CURSO SOBRE DEPRESIÓN
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Los signos y
síntomas (tecera parte)
Afectaciones (3º)*
Perturbaciones de la reacción afectiva
Para
tipificar las perturbaciones de las reacciones afectivas,
ya en el terreno de la descripción de la Psiquiatría
clásica, seguimos básicamente a Vallejo Nágera,(1) quien
distingue las perturbaciones relacionadas de la manera que
describimos a continuación.
Irritabilidad
Es la
desproporción entre el estímulo y la reacción; es una
explosión brusca de los afectos. Se caracteriza por la
propensión a los accesos de cólera originados por la
ocasión más insignificante, alcanzando grados peligrosos
en los epilépticos. Se observa en histéricos, depresivos,
psicópatas, etcétera.
"No tolero
los ruidos, la presencia de mucha gente. El jugar de mis
nietos, que los adoro, me crispa. Reacciono mal y los
echo; después me da mucha culpa, pero no los puedo
aguantar". Cuadro: depresión bipolar.
Disminución
de la expresión afectiva
Una emoción
intensa, una desgracia súbita e inesperada, sumen a muchas
personas en un estado de shock o estupor afectivo, dando,
en ocasiones, la apariencia de tranquilidad. Los grandes
cataclismos, terremotos, bombardeos, producen en ciertas
personas indiferencia afectiva, apatía y estupor.
"Cuando me
dijeron que murió mamá, no lloré. Tampoco sentí pena. Me
hice cargo de los trámites del funeral y el entierro. No
sentía nada. Un mes después, cuando casualmente escuché
por la radio una canción que últimamente ella tarareaba,
comencé a llorar".
Indiferencia
afectiva
Es una falta
de reacción afectiva a las percepciones y vivencias. La
inhibición afectiva subjetiva es un estado patológico
donde el enfermo se siente imposibilitado de experimentar
alegría o dolor, de sentir cariño hacia sus familiares: le
parece sentirse vacío, como si estuviese muerto. En el
estupor afectivo el trastorno es mucho más profundo:
no se reacciona a ningún estímulo afectivo. Para Battegay
y otros,(3) "un aspecto diferente ofrecen los trastornos
afectivos en las psicosis esquizofrénicas; en efecto,
siendo en ellas más fuertes las alteraciones del
pensamiento y las formaciones delirantes, los trastornos
afectivos son más duraderos y, en consecuencia, suponen
más bien un vacío, una pérdida de dinamismo y una
nivelación del área emocional. La disonancia que con
frecuencia se advierte entre los contenidos del
pensamiento y los afectos concomitantes se designa como
paratimia. También los estados de agitación extrema
(explosión afectiva) son más propios del campo de estas
psicosis, así como los estados de estupor, catatónicos o
autistas, frecuentes en ellas, reflejan siempre también
alteraciones de la afectividad".
"Doctor le
vengo a.. a avisar que el en baño (se ríe), que en el baño
(se ríe) hay una chica... una chica...con la cabeza
partida (se ríe), está toda rota".
Alucinación y paratimia. (Hebefrenia.)
"Me parece
que soy un monstruo, pero no siento nada de cariño hacia
mis hijas, las miro y nada, como si fueran extrañas. Yo
siempre fui muy cariñosa con ellas, pero ahora no puedo,
no me nace nada".
Inhibición afectiva. (Depresión mayor.)
Con tono
monocorde y sin afectación: "Estábamos en el campo
limpiando de yuyos el sembrado con mi primo, en eso vino
mi padre y dijo no sé qué cosa. Yo agarré la pala y le
corté el cuello. Sangraba mucho. Mi primo gritaba, pero
igual mi padre murió". Indiferencia afectiva.
(Esquizofrenia).
Apatía
Consiste en
la falta de interés generalizada, caracterizada por una
deficiencia tímico-dinámica. Por ejemplo personas
insensibles, apáticas, flemáticas, esquizofrénicos,
etcétera.
“Tengo 35
años, trabajo hace 10 años de administrativo, estoy
casado, dos hijos. Todo eso está bien. No hay mayores
problemas. Sin embargo desde hace más o menos un año, no
tengo interés por nada. Lo que hago lo realizo
automáticamente. A veces quiero entusiasmarme con algún
hobbie, guitarra por ejemplo, pero las ganas me duran un
mes o un par de semanas y dejo; al tiempo empiezo otra
cosa y es lo mismo. No es que me falte voluntad, no tengo
ganas”
Recordamos
que es importante diferenciar la apatía (falta de
interés, de apego afectivo a una iniciativa: ‘poder, pero
no querer’) de la hipobulia (deficiencia en la
voluntad, en ejecutar una iniciativa, ‘querer pero no
poder’). Por ejemplo en la Esquizofrenia es frecuente la
apatía. El esquizofrénico no realiza acciones pragmáticas
no por falta de voluntad (es decir, no le falta capacidad
de ejecución) sino por falta de interés. Si el terapeuta
persuade lo suficiente, muchos esquizofrénicos, ejecutan
tareas diseñadas por otros. En los depresivos es frecuente
la hipobulia, quieren hacer pero no pueden:
“Se que debo
arreglar mi casa, limpiar las cosas, preparar la comida,
algo un gran esfuerzo mental para empujarme a hacerlas,
pero no puedo, y me quedo tirada en la cama. Eso me da
mucha culpa, me hace sentir una inútil”
A veces está
afectada la memora de las habilidades, la que nos permite
hacer las cosas ejecutando una rutina de acciones
preprogramadas:
“Las cosas
que antes hacía automáticamente, planchar por ejemplo,
ahora debo pensar cada paso, como si estuviera aprendiendo
por primera vez”
Tenacidad
afectiva
Es una
persistencia anormal de los afectos. Odios y rencores
convierten a las personas en perpetuos malhumorados,
pesimistas incorregibles. Tal tenacidad o adherencia
afectiva es muy propia de los epilépticos, cuyo estado
distímico habitual apenas se modifica con los
acontecimientos exteriores que puedan originar reacciones
afectivas.
