Lección
16
¿Cuándo ha terminado una enfermedad
mental?
Carl Wernicke
(Traducción:
H. Marietán - C. Piechocki)
¡Señores! La cuestión de si y cuándo una psicosis que
no ha llegado a curarse debe considerarse terminada, es,
después de todo lo que sabemos hasta el día de hoy, una
de las más difíciles que puedan plantearse, y a pesar
de eso de importancia tanto teórica como práctica. Desde
el punto de vista teórico su importancia se deduce de
la consideración de que en el resultado de la autopsia
encontramos solamente los residuos de modificaciones patológicas
del órgano de asociación (2), y no a éste. Desde el punto
de vista práctico los casos realmente terminados se equipararían,
en otros ámbitos patológicos, a las curaciones defectuosas.
Dado el caso, nada se opondría a su alta del establecimiento
psiquiátrico, en tanto que la modificación del contenido
de la conciencia sea de naturaleza inofensiva, como suele
ocurrir por ejemplo con los supuestos inventores y fundadores
de nuevas ideologías. Los puntos de referencia que poseemos
para la crítica de esta cuestión serán buscados, desde
luego, exclusivamente en el ámbito de la sintomatología.
Por lo tanto nuestra tarea consiste en examinar los síntomas
psicóticos que hemos conocido hasta ahora para saber si,
y en qué medida, son la expresión de un proceso patológico
que todavía florece. Esto será de la mayor importancia
para las ideas delirantes de explicación (Erklárungswahnvorstellungen),
en razón de su significación preponderante en casi todos
los estados paranoicos. De hecho, con frecuencia éstas
(las ideas delirantes de explicación) se presentan como
una serie sin fin, en la que una hace surgir de sí a la
otra, de manera que el proceso de la construcción delirante
comienza siempre de nuevo. En otros casos en cambio vemos
que persiste la misma modificación del contenido y se
le agrega un delirio de explicación (Erklárungswahn) sólo
alusivamente. Seguramente se puede establecer una diferencia
evidente en estos diferentes modos de reacción; la cuestión
sólo es si esa diferencia está fundada en una verdadera
situación patológica. Más arriba he señalado ya que una
reacción enérgica a la modificación, una vez que ésta
ha comenzado a producirse, del contenido de la conciencia,
debe ser considerada en sí como una actividad normal del
pensamiento. y que tanto las ideas delirantes de explicación
como el proceso, interiormente ligado a ellas, de la corrección
anterior del contenido de la conciencia, no pueden fundarse
en procesos patológicos. De todos modos, también esta
corrección ulterior tiene como condición previa el hecho
de que la modificación del contenido de la conciencia
sigue siendo de interés dominante para el enfermo. El
ejemplo más sencillo que se nos ofrece aquí es la ocurrencia
delirante (Wahnidee) de un enfermo mental que no ha llegado
al conocimiento de su enfermedad, de manera que en la
época de su enfermedad cree que fue encerrado ilegalmente
y privado de su libertad. Podemos suponer que semejante
enfermo, al retomar una actividad regular y al regresar
a una situación ordenada encuentra tantos otros intereses
normales, que es necesario poseer un temperamento particularmente
desdichado para que su interés principal se centre en
la injusticia supuestamente sufrida. Pero supongamos que
haya sufrido este destino un jurista imbuido de la idea
del derecho: entonces el interés centrado preponderantemente
en la injusticia sufrida y la formación de nuevas ideas
delirantes de explicación sería perfectamente excusable.
El jurista haría reclamos y demandaría una reparación.
