Sólo para estudiantes y
profesionales de la salud
CURSO SOBRE ESQUIZOFRENIA
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Derechos Internacionales Reservados
Cuarta Lección
En esta cuarta entrega de los antecedentes sobre la
esquizofrenia no puede faltar la mención y la lectura
atenta del trabajo de Clérambault sobre automatismo
mental. El fue un poderoso sintetizador de la escuela
francesa y. a su vez, a través de su exhaustivo trabajo
clínico (en su servicio de “diagnóstico” rápido, pasaban
cerca de 2000 pacientes por mes), un generador de
conceptos sobre la esquizofrenia.
Esta es la cuarta clase así que invito a los cursantes a
enviarme sus dudas o reflexiones sobre el material
presentado (marietanweb@gmail.com). También aquellos que
tengan casos clínicos sobre esquizofrenia pueden
enviármelos para compartirlo y analizarlo entre todos.
Les pido que vayan leyendo mi trabajo monográfico:
Doxografía sobre esquizofrenia, que se presenta en este
mismo curso o lo pueden bajar también de
www.marietan.com.ar
Gaëtan Gatian de Clérambault
(1872-1934)

El Automatismo Mental
Hugo Marietán, 1994
Vaya uno a saber qué profundas tristezas emergieron en el
cerebro de Gaëtan para que tomara aquella decisión final:
acercar el revólver al cráneo para destruirse ese día de
noviembre de 1934, en su pabellón de Montrouge. Quizá
nadie pueda comprender a una mente que autodetermina sus
últimos momentos...
Tal vez influyó la incapacidad a que se vio reducido
después de una operación de cataratas. Él, un hombre
majestuoso, soberbio, soltero pertinaz, mezquino de su
libertad, no pudo tolerar ser semiciego, un despertador de
misericordia. No admitió que su telón bajara de a poco,
raído, lastimero, gris: prefirió cerrarlo así, con
impactante final, rojo, mientras los poderosos focos aún
desparramaban su luz con toda intensidad.
Como aquella luz que lo alumbraba en diciembre de 1931,
en el Palacio de Justicia de París, en un aula pequeña,
pero abarrotada de ávidos oyentes desde horas antes: una
mezcla de médicos, artistas, estudiantes y “damas de la
sociedad”, que esperaban la entrada del actor principal de
aquel espectáculo académico de dictar una clase.
Para un desconocido que lo describiera,(2) Clérambault
era bajo, macizo, como un Hércules de feria, bien
plantado, morena la tez, sin relieves el rostro, tallado
de una sola pieza - uno de esos rostros que apenas sonríen
con la mitad superior - , áspero de ceño; crueles e
inquisidores los ojos detrás de los espejuelos. En su
conjunto prometía la torpeza, la fuerza, la tenacidad. Su
voz de barítono, educada como la de un actor de teatro,
sus gestos y el contenido de sus parlamentos, hacían
desaparecer la primera impresión para dar paso al
personaje de maestro, cuyas clases eran escenas de fuerte
colorido.
Consistían sólo en interrogatorio, análisis semiológico y
nosológico, con el paciente presente. La mitad de su
talento estaba en cómo realizaba el interrogatorio:
ninguna dificultad lo detenía cuando se trataba de
sonsacar respuestas. Era sucesivamente torpe, imperativo,
malicioso, locuaz, pueril, vanidoso, elocuente, reía a
carcajadas, y en una oportunidad, jugando su rol
estupendamente, se lo ha visto con los ojos llenos de
lágrimas.(2) La otra mitad fincaba en el soporte teórico
que daba base a su doctrina psiquiátrica.
Su cultura era extensísima y personal. Una vez le
preguntaron por su obra: zafó con ironía “mon oeuvre à
jamais inédit...” Y así fue, nunca escribió su libro.
Después de su muerte, recogieron artículos, apuntes de sus
clases, y formaron lo que ahora se conoce como sus
Obras.(5)
En ellas son dos los temas que resaltan y fundamentan su
prestigio, insertándolo en la historia de la Psiquiatría:
su descripción de los delirios pasionales, entre ellos la
erotomanía, y su Teoría del Automatismo Mental, que
publicó en 1926. Pero para entenderla debidamente debemos
retrotraernos a sus primeros trabajos, anteriores a 1914.
