Sólo para estudiantes y
profesionales de la salud
CURSO SOBRE ESQUIZOFRENIA
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Derechos Internacionales Reservados
Séptima Lección
En esta clase
presentaremos un artículo publicado en la Revista
Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica Alcmeon, en donde
se describen por primera vez los pensamientos paralelos
concientes (PPC), relacionándolos con la esquizofrenia.
Luego de este artículo discutiremos la Doxografía sobre la
esquizofrenia. Gracias por participar y enviar sus
inquietudes. Saludos.
ALCMEON 25
www.alcmeon.com.ar
Año IX - Vol.7Nro. 1-
Junio 1998
Pensamiento Paralelos Concientes (PPC)
Hugo Marietán
Resumen
En este trabajo se elabora
el constructo teórico de los pensamientos
paralelos concientes (PPC)
como origen de varios síntomas estudiados por
la psiquiatría, como la
percepción delirante, las alucinaciones, pensamiento
de influencia, etcétera.
Se diferencian los pensamientos que el paciente
considera como propios,
los pensamientos en serie concientes (PSP), de
los que considera como
extraños a él, los PPC. Para comprender el
concepto se parte de la
noción de que el percepto resultante de la
sensopercepción es una
construcción derivada de las señales externas y la
información proveniente de
la memoria.
La
información
El humano, como cualquier
ser biológico, necesita de la información para
ubicarse en su medio. La
información la definimos, de acuerdo al concepto
de la física, como el
descenso de la incertidumbre, y como un sistema
ordenado que se opone al
sistema entrópico (caos). El concepto de sistema
ordenado lo podemos
entender si decimos que solamente aquellas señales
que pueden ser ordenadas
de acuerdo a nuestro sistema lógico pueden ser
entendidas. De la
multiplicidad de señales que emanan de la realidad,
captamos aquellas que
pueden ser decodificadas, es decir ordenadas, a las
cuales les podemos dar
forma, y eso es información.
Para ser captada, la señal
proveniente de un objeto depende de un sistema
sensoperceptivo que tiene
el organismo para tal fin. Este sistema comienza
en los órganos de los
sentidos que lleva una información bruta (sensación)
al cerebro, donde es
procesada y da como resultado la imagen. En
consecuencia, la sensación
en bruto (S), la estimulación primaria, no da
cuenta de la
identificación del objeto, que necesita sí o sí de otro
procesamiento interno para
lograrlo, la información almacenada que, por
definición, la denominamos
memoria. Llamamos representación (R) al
material mnésico que
utilizamos para complementar la sensación e
identificar el objeto.
El percepto (P), la imagen
resultante, es una combinación entre la sensación
y la representación (S+R=P).
Se entiende que el percepto es ya una
conclusión, un respuesta a
la pregunta ¿Qué es esto?, un juicio de
identificación, un
pensamiento. La representación (que aporta la memoria)
hace que el resultado
tenga un alto componente subjetivo. De esto se
desprende que lo
sensoperceptivo es una construcción entre señales
provenientes de lo externo
e información proveniente de la memoria. Se
deduce que la llamada
objetividad está apoyada más en el consenso de
varios observadores que en
la captación de una realidad pura.
En tanto humanos no
podemos captar la realidad en su esencia. Como
especie tenemos
información de una parte de la realidad, la que nos es
útil
o que nuestros órganos
están preparados para recepcionar. Del resto no
tenemos conocimiento. La
"mente" necesita, entonces, elaborar hipótesis
que rellenen este vacío de
conocimiento (creencias, ilusiones y otros
artificios), para evitar
el exceso de incertidumbre que genera temor. Tal
vez otro ser viviente con
distintos órganos sensoriales percibiría de
diferente manera la
realidad.
Así, la función a la que
se le asigna el mayor grado de objetividad, la
sensopercepción, tiene una
alta carga subjetiva (R) y es, en consecuencia,
relativa.
