Sólo para estudiantes y
profesionales de la salud
CURSO SOBRE ESQUIZOFRENIA
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Derechos Internacionales Reservados
Historia del concepto: Wenicke
Segunda Lección
En psiquiatría existen dos líneas
teóricas poderosas sobre la esquizofrenia: La iniciada por
Kraepelin, luego Bleuler, etcétera, hasta llegar al DSM
IV, y la de Wernicke, continuada por Kleist y Leonhard,
difundida actualmente por Beckmann, en Alemania, y J. C.
Goldar y A. Monchablon, en nuestro país.
Wernicke es contemporáneo de Kraepelin y sus escritos son
anteriores a Bleuler y Freud. Es por eso que elegí, como
presentación de esta escuela, una de las lecciones de
Wernicke publicadas en 1900 ( y traducida para la Revista
Alcmeon (www.alcmeon.com.ar)
en 1991. Luego en 1996 aparece una traducción del
Grundriss der psychiatrie, de los doctores Diego Outes y
José Tabasso, Editorial Polemos, Buenos Aires.
KARL WERNICKE (1848 – 1905)
Hugo Marietán, 1991

Geisteskrankheiten
sind Gehirnkrankheiten
Griesinger,1845
(Las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro)
Tenía 26 años cuando publicó su trabajo sobre la Afasia,
que se convirtió en un clásico y colocó a su nombre en el
lugar de los imborrables de la neuropsiquiatría.
Nació en Tarnowitz (Alta Silesia) en 1848; estudió
medicina en Breslau (En esos tiempos alemana, en la
frontera con Polonia, país al cual pertenece ahora).
Trabajó con Meynert en Viena, y luego regresó a Breslau,
donde a partir de 1890 fue Profesor de Psiquiatría hasta
pasar en 1904 a la Universidad de Halle (allí uno de sus
discípulos fue Kleist)pero no llegó a cumplir un año como
director ya que, un accidente, mientras paseaba con su
bicicleta, lo llevó a la muerte a los 57 años, estando en
preparación la segunda edición de sus Fundamentos de
Psiquiatría.(1,2)
Siguió la línea de Gall (1758-1828 - el creador de la
teoría de las localizaciones cerebrales), Griesinger
(1817-1868- quien el 1845 publica su Tratado de las
Enfermedades Mentales donde postula que las enfermedades
mentales son enfermedades del cerebro) y de Meynert
(1833-1892- quien desde la anatomía y fisiología, hace su
aporte a la Psiquiatría con dos obras señeras: en 1867 una
monografía sobre el cerebro, y en 1872 "El cerebro de los
mamífero" , de gran predicamento en su época). Consideró a
Meynert su maestro , le dedicó su trabajo sobre la Afasia
y adoptó muchas de sus ideas; "sólo desde Meynert el
cerebro tiene vida", solía repetir. Trató de
correlacionar las enfermedades mentales con alteraciones
encefálicas, girando sobre el pivote de la Afasias y sus
localizaciones cerebrales, comprobadas por Broca y por él
mismo.(1,2,3)
Históricamente le tocó actuar en pleno auge de la época
anatomopatológica de la Psiquiatría, y desde éste contexto
debe ser interpretada su obra.
Un punto central de su pensamiento era que las
enfermedades mentales, no podían ser definidas por sus
síntomas solamente, sino que ese síntoma, o grupo de
síntomas debía responder a una alteración estructural,
localizable, en la anatomía encefálica, y con más
precisión, en la cortical, y más aún, del "órgano de
asociación"; diferenciándolo así, en un tercer grupo, de
los dos ya conocidos: las enfermedades "orgánicas" del
cerebro: focales y generales
De sólida formación neurológica y anatomopatológica, había
escrito en 1881 los tres tomos de su Tratado de las
Enfermedades del Cerebro, y en 1900, siendo ya profesor de
Psiquiatría en Breslau, su Fundamentos de Psiquiatría (Grundriss
der Psychiatrie in Klinischen Vorlesungen, Leipzig, ed
Thieme). Esta Obra, de alto impacto, polémica, ubicada
como parte de la "Mitología Cerebral" por Nissl
(1860-1919), tachada de "Anatomía Especulativa" por
Kraepelin, criticada duramente por Jaspers (1883-1969)
quien , sin embargo, no puede dejar de decir: "Hay que
señalar que Wernicke no llega más que a algunas veces a
exageraciones notables de sus construcciones, que más bien
ha creado una de las obras psicopatológicas más eminentes
con clara visión de lo intuible y con manifiesto tacto
para lo concreto y lo interesante a pesar de las ideas
teóricas fundamentalmente erróneas. Por ello, ningún
investigador puede renunciar a estudiarlo seriamente",(4)
y coloca a Wernicke, junto a Freud(1856-1939), como los
polos opuestos más significativos de las teorías
psiquiátricas de su tiempo.