Pero "lo que le ocurre a uno, también le ocurre al otro";
por lo tanto no hay nada más inmediato que la idea que
también otros sufrieron la misma injusticia. Si sus reclamos
son rechazados, entonces creerá que seguir reclamando
su derecho no sólo es una deuda que mantiene consigo mismo,
sino también con sus camaradas de sufrimiento. La respuesta
siempre contraria sacude su fe en la justicia, llega a
la suposición de que los jueces han sido sobornados, tal
vez de parte de los mismos que al principio tuvieron interés
en llevarlo al hospital psiquiátrico, o que la justicia
fue doblegada para ocultar el presunto error cometido
por la institución. Esta experiencia propia también es
generalizada. Nuestro jurista considera todas las tratativas
judiciales bajo este punto de vista y construye de esa
manera siempre nuevos falsos juicios. Hagamos la suposición
perfectamente posible de que la esposa dispuso su internación
en el hospital psiquiátrico. Ya en el hospital el jurista
comienza a sospechar que su esposa mantiene relaciones
con otro; el jurista ha luchado en contra de esa idea
y durante un tiempo logró reprimirla. Pero ahora, fuera
del hospital, la sospecha aparece de nuevo, el jurista
comienza a observar todos los actos de su mujer bajo este
punto de vista, presta atención a cosas que antes no había
observado nunca, atribuye a las expresiones un sentido
insidioso, etcétera. Si a consecuencia de esto se llega
a los afectos esperados también normalmente, entonces
surgen los celos enfermizos, la locura de los celos con
todos los conflictos, que terminan con la nueva internación
del enfermo. En todas estas acciones y contrariedades
el enfermo juzgará su relación con otras personas y las
instituciones de la sociedad de manera errónea, según
el punto de vista parcial de si éstas lo apoyan a él o
a la parte contraria. Vemos constituirse así toda una
cadena de juicios falsos, ideas delirantes puras (Wahnvorstellungen),
cada eslabón puede ser la consecuencia lógica del anterior,
y cada estación en todo el camino puede ser el punto de
partida de la querulancia, las injurias y la violencia.
De hecho, estos enfermos mentales no curados son impredecibles
en sus actos. Queremos investigar ahora cuáles son las
condiciones que, a pesar de una enfermedad mental en realidad
superada, llevan a un desenlace tan funesto. Hemos señalado
ya más arriba que la individualidad particular desempeña
un rol grande. He acentuado también la importancia de
una ocupación adecuada, pues ésta puede dirigir el interés
del enfermo por un camino normal. Además serán de gran
importancia las relaciones y el medio social del que depende
el enfermo. Si tiene que ver con gente ignorante que cree
en su falsa interpretación de lo ocurrido y lo fortifica
en ella, si se abisma en las informaciones periodísticas
igualmente ignorantes de sus compañeros de destino, entonces
volverá a excitarse y apenas si podrá escapar a la construcción
delirante que sigue produciéndose, mientras que cada día,
cada semana que transcurre después del alta sin que el
enfermo haga valer sus supuestos reclamos y piense en
ellos, es para él una ganancia y favorece el debilitamiento
de este círculo de intereses de contenido falso . De manera
que un estado de ánimo efectivo debe considerarse la condición
previa más general del delirio de explicación. Progresivamente
y en casos favorables, los mismos enfermos advierten que
el reavivamiento de su época de enfermedad tiene sobre
ellos un efecto negativo, y yo podría mostrarles numerosos
enfermos de ese tipo que ahora están en medio de la vida
y se mantienen por sí mismos, que hablan de muy mala gana
de su época de enfermedad y con ello incluso oponen grandes
dificultades a la exploración médica. De estas reflexiones
surge para la práctica la conclusión de que nunca se es
suficientemente cuidadoso con el alta de enfermos mentales
que sólo han mejorado, mientras que por otro lado no puede
prescindirse de ella (del alta) como un medio de fortificar
los intereses normales del enfermo mediante una vida activa
e independiente, y asegurar así la posibilidad de una
restitución ulterior. Por otro lado, lamentablemente,
será inevitable que los enfermos regresen a la vida de
relación sin encontrar una actividad regular y vínculos
sociales ordenados, es decir, bajo condiciones que no
sólo son perjudiciales por la falta de intereses normales,
sino que incluso pueden disponer al surgimiento de afectos
deprimentes. Entonces su interés primordial puede estar
dirigido a la injusticia sufrida, puede establecerse un
estado afectivo y reaparece la construcción delirante,
que sigue su camino. Vemos entonces que la situación individual
puede decidir sobre el desenlace, una prueba más de la
corrección de nuestro punto de vista, de que la formación
de ideas delirantes de explicación no puede basarse en
un proceso de enfermedad que continúa. Otra prueba de
esto consiste en la particularidad de que en ciertas enfermedades
agudas es característica precisamente la falta de ideas
delirantes de explicación y va pareja con un pronunciado
defecto, un fallo aparente de la actividad del pensamiento.