La construcción
sensoperceptiva es una acción global del psiquismo que se
vivencia en el campo de la
conciencia (CC); lo llamamos así porque
tenemos conocimiento de
este proceso. Este CC es virtual, no tiene
existencia real en nuestro
interior (como tampoco la imagen de que se ve en
la pantalla de una
televisor tiene existencia real dentro del televisor),
sino
que es el resultado de
múltiples interacciones binarias neuronales que se
activan (1) o no (0). Y
así como nunca encontraremos la imagen de Mirtha
Legrand detrás de la
pantalla aunque desarmemos todo el televisor,
tampoco hallaremos la
imagen de una silla que observamos en ninguna
parte de nuestro cerebro.
El resultado de este trabajo cerebral se
"proyecta" en un campo
virtual.
Si le prestamos atención a
este razonamiento podemos utilizarlo para
encarar una hipótesis
sobre la ilusión.
Ilusión
La definición clásica de
ilusión dice que "es la percepción deformada de un
objeto real".
Para entender este
concepto debemos comprender que la sensación es
complementada adecuada y
armoniosamente por una representación para
identificar el objeto. Si
falla alguno de estos elementos, la identificación
que vamos a realizar es
falsa. Eso es lo que ocurre en la ilusión. La
sensación es
sobrecomplementada con la representación y da una falsa
hipótesis de
identificación. El ejemplo clásico es cuando tenemos gran
expectativa de que llegue
una persona. Miramos a lo lejos, vemos una
persona con
características similares, pero no tenemos la suficiente
precisión en cuanto a los
datos de la sensación (S). Lo vemos de lejos, es
rubio, alto; con esos
pocos datos más lo que nosotros anhelamos, decimos
"Es Juan" (S+R=‘P’). Se
acerca la persona, va mejorando nuestro nivel de
información, a través de
la sensación (S), nuestros almacenes de memoria
van trabajando y haciendo
una complementación más ajustada y decimos
"No, no es Juan, es
parecido a él" (S+R=P). En ese primer momento, que es
ilusorio, vemos a Juan.
Pero no porque la sensación sea la adecuada, sino
simplemente porque estamos
sobrecomplementando con nuestra
representación en función
de la expectativa que tenemos.
Como dicen los clásicos,
puede haber una falta de información en lo
referido a la sensación,
por agotamiento o por inatención. Para atender
adecuadamente debemos
focalizar nuestra conciencia sobre algo; si
estamos cansados, si hay
exceso de expectación, si tenemos miedo,
etcétera, no podemos
hacerlo. La ilusión es una sobrecomplementación de
la representación sobre la
sensación. Percibimos deformado un objeto que
es real: ésa es la
diferenciación entre la alucinación y la ilusión. Esquirol
lo discrimina en 1838: una
cosa es la ilusión y otra la alucinación. En la
ilusión el objeto está, no
así en la alucinación.
Alucinación

La alucinación es una
percepción sin objeto, define Esquirol, 1838. El paciente
cree ver, escuchar,
sentir, gustar, oler algo que no está, que no es
consensuadamente visto,
olfateado, etcétera, por las demás personas. Henry
Ey, para darle mayor
precisión a la definición agregó: "Que estimule los
sentidos". Esta definición
está aún vigente.
Pero si nos basamos en el
concepto de que para percibir es necesaria la
presencia del objeto (de
lo contrario no tenemos sensación), no podemos
decir que se percibe si no
está el objeto. Y con la aclaración "que estimule
los sentidos" la
redundancia es mayor.
Certeza
incontrastable
Hay un hecho que es
perturbador: lo alucinado (desde la visión del que
alucina) no aparece en un
contexto distinto al consensuado. Eso es lo
dramático de la
alucinación. Lo alucinado se da en el contexto de las
cosas
no alucinadas, eso es lo
impactante y todavía no resuelto. ¿Por qué, por
ejemplo, el esquizofrénico
percibe todo como el resto de las personas más
eso que no es consensuado?