Creador de términos y conceptos perennes en el lenguaje
psiquiátrico tales como: ideas sobrevaloradas, capacidad
de fijación, perplejidad, transitivismo, delirio de
explicación, ideas autóctonas, sejunción (la separación de
las ligazones asociativas- adelantandose a
Bleuler(1875-1939), despersonalización somatopsíquica,
alucinosis, polioencefalitis hemorrágica superior,
psicosis de la motilidad, manía con iracundía, la
presbiofrenia como una de las formas de Demencia Senil,
etcétera., que reflejan su profundo sentido de observación
clínica y capacidad de extraer el síntoma, el signo, el
síndrome de la aparente informidad.
Catalizador de la escuela neurobiológica dejó discípulos,
uno de los más destacados, Kleist (1879-1960), comparando
las ideas de su maestro con las de Kraepelin
(1856-1926)decía:
"Wernicke caracterizó y separó las psicosis por él
descriptas de acuerdo a cuadros y síntomas de enfermedad
que ordenaba en un mismo sistema de coordenadas de
mecanismos y localizaciones psíquicas, proyectado sobre el
cerebro. Se manifestaban en uno de los tres campos en que
dividía la conciencia: la corporalidad, la personalidad y
el mundo exterior, y afectaban una de los tres etapas del
camino psicológico, del percibir, vía el pensar, al
actuar, que Wernicke llamaba el "arco reflejo psíquico".
Kraepelin, por el contrario, caracterizó las enfermedades
mentales por sus causas, evolución y terminación, y dio a
éstas características la primacía sobre el cuadro
sintomatológico, el cual sin embargo también debía ser
característico para cada enfermedad. Tenía el
convencimiento que estas unidades nosológicas se debían a
diferentes procesos patológicos ya comprobados o a
comprobar, en la investigación anatómica del cerebro.
Según que las causas fueran externas o internas, Kraepelin
separó las psicosis exógenas y las endógenas"(5)
"Nosotros, sus últimos asistentes,- escribió Kleist en el
obituario sobre Wernicke- quedaremos con el recuerdo de un
hombre tan sabio y, sin embargo, tan modesto, de un jefe
que nos regaló la mayor de las confianzas y amplia
autonomía y de un maestro que si descubría en alguno de
nosotros talento y vocación lo colocaba en igualdad de
condiciones como colaborador científico. Haber sido sus
alumnos será siempre nuestro orgullo para toda la vida"
Halle, 28 de junio de 1905 (1)
Sobre la traducción
La traducción que sigue corresponde a la primera lección
de los Fundamentos de Psiquiatría de Wernicke,
perteneciente a la primera edición alemana:Grundriss der
Psychiatrie in klinischen Vorlesungen,Leipzig,Ed Thieme,
1900.
Agradezco al Dr Juan C. Goldar por facilitarme el texto.
Conté para la traducción con la imprescindible labor de
Cristobal Piechocki, mi profesor de alemán, polaco de
origen y traductor de varias obras de este idioma, quien
realizó un trabajo aplicado y riguroso. Pero los errores
que pudiesen existir en la precisión de los términos
estrictamente médicos son de mi responsabilidad.