Trabajos anteriores a la Primera Guerra Mundial
Estudios sobre delirios colectivos
Los delirios se transmiten (es decir, las convicciones,
los sentimientos), pero no la psicosis (es decir, los
mecanismos genéticos de estos delirios): “Cuando aparece
el delirio, la psicosis ya es vieja”, solía enunciar. “El
delirio es el conjunto de los Temas Idéicos y de los
sentimientos adecuados o inadecuados, pero conexos, así
como el tono mórbido que les sirve de base. La psicosis es
ese mismo Delirio, más el fondo material necesario para
producirlo y desarrollarlo. Los Temas Idéicos están
entonces lejos de ser la Psicosis, son producciones
secundarias, secundarias en los dos sentidos de la
palabra. Son productos intelectuales sobreagregados.”(5,
3) Es decir, hay una base, la psicosis, que genera un
producto, el delirio.
Estudios sobre las ebriedades (toxicomanías)
Es un trabajo minucioso, muy documentado sobre los
distintos tóxicos (cloral, cocaína, alcohol, éter,
etcétera), que producen distintos síntomas alucinatorios.
Como si existieran partes del cerebro específicas para
cada tóxico, las alucinaciones se muestran específicas
según el tóxico en cuestión. Hay electividad tóxica en el
SNC.
Así, las alucinaciones producidas por el cloral son
caleidoscópicas, pequeñas, de color pálido, salpicadas de
manchas y de líneas brillantes con una afinidad por las
disposiciones en lazos y rosas.(3)
Estudios sobre estados delirantes agudos de origen
epiléptico con conservación parcial de la memoria
Clérambault observa en ellos trastornos del humor
frecuentemente de “inspiración descabellada”, tendencia a
las estereotipias verbales, afectivas, idéicas; ausencia
de crisis convulsivas y, especialmente, conservación
parcial del recuerdo del episodio:
“La concepción de que todo accidente epiléptico debe
forzosamente ser amnésico... es una generalización
profesoral”.(5, 3). Este estudio afina sus concepciones
sobre los automatismos psíquicos.
Clérambault es localizacionista: “Las perturbaciones
psíquicas finas y específicas: perturbaciones del humor,
alucinaciones, ideas e impulsiones, pueden depender de una
afección neurológica focal, de tipo irritativo (espina)
cuyas modalidades pueden depender de las electividades del
tóxico o de la lesión de que se trate”.(3)
Aquí es fácil de comprender cómo han influido sus
trabajos en la elaboración de sus teorías. Las
observaciones hechas a epilépticos, la repetición
“automática” de sus ataques y otras manifestaciones
iterativas; la idea de foco irritativo, es decir lesional,
que se suma a sus trabajos con tóxicos, que afirman sus
conceptos sobre localizaciones cerebrales de los síntomas
psiquiátricos; a todo ello Clérambault va a darle forma a
través de su Teoría del Automatismo Mental.
La erotomanía
Antes de ellos, Clérambault presenta un valioso estudio
sobre los delirios pasionales y una ajustada descripción
de uno de ellos: la erotomanía, la convicción de ser
amado.
Lo presenta en 1920. Tres sentimientos están
incrementados en la erotomanía: el orgullo, el deseo y la
esperanza; y tres son los postulados básicos: “me ama”,
“no puede ser feliz sin mí”, “es libre” (es decir su
matrimonio o compromiso no son válidos, son meras
fachadas). Somete a una intensa observación y vigilancia a
la persona amada, y las palabras y acciones de ésta sólo
sirven para confirmar su idea delirante de ser amado, no
importa si se es rechazado mil veces: es sólo apariencia,
pues en el fondo lo ama.
El sistema delirante se elabora sobre la base de
intuiciones, de falsas demostraciones, de ilusiones, y de
interpretaciones sin alucinaciones. Generalmente se
termina en la fase del rencor con reacciones agresivas,
venganzas y hasta el “drama pasional”.
¿Qué es el automatismo mental?