Éste es un factor de peso para entender la
tremenda certeza que tiene
el esquizofrénico cuando dice "Ese gato está
ahí". Él ve a los doctores
y demás objetos del entorno, con el agregado del
gato. El alucinado
considera que los demás le están "tomando el pelo",
dado que ve al gato con
nitidez. Entonces, o lo están engañando, o los
demás no tienen la
facultad de ver al gato. Con argumentos en contra de la
presencia del gato no
sacamos la certeza del alucinado, porque es el
contraste, para el
alucinado, entre un hecho que observa y las meras
palabras del otro. Tiene
la misma certeza para "el gato" que para los otros
perceptos.
El
consenso como parámetro de realidad
Todas las sensaciones
están complementadas con las representaciones
(S+R=P); en el caso del
aula: la silla, la pared, cada uno de los alumnos, la
ventana... Y si
preguntamos al alucinado qué ve:
S1+R1=P1: "veo bancos",
hay consenso;
S2+R2=P2: "veo pared", hay
consenso;
S3+R3=P3: "veo gente", hay
consenso.
R4= "P": "veo un gato", no
hay consenso. ¿Por qué?
Porque vamos consensuando
de acuerdo a nuestra información sensitiva (S)
que complementamos con
nuestras representaciones (R), llegamos a una
conclusión o
identificación y decimos que sí lo vemos (P). Pero al
buscar
al gato no hay forma de
encontrarlo, al no tener la señal sensitiva no
podemos complementar con
nada, en consecuencia: conjunto vacío, no
vemos el gato. El que
alucina tampoco tiene sensación, porque para tener
sensación tiene que estar
el objeto; lo que tiene es una representación a la
que le da categoría del
percepto "gato". Encontramos algo interesante: este
fenómeno no puede ser
considerado como perteneciente a la percepción,
porque para percibir
necesitamos un objeto. Toda sensación debe ser
complementada con una
representación de tal manera que sea identificado
el objeto. Aquí no juega
sólo lo individual sino el consenso, que es el que
da el juicio de realidad.
Vamos cotejando todos los elementos hasta llegar
al gato. Nosotros buscamos
la sensación (S) y no la encontramos, por lo
que decimos que no hay un
gato. Para el alucinado tampoco hay S, no es
sensación, ya que debe
estar el objeto; inferimos que ese gato es producto
de su representación, que
el almacén de su memoria envía una
representación (R) que es
tomada como un percepto (P). Todos tenemos
representaciones,
imaginamos cosas, pero no le damos la categoría o
calidad de percepto. Por
eso decimos que esto no es un fenómeno
relacionado con la
percepción, dado que ella identifica, discrimina. Aquí
una representación es
confundida con un percepto. No se da en el campo de
lo externo, sino en la
interioridad del sujeto, en la virtualidad del campo de
conciencia.
La
alucinación como trastorno aperceptivo
Si unimos el percepto
"silla, pared, gente, ventana" tenemos una idea global
o integradora de aula.
Esta función que se denomina apercepción (tiene un
mal nombre porque el
prefijo "a" significa sin, falto) es lo que da la idea de
globalidad (aula,
dormitorio, gentío), la sumatoria de las identificaciones.
Y así tenemos:
1) La sensopercepción, que
identifica (conciencia de objeto);
2) La apercepción, que es
la idea integradora o global (conciencia de
contexto), y
3) Mi conocimiento con
respecto a esa globalidad que estoy observando,
mi posición dentro de lo
observado. En este caso sería "yo estoy en el
aula". En sentido clásico
se llama conciencia del yo.