Bibliografía
1)Outes D.L- Vozza J.V. La Afasia sensorial de Wernicke en
el Centenario de su descubrimiento- Neuropsiquiatría (Arg)
1974; V: 97-192 (2)
2)Postel J.-Quétel C. Historia de la Psiquiatría, Ed
Fondo de Cultura Económico, Mexico, 1987
3) Vallejo Nagera, A. Tratado de Psiquiatría, Madrid ,
1949
4) Jaspers K. Psicopatología General, Ed Beta, Buenos
Aires, Argentina,1963
5)Kleist, K, Progresos de la Psiquiatría, Revista
Argentina de Clínica Neuropsiquíatrica, Alcmeon, Año 2,
vol 1, num 2, abril 1991,pag 218-238
Lección 1
Las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro,
pero en la práctica se distinguen de éstas. Sistemas de
proyección y campos de proyección central. Organo de
asociación. Las enfermedades del cerebro deben ser
definidas como enfermedades del sistema de proyección; las
enfermedades mentales como enfermedades extendidas del
órgano de asociación. Diferenciación entre la
identificación primaria y secundaria en el caso del
lenguaje.
Señores:
El asunto que nos ha de ocupar aquí, la teoría de las
enfermedades mentales, es en realidad una rama de la
medicina interna, pero que a causa de su importancia
práctica y por otras razones más externas exige y ha
experimentado desde siempre un tratamiento particular.
Lamentablemente es al mismo tiempo la rama que ha quedado
estancada en su desarrollo y aún ahora posee un criterio
como tal vez hace un siglo todo el resto de la medicina.
Ustedes saben que entonces no existía aún una teoría
desarrollada de las enfermedades en nuestro sentido
moderno, es decir, una teoría que se apoyara en las
perturbaciones enfermizas de órganos aislados de función
conocida, y que por eso se atribuía a ciertos síntomas que
se repetían de un modo particularmente frecuente, incluso
en distintos grupos (nosológicos), la significación de
especies de enfermedad. Con ese criterio el conocimiento
médico de las enfermedades no fue más allá de la ciencia
que aun ahora encontramos difundida entre el público
profano, cuando considera como verdaderas enfermedades la
tos, las palpitaciones, la fiebre, la ictericia, la anemia
y la consunción. Exactamente éste es el criterio actual de
la psiquiatría, por lo menos en la mayoría de los
psiquiatras, sus representantes.
Ciertos síntomas de particular intensidad constituyen
también para ellos la verdadera esencia de la enfermedad:
así, por ejemplo, un estado de ánimo depresivo constituye
en el más amplio sentido la esencia de la melancolía; la
euforia con un exceso de movimientos la esencia de la
manía, y muchos otros más. De resultas de esto ahora se
diferencia un gran número de supuestas enfermedades de ese
tipo. Pero como en la naturaleza las combinaciones de
síntomas son mucho más variadas y heterogéneas, entonces
resulta de allí la necesidad de comprender, a veces con
amplitud, a veces con estrechez, el marco artificial, lo
que ocurre de maneras muy diferentes en los distintos
observadores; a pesar de todos los esfuerzos de llevar
artificialmente a una forma todos los casos de enfermedad,
de manera tal que encajen en el marco, queda un gran
número de casos que no se dejan forzar y que de ninguna
manera se acomodan al marco. Sí, el que juzga
imparcialmente y posee la experiencia suficiente,
encuentra que la mayor parte de los casos no se acomoda al
modo de consideración convencional. Por otra parte
reconozco de buena voluntad que la psiquiatría muestra
importantes progresos en los últimos tiempos. El trabajo
de hombres como Griesinger, H.Neumann, Kahlbaum, Meynert,
Emminghaus, y muchos otros no fue inútil. Pero incluso
cada uno de esos destacados investigadores ha caído en la
tentación de confundir síntomas aislados con la esencia de
la enfermedad, y podemos evaluar hasta dónde llega aun hoy
la profundidad del criterio promedio de la psiquiatría,
por el hecho de que la teoría dominante de la locura, cuyo
mérito resulta en una nomenclatura cómoda, goza aun ahora
de un reconocimiento general y pudo ser saludada como un
progreso en su época por un pensador como Meynert.
Bajo estas circunstancias, el profesor de psiquiatría está
obligado, si se quiere utilizar el criterio de otra
disciplina, a quedarse en la sintomatología, más allá de
lo debido. Sin embargo, su obligación le será señalada
claramente aquí, procederá como en las disciplinas
hermanas de la medicina y deberá deducir la sintomatología
de las propiedades conocidas del órgano de cuya enfermedad
se trata, es decir, en nuestro caso de las propiedades del
cerebro. Sólo ese camino nos ofrece la perspectiva de
obtener una clarificación y un panorama de los síntomas
natural, es decir, fundado en la esencia de las cosas y al
mismo tiempo exhaustivo.
