|
Historia de la Psiquiatría
Sobre una singular enfermedad de la corteza cerebral
Dr. Alois Alzheimer
Reporte de un
caso del Instituto Mental de Frankfurt am Main. El examen
clínico y la autopsia del sistema nervioso central fueron
realizados por el Dr. Sioli, director del Instituto.
Introducción
Presentamos
el clásico y breve trabajo donde, por primera vez, se
describe la demencia presenil que lleva el nombre de este
ilustre investigador. El articulo original fue publicado en
el Allgemelne Zeltschrlft für Psychlatrle und Psychich-Gerlchtllche
Medlzln, volumen 64, página 146, año 1907, con el título
“Uber eine eigenartige Erkrankung der Minrinde”.
Traducción:
Dres. Enrique J. Faccio y Juan C. Goldar.
Artículo
El curso
clínico y la patología de este proceso distinto, lo separan
de los trastornos neurológicos conocidos.
La paciente
inicialmente se presentó a los 51 años de edad con celos
hacia su esposo. Una progresiva pérdida de memoria siguió
rápidamente. No encontrando apropiado su departamento, ella
arrastró sus muebles y adelante y los tapó. Ella comenzó a
creer que querían matarla, y gritaba fuerte.
Después de su
internación ella apareció completamente aturdida. Ser
encontraba desorientada en tiempo y espacio, y
ocasionalmente decía que no entendía aquello que en torno a
ella acaecía. Trataba a su médico como a una visita, se
excusaba y expresaba que no había terminado su labor. A
continuación vociferaba en alta voz que él intentaba
clavarle un cuchillo o bien lo expulsaba con indignación,
temiendo una violación. De modo intermitente deliraba,
deambulaba alrededor de su cama, llamaba a su esposo y a su
hija, y parecía encontrarse bajo alucinaciones auditivas.
Con una voz monstruosa vociferaba durante horas.
Era incapaz
de entender situaciones y gritaba cada vez que alguien
intentaba examinarla. Sólo después de reiterados intentos
pudo realizarse el examen.
Podía nombrar
relativamente bien los objetos que se le mostraban. No
obstante, la aprehensión estaba alterada. Inmediatamente
después de nombrar los objetos, los olvidaba. Al leer
saltaba de una línea a otra, expresando letras por separado
o hablando sin sentido. Mientras escribía, repetía simples
sílabas, omitía letras y se confundía muy pronto. Cuando
hablaba utilizaba frases extrañas o cometía errores
parafásicos (“leche derramada” en vez de “taza”). Dudaba
durante su discurso. No entendía ciertas preguntas que se le
formulaban.
Parecía haber
olvidado como utilizar algunos objetos. Los rendimientos
manuales y la marcha no estaban alterados. Los reflejos
patelares y la reacción pupilar se conservaban. Había
rigidez en sus arterias radiales. No había cardiomegalia ni
albúmina urinaria.
Sus síntomas
focales iban y venían; pero, aún reducidos, eran
permanentes. Sin embargo su deterioro mental progresaba.
Murió después de cuatro años y medio. Antes de fallecer se
volvió apática, se iba a la cama con sus ropas, no realizaba
la higiene personal y sufrió escaras a pesar de los cuidados
de enfermería.
Los cortes de
cerebro mostraron atrofia generalizada. Los vasos cerebrales
de mayor tamaño presentaban ateroesclerosis. Con la técnica
de plata de Bielchowsky, las secciones dejaban ver cambios
neurofibrilares. Fibrillas gruesas, muy fuertemente teñidas,
todavía estaban entre las pocas células que permanecían
normales. Gran parte de la trama fibrilar se condensaba en
gruesos fascículos que finalmente aparecían en la superficie
de la célula. En los estados más avanzados, cuerpo y núcleo
celulares sufrían desintegración, dejando sólo una banda
fibrilar en el lugar dónde anteriormente estaba una célula
ganglionar.
Estas
fibrillas se teñían de un modo diferente a las normales,
sugiriendo que podría haber ocurrido una transformación
química. Tal transformación explicaría la conservación
fibrilar a pesar de la destrucción celular. Esta alteración
parecía vincularse con el depósito de un material, no
descrito previamente, en las células ganglionares. Entre un
cuarto y un tercio de las células corticales ganglionares,
particularmente de los estratos superficiales, habían
desaparecido.
En toda la
corteza, especialmente en las porciones superficiales, se
mostraban focos miliares, resultante del depósito de una
sustancia peculiar. Este material pudo reconocerse en virtud
de ser refractarios en las secciones no teñidas.
La glia
mostraba numerosos filamentos y vacuolas de grasa. No había
infiltración vascular; pro se vio proliferación endotelial y
neoformación vascular.
Tenemos la
impresión de que todo esto representa una entidad singular.
En los últimos años mas casos han sido confirmados. Estas
observaciones sugieren que no debemos contentarnos con
clasificar clínicamente un caso sin realizar el máximo
esfuerzo por investigarlo. Hay, sin duda, muchas más
enfermedades que las descriptas en los textos. En algunos
casos, las características peculiares serán confirmadas
histológicamente. Después de un tiempo llegaremos al punto
en que podemos aislar casos simples de las más grandes
clasificaciones, y de este modo, definir con mas claridad
cada entidad clínica.
|