Como conclusión inicial la
alucinación "el gato" no sería un trastorno de la
percepción, ya que la
persona percibe adecuadamente (y
consensuadamente) todo el
entorno a lo alucinado. Y que lo alucinado es un
"producto"
representacional no reconocido como tal e integrado a lo
reconocido como percibido
(de fuente sensorial). Luego decimos que es un
fenómeno que se da y
depende de la interioridad del individuo. A esta
representación se le da
categoría de percepto; integra al gato (una
representación) como
elemento del aula (conjunto de perceptos). La
alucinación, así
considerada y en un primer análisis, sería un trastorno de
la
apercepción, de la función
de integrar las señales externas en el campo
virtual de la conciencia.
En esencia, una vez que
tenemos esto como elemento descriptivo podemos
decir, como análisis
posterior, aunque no definitivo, que lo que falla es un
supuesto "filtro" que
discrimina lo interno de lo externo.
Diferencia entre onirismo y alucinación
¿Se puede alucinar más de
un objeto? ¿Se puede alucinar el aula completa?
Aquí hay que diferenciar
la alucinación pura del onirismo. En la
alucinación pura no varía
el contexto, el fenómeno se da en un entorno que
se percibe
consensuadamente. Se agrega algo a lo consensuadamente
percibido. En cambio en el
onirismo (fenómeno que se da en los síndromes
confusionales, producido
entre otras cosas por absorción de LSD,
traumatismos, epilepsia,
etcétera) el paciente vivencia, como en un sueño,
la transformación de todo
el contexto. El observador infiere claramente que
el paciente está "soñando
despierto", no sólo por lo que dice ver, sino
también por su conducta.
Luego que Regís en 1900 hace esta distinción, ya
no se puede parangonar la
alucinación pura con el onirismo como lo ha
hecho Kant e, incluso en
una primera etapa, Freud. Ellos relacionaban el
sueño con la alucinación y
llegaban a decir que la locura era un "soñar
despierto", criterio que
no compartimos.
Los
tipos de alucinaciones
Los clásicos, basados en
la definición de Esquirol de percepción sin
objeto, decían que si la
persona ve algo inexistente es una alucinación de
tipo sensorial visual, si
escucha algo es una alucinación sensorial auditiva,
y así sucesivamente. Pero
con nuestro esquema (S+R=P) se pierde esa
concepción. Para nosotros
no tiene demasiada importancia qué tipo de
representación R (qué
recuerdo visual, auditivo, etcétera) es tomado por
percepto P. Al decir que
un paciente "tiene una alucinación auditiva" se
está convalidando el
antiguo concepto esquiroliano y validando el discurso
del paciente. El
observador se asocia en localizar en el órgano auditivo al
fenómeno, como si partiera
de esta zona. Es decir, le está dando un valor de
sensación, oscureciendo
más el problema.
Decir "el paciente alucina
con representaciones auditivas" o "alucinación
de representación
auditiva", nos parece más clarificador.
La
problemática de las pseudoalucinaciones

En 1846 Baillarger dice
que hay un tipo de fenómeno alucinatorio que tiene
punto de partida en el
interior de la persona. A eso no lo podemos llamar
alucinaciones porque de
acuerdo a la definición de Esquirol reservamos
ese término para cuando la
persona ve lo alucinado como objeto externo a
él. Da las características
de las alucinaciones puras, externa con imagen de
corporeidad y certeza de
ser visto como externo. Dice Baillarger que hay
un tipo de fenómeno en que
la persona escucha cosas y no pertenece a lo
externo. Al preguntar
dónde escucha esa voz la persona se señala la cabeza.
No correspondería a los
parámetros de Esquirol. Éstas son
pseudoalucinaciones o
alucinaciones psíquicas.
Falla de
identificación del propio pensamiento
Consideramos al síntoma
denominado pseudoalucinación auditiva, por el
que el paciente manifiesta
"oír" en su mente voces que no identifica como
suya, como una falla en la
identificación del propio pensamiento.
Conceptualizarlo de otra
manera es caer en la parapsicología.
El paciente dice escuchar
voces que le hablan. Esta posición de colocarse
como testigo del fenómeno
producido por él mismo es llamativo; sin
embargo, creemos que es un
paso posterior y que debemos analizar este
punto desde un inicio.