El presupuesto de que las enfermedades mentales son
enfermedades del cerebro, no es negado hoy por casi ningún
profesional. Si partimos de allí debemos agregar enseguida
enfermedades del cerebro de características especiales y
localización particular; pues de ninguna manera son
idénticas -a las así llamadas enfermedades orgánicas del
cerebro que conocemos mucho mejor. Si recordamos la
clasificación de las enfermedades del cerebro en
enfermedades localizadas y enfermedades generales,
entonces las enfermedades mentales no se dejan subsumir
entre las primeras, pero sí tal vez entre las últimas.
Como se sabe, lo son esencialmente dos enfermedades
generales que son atribuidas a las enfermedades mentales
orgánicas: la meningitis y la parálisis general
progresiva. Nada nos impediría agregarles las enfermedades
mentales como tercera categoría. Pero surge ahora la
cuestión de cuáles son los signos fundamentales por medio
de los cuales esta tercera categoría de enfermedades
generales del cerebro se diferencia de las otras dos.
Para acercarnos más a esta cuestión, debemos ocuparnos un
instante con la sintomatología de las enfermedades
mentales. Todos los síntomas de las enfermedades son, como
ustedes saben, síntomas focales o fenómenos generales. Las
enfermedades generales del cerebro señaladas anteriormente
que pertenecen a las enfermedades orgánicas del cerebro,
son ejemplos de enfermedades del cerebro con
manifestaciones preponderantes en el cuadro clínico. Pero
por otro lado se caracterizan por el hecho de que en ellas
aparecen también síntomas focales, sí, se puede decir que
están siempre presentes; las enfermedades mentales en
cambio no muestran ese tipo de síntomas focales. Por lo
tanto, ias enfermedades mentales representarían
enfermedades generales del cerebro que tienen la
particularidad de que nunca están acompañadas de síntomas
focales.
¡Señores! La importancia que según este concepto obtienen
los síntomas focales también para nuestro objeto, hace
aparecer prudente ver más de cerca la esencia de los
mismos. Gracias a Meynert hemos sabido que la musculatura
voluntaria y los órganos sensitivos están unidos a la gran
corteza cerebral por vías conductoras que se extienden en
continuidad fisiológica a través del cerebro, la médula y
el sistema nervioso periférico. La suma de esas vías, en
las que rige la ley de la conducción aislada, la denomina
sistema de proyección, y le otorga así al hecho de la
continuidad fisiológica, en contraste a la continuidad
anatómica -un hecho que ha sido totalmente convalidado por
las últimas investigaciones una expresión clara e
inequívoca. En correspondencia a la división del gran
encéfalo en dos hemisferios, también el sistema de
proyección está dividido en dos partes, y como se sabe con
el orden de que la motilidad y sensibilidad está
subordinada cada una a las mitades de los hemisferios
cerebrales opuestos. La expresión "proyección" está tomada
evidentemente del campo de la óptica; así como aquí (en la
óptica) se puede seguir con exactitud la marcha de los
rayos por medio de un sistema de lentes, del mismo modo,
por medio de todas las conexiones de los elementos
ganglionares queda asegurada en todas partes la
continuidad fisiológica y la conducción aislada en las
vías del sistema de proyección. La mayoría de los síntomas
focales se dejan atribuir naturalmente a una interrupción
o estímulo local de las vías de conducción contenidas en
el sistema de proyección.
Una segunda serie de síntomas focales se deja atribuir al
hecho de que también los lugares de terminación y comienzo
de las vías contenidas en el sistema de proyección están
localizadas en distintos lugares de la corteza cerebral.