La construcción delirante falta en esos casos, precisamente
porque falta la elaboración normal de la modificación
del contenido por medio del mecanismo de asociación. Con
la mayor parte de los otros síntomas conocidos ya por
ustedes las cosas ocurren de una manera completamente
diferente que con las ideas delirantes de explicación.
En primer lugar hay que considerar aquí como medio principal
de sistematización los síntomas de la falsificación aditiva
y sustractiva de los recuerdos y del delirio de relación
(Beziehungswahn) retrospectivo. Parecen instalarse, como
hemos señalado ya más arriba, cuando la estructura firme
de las asociaciones se ha aflojado en gran extensión por
los procesos de sejunción (Sejunction). Pero como en la
presencia de esta condición previa pueden faltar los mismos
síntomas sin que los explique un auténtico estado de defecto,
entonces nos vemos obligados a suponer que estos síntomas
tan esenciales para la construcción de un sistema delirante
deben tener todavía otra causa. La suposición más próxima
es que para ello es necesaria no la sejunción ocurrida,
sino la que todavía debe ocurrir, es decir, el proceso
de la enfermedad que sigue desarrollándose. Por lo menos
esta suposición es la más verosímil para los otros tres
síntomas de las ideas autóctonas, de las alucinaciones
y del delirio de relación, por supuesto que con una cierta
limitación. Les recuerdo que hemos aprendido a conocer
en la alucinosis residual un estadio de la enfermedad
que en su momento hemos considerado, simultáneamente con
el delirio de relación que corre parejo, una consecuencia
de procesos de sejunción ya transcurridos. Tal vez convenga
modificar esta exposición en el sentido de que corresponde
a una etapa de extinción, de la disminución de los procesos
de sejunción, es decir, una etapa en la que han desaparecido
ya los procesos más agudos de la sejunción y todos los
otros síntomas graves de una psicosis aguda, por lo que
pueden aparecer con toda su pureza los síntomas elementales
mencionados anteriormente. Más arriba hicimos la suposición
de que puede producirse un acostumbramiento de la excitación
por medio del reflujo de la corriente nerviosa y de esa
manera los síntomas señalados pueden hacerse habituales,
mientras que el proceso patológico se detiene. Evidentemente,
esa suposición sólo sería cierta para los casos en los
cuales se hubiera sufrido durante mucho tiempo fonemas
y delirio de relación, también en la época de la etapa
más aguda de la enfermedad, y para esos casos habría que
aceptar la posibilidad de que en cierto modo se eternicen
como perturbación puramente funcional. Aparte de eso,
se justifica ver en los síntomas señalados los signos
de un proceso de enfermedad que todavía existe, aunque
bajo ciertas condiciones se encuentre en extinción. Una
segunda excepción la constituye la presencia del delirio
de relación circunscripto, que hemos conocido más arriba.
En el estado totalmente estable que ofrecen estos enfermos.