"Hace 20 años
que no le hablo a mi hermano, ni me interesa hacerlo. Esto
empezó por el tema de la sucesión de la casa de mi padre,
pero qué fue lo que pasó, bien no me acuerdo. Dos o tres
veces me crucé con él, pero hice como que no lo vi".
Labilidad
afectiva
Consiste en
bruscos e inmotivados cambios del humor unidos a una
inusitada intensidad de la reacción afectiva y escasa
persistencia. La observamos en los niños y los muy
ancianos, en las psicosis orgánicas, en los oligofrénicos,
epilépticos, psicópatas, etcétera.
"Mi padre se
ríe a carcajadas y al rato llora. Cualquier pavada que ve
ya lo hace lagrimear. A veces arma unos escándalos
bárbaros si no hay medialunas con el desayuno, otros días
no dice nada".
(Demencia Senil).
Incontinencia
emotiva
Es la fácil
productividad de reacciones afectivas asociada con la
incapacidad para inhibirlas. La encontramos en
oligofrenias y demencias. El "síndrome
hiperestésico-emotivo", propio de todas las psicosis
orgánicas (psicosis emocional), presenta una intensa
reactividad afectiva (facilidad de estímulo, bajo umbral
de estímulo por parte de los estratos afectivos, pero
también por parte de campos sensoriales).(3)
Ambivalencia
afectiva
Es la
coexistencia de afectos de signo opuesto que producen una
oscilación que no permite la determinación afectiva. La
persona simultáneamente teme y desea, ama y odia.
Patológicamente la observamos frecuentemente en neurosis y
esquizofrenias.
Inadecuación
afectiva
Se produce
cuando la expresión afectiva no es concordante con la
situación que la provoca o el discurso del paciente.
También llamado ‘afecto inapropiado’. Se observa en
esquizofrenia.
Euforia
simple
Es un estado
de alegría armónico con la circunstancia.
Hipomanía
Es una
vivencia de bien estar y alegría, generalmente motivada,
con acompañamiento de vigor físico, potencia y gran ánimo
de enfrentar los obstáculos. (1) Son personas optimistas,
de iniciativas; a veces pueden realizar varios proyectos a
la vez, a los cuales les dedican gran energía y
ejecutividad. De gran movilidad detrás de sus tareas.
Cuando están muy motivados pueden trabajar durante muchas
horas sin agotarse. De gran vigor mnésico, por lo general.
Manía
(estado anímico en la manía)
Störring(14)
describe al estado de ánimo maníaco como una euforia o
exaltación psicológicamente inexplicables y debe
considerarse de origen psicótico, siempre que no se
demuestre la existencia de motivos provocadores. Los
pacientes sólo tienen ideas de tonalidad placentera, nada
puede entristecerlos. Todo es visto a la luz más
favorable: lo que le ocurre al paciente y lo que hace es
siempre satisfactorio y va acompañado de un sentimiento de
ligereza y bienestar. Muestran una especial lozanía
corporal (buen color de cara, mejor turgencia de la piel).
Resulta decisivo para el diagnóstico que el paciente
conserve su euforia a través de cualquier circunstancia y
presente además falseamientos del juicio de génesis
morbosa. No existe un plan en la conducta. Hay impulsos
exagerados a la actividad; los sentimientos de salud,
felicidad e hipervaloración propia son también exagerados
y hay una acentuada irritabilidad.
Beatitud y
éxtasis
Se
caracterizan por:
1) Supresión
completa de toda actividad motriz;
2) Vivencia
de conmoción interna;
3) Gran
sensación de gozo inefable.
Se observa
principalmente en esquizofrénicos y en los paroxismos
epilépticos. A veces también en histerias y en delirantes
místicos.
Moria
Es una
jovialidad expansiva caracterizada por jocosidad, juegos
de palabras, sin contenido que lo justifique. También
llamada alegría insulsa; fue descripta originariamente en
lesiones del lóbulo frontal. Se la puede observar en
hebefrenias.
Neotimia
Consiste en
una vivencia de sentimientos nuevos no experimentados por
la persona normal. Se observa principalmente en
esquizofrenias y adictos a las drogas.