Perturbación en el campo de la conciencia
Lo inicial es la
perturbación en el campo de la conciencia de la persona.
Este hecho que es
enunciado por todos los autores clásicos como
perplejidad, humor
delirante, trema, etcétera, es la irrupción de algo
distinto en el campo de la
conciencia. Y ese algo distinto es, para nosotros,
la génesis de un
pensamiento en paralelo conciente.
Pensamiento en serie y en paralelo
Si hacemos una auto
observación de la manera de operar de nuestro
pensamiento conciente
llegaremos a la conclusión de que es de tipo "en
serie", es decir,
secuencial, enriquecido por ideas anexas, por una serie de
juicios concatenados, por
razonamientos, pero siempre manteniendo una
idea directriz, una
temática variable, versátil y plástica, que se desplaza
dentro de cierto rango
ideativo y que identificamos mnésicamente como
producida por nosotros.
Podemos en ese tiempo generar, simultáneamente,
pensamientos en paralelo
como es el caso de la solución de problemas,
pero no somos concientes
de ello. No los vivenciamos como que están
presentes en nuestro campo
de conciencia. Sólo nos damos cuenta de su
accionar cuando
encontramos una respuesta "de pronto" a una pregunta que
ya habíamos olvidado. Es
el caso de un problema que no podemos resolver
y abandonamos su
tratamiento, nos ocupamos de otras cosas y pasan horas
o días y, de pronto, la
solución "irrumpe" en el campo de la conciencia
cuando estamos pensando en
otra cosa. Existen múltiples pensamientos en
paralelo, como es el caso
de las variadas "decisiones" que el organismo
debe tomar para su
funcionamiento y que no nos son concientes.
Pensamiento en paralelo conciente (PPC)
El hecho nuevo, decíamos,
es la génesis de un pensamiento en paralelo
conciente. Creemos que al
inicio se da como un sobrepensamiento, como
algo agregado y fuera del
pensamiento serial. Esto lo vemos claramente en
la desafortunadamente
llamada percepción delirante (la percepción no
delira) y que sería mejor
llamarla interpretación anómala (o delirante) de
lo percibido (IAP). Veamos
cómo tipificamos este fenómeno.
Interpretación anómala de lo percibido (IAP)
¿Qué ocurre en la IAP? Un
paciente dice: Estaba caminando y vi a un
hombre rascarse la nuca,
eso quiere decir que me van a matar.
Otro: Viajaba en colectivo
y subieron dos chicos con guardapolvo.
¡Hasta el Ministerio de
Educación me persigue!
¿Qué es lo primero que
llama la atención de estas conclusiones? La pérdida
de lo simple, de lo común,
de lo familiar.
Un hombre se rasca la
cabeza. Este hecho es observado por muchos con
indiferencia. Es un hecho
común, sin trascendencia, no genera alarma en el
grueso de la gente. Lo
mismo que dos alumnos suban con sus guardapolvos
a un colectivo.
El S+R=P no genera ningún
sobresalto: la sensación es complementada por
las representaciones y la
conclusión (P) determina una completud conocida
y no es alarmante.
Sin embargo, en estos dos
casos de IAP, lo simple, lo consensuado, no es
suficiente. Existe una
sobrecomplementación representacional porque "hay
algo más" detrás de lo
simple. Lo común, lo consensuado, para este caso,
perdió su completud. Algo
se agrega a la realidad compartida. Hay una
sobrecarga de
representaciones a lo real. En su campo de conciencia,
aparte de lo percibido,
hay algo que tiene presencia pero no identificación,
y que se intuye implicado
en lo percibido. En consecuencia se elabora una
hipótesis que trata de
significar el fenómeno, un intento de explicación, que
resulta extraña, anómala a
un observador (el término anómalo está tomado
aquí como anormal, no
consensuado).