Clérambault tenía 54 años (8 antes del final), cuando
presentó esta teoría, con la que trata de explicar el
fenómeno básico que se produce en toda psicosis
alucinatoria crónica, y que se puede descomponer de la
siguiente manera:
1) Hay un núcleo, el automatismo mental, de origen
lesional; es subconsciente, es neutro y atemático, genera
sintomatología del “pequeño automatismo mental”.
2) En relación a este fenómeno (neutro, atemático), el
intelecto razonador está obligado a buscar una respuesta,
y genera, de manera secundaria al automatismo mental (el
núcleo), una superestructura: el delirio, que no es más
que “la reacción obligada de un intelecto razonador, y a
menudo intacto, a los fenómenos que surgen de su
subconsciente”.(5, 3)
¿Cómo comienza?
Con el pequeño automatismo mental (llamado también
“síndrome de pasividad”,(5) con síntomas positivos,
negativos y neutros.
Síntomas positivos:
- Fenómenos sutiles de interferencia que perturban el
curso del pensamiento y no tienen un contenido (anideísmo);
- Intrusiones: verbales (estribillos absurdos, iteración
de palabras).
- Mentismo: ideorrea, flujo incoercible de
representaciones visuales, fenómenos hipermnésicos.
- Falsos reconocimientos, intuiciones, abstracciones
absurdas, sentimientos de extrañeza, de revelación
inminente, de déjà vu.
- Emoción sin objeto.
Síntomas negativos:
- Desaparición de pensamientos;
- Olvidos;
- Detención del pensamiento;
- Vacíos de pensamiento;
- Dudas;
- Perplejidad sin objeto;
- Hipoproxesia;
- Fatigas;
- Dudas.
Síntomas mixtos:
- Sustitución de pensamientos;
- Olvidos y falsos recuerdos;
- Impresión de adivinación del pensamiento;
- Fenómenos ideoverbales: eco del pensamiento y de la
lectura, pensamiento adelantado, enunciación de gestos e
intenciones, comentarios de actos.
Sistematización del Automatismo Mental
Triple eco:
1) del pensamiento;
2) de la lectura;
3) de los actos, enunciados y comentados antes, durante y
después de realizada la acción en curso.
Triple automatismo:
1) motor;
2) ideico;
3) ideoverbal.
Fenómenos parásitos anideicos (sin una temática):
Alucinaciones sensoriales, visuales, táctiles, olfativas,
gustativas, cenestésicas, que sobrevienen como fenómenos
sensoriales puros, sin idea ni tema delirante.
Delirio:
Gradualmente se pasa del automatismo mental al delirio:
lo abstracto se independiza de lo concreto, lo
indiferenciado al principio se va diferenciando en voces,
temas y fenómenos alucinatorios asociados:
- Alucinaciones psicomotoras de Seglas: sensación de
movimiento, fenómenos de inhibiciones motrices, actos
automáticos irreductibles, alucinaciones psicomotrices
verbales o emisiones verbales involuntarias; -
Cenestopatías, alucinaciones genitales.
La marcha es de lo neutro y abstracto a lo concreto y
temático.
Paralelamente se edifica el delirio explicativo, que
depende
1) de las tendencias anteriores de la personalidad:
- Afectivas: pesimismo, optimismo, hostilidad, etcétera.
- Intelectuales: imaginativas, interpretaciones.
2) de las cualidades del automatismo mental:
- Sensitivo: agradable, desagradable.
3) del carácter persecutorio del automatismo mental:
- Influencias selectivas y peyorativas en toda la
personalidad del sujeto. ”La enunciación de los
pensamientos y de los actos íntimos es irritante y
vejatoria. Las voces se ubican espontáneamente en
oposición a los gustos y a los deseos del sujeto”.(5, 3)
4) Se agregan formas complejas:
- Sistematizadas (paranoias);
- Mitomanías;
- Perversidad;
- Tendencias pasionales: celos, erotomanía, querulancia.
5) Fenómenos nuevos:
- Acción a distancia;
- Adivinación del pensamiento;
- Animismo;
- Sensación (“vivencia”) de mente influida por otra
persona (llamado también Complejo de Clérambault-Kandinsky).(7)
Puede evolucionar hacia la demencia.