La ley de la conducción aislada que domina en ella se
extiende de esa manera hasta su desembocadura en
determinadas zonas de la corteza. Esos lugares de
terminación del sistema de proyección -queremos
denominarlos campos proyectivos- nos son conocidos por
ejemplo para el tractus opticus en el lóbulo occipital,
para el acusticus en el temporal, para la motilidad y
sensibilidad de los pies, brazos, ámbito faciolingual en
el así llamado tercio superior, medio e inferior de ambas
circunvoluciones centrales, para la vía motora del habla
en la circunvolución de Broca. Por supuesto que con ello
no está dicho que para el tipo y manera de la proyección
dentro de esos ámbitos sea determinante la misma
ordenación que se encuentra en las fibras de un nervio
periférico. Sabemos por el contrario que en los campos de
proyección de la corteza se encuentra la centralización de
los ámbitos nerviosos que con frecuencia están ampliamente
separados en la periferia, para una función común, y
dirigen como ejemplo conocido el campo de proyección del
lenguaje en la circunvolución de Broca. Como veremos más
tarde, el principio de la función debe ser lo determinante
para el tipo y forma de su proyección en la corteza,
porque sólo el sistema nervioso funcionante logra
relaciones con la corteza. A ello está relacionada una
segunda característica de los campos de proyección: los
campos de proyección de la corteza son a la vez los
lugares donde tienen su sitio los engramas de los
diferentes rendimientos funcionales del sistema nervioso.
La localización de los engramas sigue por lo tanto el
mismo principio, de manera que el lóbulo occipital
constituye a la vez el lugar de los engramas ópticos; el
temporal de los engramas acústicos; el así llamado tercio
medio de las circunvoluciones centrales-la región del
brazo-contiene a la vez los engramas de las sensaciones
táctiles adquiridas con la mano. La pérdida de las
categorías de engramas determinados de esa manera
pertenece también a los síntomas de las enfermedades
mentales.
Por consiguiente, los síntomas focales se caracterizan en
general por el hecho de que manifiestan la función
perturbada del sistema de proyección, ya sea en sus vías,
ya sea en los campos de proyección de la corteza. Por lo
tanto, si los síntomas focales del cerebro han de
atribuirse en su totalidad a las perturbaciones
funcionales del sistema de proyección y sus puntos de
llegada en los diferentes campos de proyección de la
corteza cerebral, entonces las enfermedades mentales deben
diferenciarse de las otras dos enfermedades generales del
cerebro así llamadas orgánicas, por el hecho de que el
sistema de proyección y los campos de proyección no quedan
afectados.
¡Señores! Hasta ahora sólo poseemos una instrucción
parcial sobre la extensión de los campos de proyección en
la corteza cerebral y localización más exacta. Pero podría
ser fácil que el progreso de nuestros conocimientos
respecto de esto condujera al resultado de que toda la
corteza cerebral sea ocupada por campos de proyección de
ese tipo. En nuestra búsqueda de una localización que
represente el lugar de la enfermedad, ¿no somos sacados
del cerebro y remitidos a lo trascendental? Ahora bien,
éste no es el caso de ninguna manera, más bien tenemos a
nuestra disposición más allá de los campos de proyección
todavía un sustrato anatómico de gran extensión, que con
todo derecho podemos reclamar como sitio de las
enfermedades mentales, concretamente el sistema de las
fibras de asociación que sirven para unir los campos de
proyección. Si esto es cierto, entonces las enfermedades
mentales configuran las enfermedades particulares de ese
órgano asociativo.
Estamos obligados a aceptar la destrucción de ese tipo de
vías de asociación ya en ciertas enfermedades focales del
cerebro; de hecho configuran el pasaje natural a las
enfermedades mentales. Un caso de ese tipo está en ciertos
ejemplos infrecuentes de la así llamada afasia
transcortical.
¡Señores! Desde antiguo se tuvo la esperanza de que la
afasia constituiría el punto de partida desde el cual se
lograría el conocimiento de las enfermedades mentales. Que
el enfermo cuya demostración nos va a ocupar ahora
demuestre el hecho de que no hemos sido engañados en esa
esperanza, que más bien existen verdaderos casos de afasia
que están íntimamente relacionados con conocidas
enfermedades mentales.