Esta explicación anómala
de lo percibido a veces sorprende al propio
emisor, ya que al
preguntársele por qué ha dicho tal cosa dice "No sé, pero
es así".
Esta vivencia de certeza o
revelación que se da en la IAP se manifiesta
luego de un período de
desconcierto, de que algo extraño está pasando y no
acierta a traducirlo
verbalmente ni para él ni para otros. Es el período de
perplejidad o humor
delirante de los clásicos.
La IAP es un intento de
asimilación del proceso de pensamiento en paralelo
conciente (PPC), aún no
identificado.
Pseudoalucinaciones auditivas
Un paso posterior es la
verbalización de este pensamiento paralelo. Es
decir, el PPC adquiere
independencia y lenguaje y le es absolutamente
extraño a la propia
persona. El sujeto desconoce que genera estos
pensamientos. Cuando el
PPC se verbaliza y se presentan concatenaciones
lógicas, el paciente lo
trasmite como que le "hablan". Sin embargo, al
menos al principio,
ninguna persona puede decir que esas "voces" que
siente dentro de su cabeza
son iguales a las voces con que le hablan las
otras personas de su
entorno ambiental. Puede distinguirlas.
Voces
que dialogan entre sí
La presencia de varios PPC
determina las "voces que dialogan entre sí". Y
a veces el paciente, con
su pensamiento en serie (que nunca deja de
reconocer como suyo),
interviene y dialoga con las "voces", que identifica
como de otros.
Coherencia y delirio
La explicación que
encuentra el paciente para estos fenómenos constituye
un armado coherente de su
pensamiento en serie frente a sus PPC, pero que
resulta extraño para un
observador, quien llamará delirante a esta forma de
significar.
Persistencia del pensamiento en serie
Lo que queremos
puntualizar es que el paciente no pierde su identidad, es
decir su pensamiento en
serie, que en todo momento reconoce como suyo. Y
también puede reconocer su
biografía.
Para él no se le escinde
la mente, sino que sus PPC son vivenciados como
pensamientos impuestos. Es
alguien que en ocasiones pierde su voluntad,
la determinada por su
pensamiento en serie, por sus PPC, que vivencia
como extraños.
El mecanismo por el cual
se hacen concientes los pensamientos paralelos y
se verbalizan nos es
desconocido.
La
potencialidad ideopráxica
La potencialidad
ideopráxica del pensamiento implica el concepto de que
una idea puede generar una
acción, traducirse en una conducta.
Los PPC son ideas tomadas
por el Pensamiento Serial Conciente (PSC)
como fuera de su circuito
asociativo, como extrañas. Pasado el período de
consternación, de asombro
por la aparición de este fenómeno nuevo, el
PSC realiza dos de sus
tareas esenciales:
a) Identificar los PPC,
b) Encontrar una hipótesis
que los explique, que le permita al PSC
incorporarlo a su lógica.
Estos dos pasos no son
nada nuevo para el PSC: lo ejecuta constantemente
ante cada situación nueva
o ante la presencia de una información no
conocida. Cuando se topa
con un objeto no familiar, es decir que no hay en
el almacén mnésico una
representación complementaria (R) para esa
sensación (S), trata de
encontrar, por asociación, por analogía, referentes
parciales que permitan una
identificación, es decir una respuesta a la
pregunta ¿Qué es esto?
Cuando no hay completud identificatoria, se elabora
una hipótesis
identificatoria provisoria con los pocos elementos
analógicos
de que dispone la memoria
y que son complementados por la imaginación,
es decir, representaciones
asociativas más libres de las sensaciones. Esto
hace que se le dé una
identificación provisoria, pero suficiente para
nominarla de alguna
manera, como por ejemplo, la cosa, el bicho, eso, el
ente, o cualquier
aproximación nominativa.