y en la aparición de ocurrencias delirantes de relación
(Beziehungswahnideen) sólo en situaciones determinadas
o al ver determinados hombres, podemos considerar también
aquí las ocurrencias delirantes de relación como algo
fijo, algo que se ha hecho habitual, por lo tanto también
como el resultado de una modificación funcional. De inmediato
se nos impone aquí la idea de que estas ideas delirantes
de relación tampoco son nuevas en cuanto a su contenido,
por lo tanto no significan un avance del delirio. Y si
aplicamos el mismo criterio a los fonemas habituales y
al delirio de relación de los casos mencionados anteriormente,
entonces es posible que también ellos estén caracterizados
en cuanto al contenido y, a decir verdad, de manera tal
que pueden valer como expresión de las ocurrencias delirantes
existentes pero no llevan al avance de las mismas o al
agregado de nuevas ocurrencias delirantes. De hecho hay
aquí casos de enfermedad pertinentes en los que a pesar
de que continúan las alucinaciones y las ideas delirantes
de relación, nunca se llega a una verdadera formación
del sistema. En general poseeremos en el afecto un signo
para saber si las alucinaciones y las ideas delirantes
de relación se mueven por los caminos acostumbrados o
contienen algo nuevo. La disminución del afecto tiene
por eso a menudo la significación,favorable de que anuncia
una atenuación de las alucinaciones y de las ideas delirantes
de relación y su paulatina desaparición. De todos modos
no es posible confundir una relación íntima entre el afecto
y la aparición de esos síntomas psicóticos activos, pues
los afectos que en razón de su surgimiento deben ser señalados
como normales, a menudo constituyen con visible frecuencia
la causa de la ocasión para la aparición esporádica de
fonemas e ideas delirantes de relación en condiciones
por demás perfectamente estables. Hemos visto ya un ejemplo
de ello en el raro caso de la aparición de fonemas aislados
en los querulantes. Esa es también la razón por la cual
hay enfermos con procesos de sejunción sólo extendidos
hasta cierto punto a los que, después de su curación relativa,
a menudo se recomienda quedarse en el establecimiento.
Todo intento de volver a la dura lucha por la existencia
tiene como consecuencia un recaída en los síntomas psicóticos
agudos, y sólo un establecimiento bien organizado ofrece
al enfermo la consideración continua y el tratamiento
benevolente, y además la liberación de la necesidad material,
que constituye para esos enfermos la condición previa
de su equilibrio psíquico duradero. ¡Señores! En términos
generales se podría afirmar la tesis de que una medida
fina para conocer la constitución más o menos robusta
de un cerebro consistiría en saber qué capacidad de resistencia
tiene contra los afectos, sobre todo de tipo depresivo.
Por eso vemos también a veces que hombres aparentemente
productivos que nunca padecieron una enfermedad mental,
escapan con angustioso temor a las ocasiones de afectos
más fuertes, que son inevitables en la elaboración psíquica
de acontecimientos irritantes. Por otro lado no hay nada
que me demuestre mejor la parcialidad de la perturbación
y la existencia de una productividad sana del cerebro,
en oposición a la "deformación" afirmada, que el ánimo
alto y la alegría por la lucha, con la que numerosos querulantes
continúan la lucha por sus derechos hasta el extremo,
a pesar de todos los desengaños y contrariedades. ¡Señores!
Como criterio principal para saber si la enfermedad ha
terminado realmente, debemos tener en cuenta el intento
de si el regreso a la vida burguesa se realiza con éxito.
Ese intento debería realizarse si de alguna manera resulta
viable, y la misión del establecimiento, crear artificialmente
las condiciones para una vida activa y más libre, debería
ser reservada sólo para aquellos inválidos que no pueden
existir de otra manera. Un segundo criterio es igualmente
importante, pero en casos individuales a veces es erróneo.
Consiste en el comportamiento de la salud general. La
expresión más tosca de ello es un peso corporal constante
relativamente alto. Las perturbaciones del sueño y del
apetito quedan así excluidas. La influencia, sorprendentemente
grande para los legos, que tiene el cerebro para la alimentación,
se nos hará particularmente patente en las psicosis agudas.
Pero se muestra también en las psicosis crónicas y en
general en los estados paranoicos en el hecho de que cada
brote más agudo y todos los estados patológicos del afecto
coinciden con una disminución del peso corporal, que sólo
puede ser explicado por medio de influencias tróficas
específicas y a menudo se encuentra en evidente oposición
al equilibrio aparentemente invariable entre entrada y
salida. Aquí se ofrece una tarea provechosa para los experimentos
sobre las materias de cambio, que sin duda alguna llevarán
a un resultado interesante e instructivo.