Ven ustedes un enfermo que lleva todavía de una manera
fácilmente reconocible las huellas de una grave enfermedad
mental que superó en los años 1885-89. Se mantiene de pie
y camina en una determinada postura fija que sin embargo
no le impide trabajar como carpintero artístico y
mantenerse honradamente a sí mismo y a los suyos. Todas
las preguntas que le dirigimos quedan sin respuesta o son
respondidas sólo por gestos. De hecho es completamente
mudo y desde hace cinco años no está en condiciones de
emitir un solo sonido. Por otra parte comprende casi todo
lo que le digo, lo que ustedes pueden comprobar claramente
por sus gestos y por la ejecución de los trabajos que se
le encargan. Pero si le dirijo preguntas o pedidos de otro
tipo, entonces da a entender claramente que no las
entiende. Por lo tanto no dispone completamente de la
comprensión del lenguaje, sino sólo en una cierta
extensión, que por lo demás es siempre la misma, mientras
que ha perdido completamente la capacidad del habla.
Esta condición de una afasia motora completa y
parcialmente sensorial se ha desarrollado a partir de una
determinada enfermedad mental que quiero denominar
provisoriamente psicosis de la motilidad, y ha permanecido
como defecto duradero. En el transcurso de esa enfermedad
le precedieron durante un tiempo el mutismo y la
verbigeración, dos síntomas psicóticosque se mueven
igualmente en el ámbito del lenguaje.
Si buscamos llegar a una comprensión más exacta de esa
relación, entonces debemos considerar las distintas formas
de la afasia que han sido fijadas por la observación
clínica. Síganme para este propósito un instante al ámbito
vecino de las así llamadas enfermedades orgánicas del
cerebro.
Conocemos dos campos de proyección del lenguaje, uno motor
y uno sensorial. El motor (m) es el lugar de origen de la
vía motora (m b) del lenguaje, una parte del sistema de
proyección que conduce a los núcleos nerviosos del bulbo
raquídeo, núcleos que participan en el lenguaje. Al mismo
tiempo es el sitio de los engramas de los movimientos que
se producen en el acto de hablar o de las representaciones
del movimiento del lenguaje. El campo del lenguaje
sensorial (s) contiene la terminación central de la vía
sensorial del lenguaje (a s), y con el lo del nervio
auditivo, pero es al mismo tiempo el sitio de los engramas
de los sonidos del habla, o tal como son denominados desde
Helmholtz, de las imágenes sonoras de las palabras. La
imagen clínica de la afasia motora o sensorial depende de
la destrucción ya sea del campo de proyección motor o
sensorial.
Pero si dejamos a un lado a nuestro enfermo, que de hecho
es un caso único, entonces en general los enfermos
mentales no son afásicos. Por norma general en los
enfermos mentales la vía sensorial del lenguaje y el campo
sensorial del lenguaje están intactos, pueden entender
todo lo que se les dice. También están en plena posesión
de su capacidad del habla motora, en la medida en que ésta
depende de la integridad de la vía motora del lenguaje y
del campo de proyección motor. A pesar de eso encontramos
el fenómeno notable de que la respuesta del enfermo mental
es con frecuencia insensata y sólo parece tener una
relación lejana o ninguna con la pregunta planteada. ¿Cómo
se puede explicar ese fenómeno, ya que debemos atenernos
al presupuesto de que la respuesta sensata es la expresión
propia de un funcionamiento normal del cerebro? Aquí hay
una sola explicación: que la función de esas vías
nerviosas ubicadas entre ambos campos de proyección debe
estar perturbada. La enfermedad mental se nos aparece
entonces como enfermedad del órgano asociativo. Les
recuerdo que en el esquema usual de la afasia ya se hace
uso de tales vías de asociación, en tanto que la vía
sensorial del lenguaje (a s) e igualmente la motora (m)
son pensadas como que continúan más allá de los sitios de
la corteza (campos de proyección) (s y m) hacia un
supuesto centro de comprensión B. Las vías transcorticales
s B y B m no son otra cosa sino vías de asociación, y la
perturbación de la función debe tener su ubicación en su
sector, perturbación que se da a conocer en la respuesta
incorrecta del enfermo mental. Sin embargo, toda
enfermedad mental, en la medida en que se manifiesta en
expresiones verbales perturbadas, es para nosotros un
ejemplo de afasia transcortical. El sorprendente caso de
afasia a consecuencia de una enfermedad mental, del que he
partido, sugiere la suposición de que bajo ciertas
condiciones todas las vías B m y una gran parte de las
vías s B pueden ser interrumpidas en el transcurso de la
enfermedad. Entonces puede resultar una verdadera afasia
del mismo tipo que en nuestro enfermo.