El segundo paso es
encontrar una lógica, es decir buscarle una analogía con
nuestro sistema de
pensamiento, poder encuadrarlo dentro de las normas y
principios que dan armonía
a nuestro estilo de pensar. Que lo nuevo encaje
en nuestros esquemas de
pensamiento. Para ello es necesario encontrarle
una explicación (¿por
qué?) y una finalidad (¿para qué?). El encontrar estas
dos respuestas hace que el
individuo "entienda", es decir que ubique lo
nuevo en su sistema
lógico.
La persona está tan
habituada a estos procedimientos, identificación y
entendimiento, que si no
los puede llevar a cabo ante lo nuevo, le generan
incertidumbre, displacer,
inseguridad y lo obligan a realizar un gran trabajo
cerebral en el intento de
completarlos. Aclaramos a fuerza de ser obvios,
que lo nuevo debe implicar
fuertemente al individuo, debe interesarle; lo
indiferente no nos motiva.
El
consenso de la explicación
El entender algo puede ir
de lo concreto a lo concreto (una piedra sirve
para hacer una flecha), de
lo concreto a lo abstracto (esta piedra me la
envió Dios), de lo
abstracto a lo abstracto (2+2=4). Cuando se comunican
estos pensamientos, su
grado de validación por los otros, es decir su
consenso, varía. El grado
de consenso de los pensamientos concretos suele
ser muy alto; la gran
mayoría estará de acuerdo en que lo considerado una
piedra es una piedra y que
puede ser usada para hacer una punta de flecha.
El grado de consenso en el
segundo caso es menor y depende ya de un
hecho cultural, de
compartir creencias. Y en el tercer caso se trata de
compartir convenciones, y
tiene validez y consenso en ese rango.
Cuando la comunicación de
un pensamiento sale de estos parámetros, es
considerado como no
entendible, ilógico, no consensuado. Es decir, los
interlocutores no pueden
colocarlo, encajarlo, en sus esquemas lógicos o
creenciales.
Un ejemplo
Un paciente decía: La
primera vez que escuché una voz, estaba jugando
con la computadora un
juego donde debía matar a varios enemigos para
subir a otro nivel de
juego. De pronto escuché que me decían: "así tenés
que matarlos vos". Me
asusté mucho, porque estaba solo en la habitación
y sabía que la voz estaba
en mi cabeza. Dejé todo y me fui al living,
donde estaban mis padres.
Y me puse a pensar qué había pasado, de
dónde venía esa voz y qué
me quiso decir. A los dos días volví a colocar
el jueguito en la
computadora, quería saber si la voz iba a volver.
Lo llamativo es que el
paciente no comunicó a nadie de esta experiencia, se
quedó rumiando solo y
perplejo un posible entendimiento del fenómeno. La
familia comentará que se
lo ve más distraído, callado y que tiende a
quedarse en su habitación
solo por mucho tiempo.
La voz es ubicada por
fuera de su PSC, como de otro, para él es una
sensación (S). Eso es lo
que genera el miedo: lo nuevo no entendido. Esa
voz tenía un mensaje. Ese
mensaje lo implicaba.
En aras de llegar a una
explicación, se vence el miedo y se vuelve a
intentar la experiencia
para saber de que se trata: quería saber si la voz iba
a volver. Es decir, el
paciente trata de encajar el fenómeno en sus esquemas
lógicos.
La aparición del PPC "así
tenés que matarlos vos" verbalizado, audible,
vivenciado como sensación,
genera inicialmente sorpresa, luego
consternación, temor y
perplejidad. Hasta que no encuentre el
entendimiento de lo que le
pasa la intranquilidad no cesará. Es algo
satánico, dirá
inicialmente. Me habla el diablo, afirmará después. Llegar
a esa conclusión hizo que
no durmiera dos noches por el terror. ¿Por qué
el diablo me hablaba a mí?
En este intento de explicación los PPC
continúan vivenciándose
como externos, ajenos a sus PSC y así se
mantendrán a lo largo de
todo el proceso: Una cosa es lo que él piensa (sus
PSC) y otra cosa es lo que
le dicen (sus PPC).