Los efectos de esta teoría
La Teoría del Automatismo Mental (el síndrome S) da
unidad al conjunto de fenómenos alucinatorios: todas las
variedades de alucinaciones verdaderas o
pseudoalucinaciones fueron agrupadas en un sólo síndrome.
Además Clérambault relaciona los fenómenos alucinatorios
con otros síntomas de gran valor semiológico.
Clérambault se opuso a toda interpretación psicológica de
la psicosis, y no quiso ver, en el origen del síndrome del
automatismo mental, más que un hipotético proceso orgánico
resultado de un padecimiento parcial de las neuronas
cerebrales. (“Las psicosis alucinatorias vuelven a entrar
así en la Neurología... y la psiquiatría llega hoy al
punto desde donde debió partir”).(5, 3) Esta teoría
mecanicista fue defendida dogmáticamente por su autor, lo
que le valió la crítica de sus pares y el abandono de la
misma.(4)
Sin embargo vemos resurgir, pulido y con un enfoque
netamente sintomatológico (desprovisto de la teoría
patogénica), en Kurt Schneider,(6) el intento de dar
unidad a una serie de síntomas de presentación más
frecuente en la esquizofrenia, en 1946 (de los 11
criterios de primer rango, 7 corresponden al automatismo
mental).(8) Es importante señalar que para algunos autores
franceses de aquellos tiempos, la esquizofrenia formaba
parte de las Psicosis Alucinatorias Crónicas, a pesar de
que, tras la revisión nosológica de Kraepelin (1889), la
mayor parte de los delirios crónicos se incluyeron en las
paranoias y en los delirios paranoides de la hoy llamada
esquizofrenia.
El CIE-10 de la OMS(9) toma varios de los fenómenos del
automatismo mental para sus criterios de diagnostico de la
esquizofrenia:
a) Eco, robo, inserción del pensamiento o difusión del
mismo;
b) Ideas delirantes de ser controlado;
c) Voces alucinatorias que comentan la propia actividad;
f) Interpolaciones o bloqueos en el curso del
pensamiento;
El DSM IV,(10) en los criterios A para esquizofrenia,
menciona las alucinaciones de voces que comentan los actos
de la persona, e ideas de influencia. El DSM III R(11) en
su glosario define al delirio de ser controlado a la idea
delirante donde los sentimientos, los impulsos, los
pensamientos o los actos son vividos como si no fuesen
propios y fuesen impuestos por alguna fuerza externa.
Clérambault fue un estudioso, primero abogado, luego
médico, psiquiatra y Médico Jefe de Enfermería Especial de
la Prefectura de Policía, único lugar donde ejerció
durante treinta años, y un dibujante talentoso que llegó a
enseñar en la Escuela de Bellas Artes.(4) Una cualidad que
lo hizo un observador excepcional del paciente
psiquiátrico, un hombre apasionado y enamorado de sus
teorías, un semiólogo impar y un docente capaz de mantener
en vilo la atención de sus oyentes aún por tres o cuatro
horas con sus dotes histriónicas, es decir, una amalgama
de cualidades únicas, irrepetible.
Bibliografía
1. Henri Ey Tratado de Psiquiatría, Madrid,
Toray, 1978.
2. M. Victoria, “Clérambault”, en: Rev.
Crim. Psiq. y Med. Leg. 129, 1935.
3. P. Bercherie, Fundamentos de la
Clínica, México, Manantial, 1986.
4. J. Postel, Historia de la psiquiatría,
México, Fondo de Cultura Económica, 1987.
5. G. G. de Clérambault, Oeuvre
Psychiatrique, ed. de J. Frétet, 2 vols., París, PUF,
1942.
6. Kurt Schneider, Patopsicología Clínica,
Madrid, Paz Montalvo, 1975.
7. L. Cardinal, Diccionario terminológico
de ciencias médicas, Madrid, Salvat Editores, 1954.
8. Jean Garrabé, Diccionario taxonómico de
psiquiatría, México, Fondo de Cultura Económica, 1993.
9. OMS, CIE-10, Madrid,1992.
10. APA, DSM IV, Madrid, 1994.
11. APA, DSM III R, Madrid, Masson, 1992.