
empobrecidos ya no como una opción de vida, sino una forma
de esclavitud.
Pero existen
otras formas de prostitución infantil que no están
directamente relacionadas con las situaciones de exclusión
socio-económica y política más críticas, sino más bien
determinadas por elementos axiológico-culturales como el
consumismo y la presión hacia el éxito.
Así a los
determinantes económicos se suman factores culturales que
reproducen y mantienen la situación de opresión de la mujer.
La prostitución es una expresión de esta opresión, pero
también, de la opresión a otros grupos vulnerables como
niños, niñas y adolescente. Si bien se reconoce que también
existe prostitución de varones, se entiende que la mayoría
son niñas y jóvenes de sexo femenino.
Los Medios de
Comunicación Social entregan contenidos y mensajes que
contribuyen al desarrollo de una sexualidad malsana que
utiliza a la mujer y los niños como objetos publicitarios.
Los sistemas
legales de nuestro país presentan serias deficiencias en
relación a los menores: no existen mecanismos efectivos de
protección ante situaciones de explotación, abuso y
maltrato, ni tampoco voluntad política para generarlos.
Las autoridades
en muchos casos, lejos de resguardar los derechos
ciudadanos, establecen redes de complicidad con quienes
detentan el poder económico ligado a la explotación sexual.
Estas redes tienen distintos niveles de visibilidad en los
países.
Los servicios de
salud no están preparados y no posibilitan el acceso a un
grupo importante de los sectores excluidos y menos aún a
niñas en situación de prostitución, lo que implica que éstos
estén mucho más desprotegidos que los adultos prostituidos y
por lo tanto más expuestos a enfermedades venéreas y el
Sida.
Los problemas no
terminan con el hecho de que un niño, niña o adolescente se
prostituya. La sociedad en general ingresa en un período de
franca descomposición, lo cual implica un deterioro general
en las condiciones de vida, una pérdida de valores y una
agudización de la anomia. También es importante considerar
que un niño o niña no puede, debido a su edad y todo lo que
ello implica, discernir entre salud y enfermedad, prevención
y cómo realizarla. Por ello está más expuesto a
enfermedades, drogadicción y embarazos.
Además, se debe
considerar que en muchos hogares cuya cabeza es una mujer
que ejerza la prostitución existe una criatura que recibe
pautas que facilitarán su ingreso a la prostitución. Por
otra parte, está el hecho de que el aumento en el número de
mujeres infectadas generará mayor demanda de prostitutas
"seguras", suponiendo que aquellas de menor edad han tenido
menos oportunidades de contagio.
Como se podrá
observar, las condiciones de vida en la calle o en el medio
de la prostitución generan mecanismos de adaptación, que
pueden afectar la posterior inserción en otros ám |