Nadie puede generar un
pensamiento desde la nada conceptual. Lo hace con
elementos ideativos
previos, aun cuando la forma de asociarlo sea
enteramente original o
cuando genera palabras por condensación o
anudamiento de fragmentos
de palabras y emita neologismos. Toda idea
tiene su fuente en lo
mnésico. Y esto es válido tanto para los PSC como
para los PPC.
Las
formas del PPC
Los PPC pueden ser
vivenciados como audibles y con contenido
(clásicamente llamados
pseudoalucinaciones auditivas o alucinaciones
psíquicas), o vivenciados
como imágenes o sonidos provenientes de lo
externo (las llamadas
alucinaciones visuales o auditivas) o como
sobrecomplemento de lo
percibido (IAP). Los PPC son experimentados
como ajenos a los PSC, es
decir como objetos externos y no familiares, y
en consecuencia pasibles
de ser identificados y explicados.
Explicación y delirio
Toda explicación es una
conclusión, un juicio. Los juicios son la base de
los razonamientos. La
comunicación de estos razonamientos puede ser
aceptada (es decir que
coincida con los sistemas lógicos del interlocutor),
tolerada (es decir que el
interlocutor se considere que no maneja los
códigos suficientes para
decodificar el mensaje, pero que tiene posibilidad
en un futuro de
entenderlos, como es el caso de que un científico
comunique
una teoría nueva), o
rechazada (cuando el contenido del mensaje es
considerado absurdo o
imposible de encajar con los sistemas lógicos o
creenciales del
interlocutor). Esta tercera posibilidad es considerada
inicialmente como un
disparate, y su persistencia, como extravagancia o
como un delirio, es decir,
un sistema lógico no consensuado, o sea con una
significación completa
para el emisor pero vacía o absurda para el
receptor.
Pensamiento y conducta
Decíamos que el
pensamiento tiene potencialidad ideopráxica, nos
conducimos de acuerdo a
nuestras creencias. Traducimos con nuestra
conducta lo que pensamos.
Si nuestra conducta es adaptada, es decir que
responde el patrón
conductual de una comunidad, es aceptada y
considerada común. Si
tenemos un sistema lógico no consensuado, eso se
va a traducir en la
conducta que será calificada de rara, extraña, ajena al
patrón conductual común,
fuera de la línea, y, en un extremo, alienada o
loca.
Conclusión
Estos fenómenos se
vivencian en el campo virtual de conciencia del
individuo y, al principio,
no tienen definición ni identificación, pero la
persona sabe que están. Es
una irrupción en el campo de la conciencia y es
el inicio de lo que
llamamos Pensamiento Paralelo Conciente.
Como una de las funciones
del Pensamiento Serial Conciente consiste en
identificar lo presente en
el campo de la conciencia, ante esa "presencia"
nueva elabora una
hipótesis, en un intento de dar una significación a lo que
para el paciente está
implicado junto a lo percibido. Y es un intento de
significar lo nuevo que
aún no tiene una configuración en el campo de la
conciencia, tal que pueda
ser identificada o analogizada con las
experiencias almacenadas o
que le resultan comunes al sujeto. Para ese
"algo" se le elabora una
hipótesis. El enunciado de esa hipótesis constituye
una Interpretación Anómala
de lo Percibido, para un observador.
El PPC es un mismo
fenómeno al que se le dan múltiples nombres porque
se los describe en
distintas etapas de su propia evolución. Desde lo extraño
pero no identificable
(presentimiento), pasando por las hipótesis no
consensuadas (IAP), hasta
la verbalización de los PPC (voces) o incluso la
visión o audición
vivenciadas como desde el exterior (alucinaciones). Sin
embargo, para nosotros, el
delirio no forma parte de los PPC, sino que es el
resultado del intento de
explicación, por parte del PSC, de los PPC.
Los n