La disposición de un centro de comprensión B en el esquema
de la afasia ha sido reiteradamente mal interpretada. El
hecho de que no deba ser pasada por alto y por qué era
necesaria, resulta de la siguiente consideración. La
afasia sensorial por causa de la destrucción del campo de
proyección s (afasia sensorial cortical, como la he
denominado) se caracteriza por el hecho de que el enfermo
ha perdido los engramas de los sonidos del habla y en
consecuencia las palabras oídas no son reconocidas. Pero
es evidente que para la comprensión del lenguaje es
necesario algo más que el reconocimiento del sonido de la
palabra: debe estar incluido también el sentido
correspondiente. Si establecemos la oposición entre
palabra y concepto, entonces la única manera en que
podemos pensar el proceso es que algunas vías conducen más
allá del centro cortical a otras regiones de la corteza
que representan el concepto correspondiente. En realidad
ese supuesto centro de comprensión está distribuido en
lugares de la corteza muy alejados entre sí.
Pero de allí resulta la necesidad de diferenciar,
respecto de la comprensión del habla, dos procesos
totalmente diferentes. Uno, el reconocimiento de las
imágenes sonoras de las palabras, se funda sobre la
función conservada del campo de proyección s, queremos
denominarla identificación primaria. El otro proceso, la
evocación del concepto ligado a la palabra, se basa sobre
la función de las vías de asociación y ese supuesto centro
de comprensión. Lo denominamos identificación secundaria.
Si comparamos todo el proceso con el despacho de un
telegrama, lo que ya ha ocurrido en otro lado, entonces s
es la estación donde llega el telegrama, pero el verdadero
receptor es representado por B. De la misma forma se
configura la relación entre B y el campo de proyección
motor del lenguaje en m: también aquí B es el verdadero
remitente, m en cambio es la of icina de telégrafos en la
que es entregado el telegrama para su despacho. En otras
palabras: primero aparece el sentido, el concepto de la
palabra, y necesita una conexión sobre vías anatómicas
hasta el campo de proyección motor del lenguaje m, para
que sea pronunciada la palabra.
Si denominamos también aquí las relaciones mutuas de B
respecto de m como identificación secundaria, para lo cual
la analogía nos da fundamentos, entonces surge como
resultado de nuestra consideración la frase: las
expresiones verbales, que nos resultan extrañas, de los
enfermos mentales son signos de una identificación
secundaria alterada.
Debemos asignarle una ubicación muy excepcional entre las
enfermedades mentales a la parálisis general progresiva;
ésta puede ser atribuida, tal como también ha ocurrido
aquí, a las enfermedades orgánicas del cerebro. Pero
además es indudablemente también una enfermedad mental. En
los casos preponderantemente frecuentes en los que hace
síntomas focales relevantes, se pueden señalar también
focos en los cuales el proceso de la enfermedad, por lo
general difuso, pasa al sistema de proyección y a los
campos de proyección. Sin embargo, hay casos excepcionales
de parálisis general progresiva en los cuales esos
síntomas focales sólo están insinuados: para éstos vale
entonces el carácter preponderantemente transcortical de
la enfermedad.
Señores: La comparación de la afasia con los síntomas
lingüísticos de los enfermos mentales nos ha enseñado que
una perarbación de la identificación secundaria puede
constituir el rasgo fundamental de las enfermedades
mentales y ciertos casos de afasia. La coincidencia de
ambas enfermedades se explica por la misma ubicación en
las vías de asociación o en las vías transcorticales.
Veremos su diferencia en el hecho de que la enfermedad
mental afecta esas vías aisladamente con una selección
individual; la enfermedad focal en cambio destruye masas
compactas de esas vías. Excepcionalmente, la sumación
individual de las vías enfermas producirá el mismo efecto
que la enfermedad focal y entonces podrá surgir una afasia
transcortical en una enfermedad mental.
Con ello postulamos además del sitio particular un tipo
particular de enfermedad; ésta se caracteriza por el hecho
de que, a semejanza de la neuritis degenerativa, en cierta
manera diferencia a los individuos por los elementos
asociativos, y, a decir verdad (tal como lo suponemos
provisoriamente, según la analogía de la neuritis
degenerativa), por la norma de las diversas funciones.