Humor
esquizofrénico
Carlos
Pereyra(15) retoma el concepto kraepeliniano de que la
demencia precoz o esquizofrenia es esencialmente juvenil y
que una "psicología propia de la adolescencia y la
pubertad se perpetúan morbosamente en la psicosis; de tal
modo, los síntomas dichos secundarios: suficiencia,
patetismo, pedantería, trascendencia, burla, hurañería,
manierismo, etcétera, forman un conjunto de irremplazable
valor diagnóstico". Anota Pereyra que dentro de lo
proteiforme del comienzo esquizofrénico es tal vez el
cambio de carácter el elemento más constante y pertinaz.
El nuevo carácter no tiene un matiz definido: es más bien
la pérdida de lo que antes se tenía; todo es
contradictorio, inasible, inestable, y hay una total
desorientación de la personalidad, que es fluctuante,
ambigua y caprichosa. Es una imperfección del mecanismo
volitivo el que, al principio, conciente, origina intensas
crisis de angustia y luego acarrea desapego de los
intereses inherentes a la vida por renunciamiento e
impotencia para la lucha. La indiferencia, el hastío y la
frialdad priman, y no hay cabida para los sentimientos más
delicados y estables como la moral, la ternura, la amistad
o el amor. Es una espesa niebla que los separa, a pesar de
ellos, del mundo circundante, y es una espantosa y
desoladora soledad.
Esquizofrenia, 12 años: "Tengo algo que no me deja
estar en la realidad y me distrae, creo que tiene que ver
con el cambio de Alemania a Argentina. Como si fuera algo
que me tapara los ojos y yo estoy como en el aire y voy
caminando y no puedo ver las cosas como cuando era chica.
Ahora no puedo entender lo que me pasa, hay una cosa que
me hace caminar lento, rápido, como si estuviera en un
puente que no termina, como si hubiera un vidrio y yo
quiero salir de ese vidrio. Ver las cosas como veía antes
y poder disfrutarlas. En la escuela me siento más o menos.
Todos los días me siento así, como en un vidrio, como
polvos o pequeñas cosas que me contienen y no me dejan ver
bien. Muy pocas veces puedo romperlo y me vuelvo a
encerrar, como un pimpollo de flor que se abre y se
cierra, pero se queda cerrado".
Angustia
La angustia
se siente como una mezcla de displacer, de una vivencia de
tensión interna o de espera de un peligro indeterminado y
de impotencia para enfrentarlo. Se acompaña de
repercusiones somáticas como molestias en el pecho,
sensación de opresión en la garganta, de falta de aire o
dificultad para respirar, palpitaciones o malestares
cardíacos, sensación de pérdida de fuerzas, mareos, dolor
difuso en la "boca del estómago" o de languidez o vacío en
el estómago, alteraciones gastrointestinales y otros.
Muchos síntomas derivan de las contracciones musculares
del cuero cabelludo (sensación de "casco o vincha
apretada", de paso de corriente eléctrica en la cabeza, de
"hormigueos o calores", etcétera), de los músculos del
cuello y la espalda, dolor en la nuca, mareos,
inestabilidad, pérdida de fuerza y "hormigueos" en los
brazos o las manos, "calores" y otros, de los músculos de
la cadera y miembros inferiores (dolores, pérdida de
fuerza en las piernas, torpezas, movimientos involuntarios
—mioclonías—, calambres, etcétera). Todos estos síntomas
obligan a la consulta con el clínico para descartar
patología orgánica.
La
tristeza vital es un concepto que utilizó Schneider
para hacer una diferencia entre la tristeza normal y la
patológica, propia de los estados melancólicos. En ésta
predominan vivencias tan penosas, profundas y
persistentes, que algunos autores proponen una distinción
cualitativa respecto de la tristeza normal. El sufrimiento
de los depresivos graves es de tal magnitud, que escapa a
la comprensión empática de las personas que no han pasado
por una experiencia similar. De ahí la intolerancia de los
que rodean al melancólico y la sensación de soledad del
paciente.
"Yo soy el
culpable de lo que pasa, nadie más que yo”.
“Me falta
interés, no disfruto las cosas”.
“Quiero estar
más solo, más encerrado. Me quedo en mi cuarto, sin luz ni
ruidos. No aguanto los ruidos. Sufro mucho, y creo que
esta vez no me recuperaré”.
“No tengo
ánimo, no pido más que un poco de ánimo”.
“Me falta el
apetito. Estoy muy triste, al borde de cualquier cosa, y
rogándole a Dios continuamente. Tengo fe en que no me
abandone. Es lo único que me queda”
“Me tira la
cama. Tengo dolores articulares, en el hombro y cuello.
Estoy angustiado, con un poco de sensación de opresión en
el pecho. Ideas de estar flotando. No tengo fuerzas. Ni
ganas".
(Depresión bipolar, 9ª fase, 65 años).
Perplejidad
La
perplejidad se produce cuando lo que se experimenta en un
momento dado no tiene conexión alguna con las experiencias
almacenadas en la memoria (la persona no las puede
reconocer), y genera la vivencia de desorientación y
desconcierto de la persona respecto de sí misma y/o de su
entorno.
H.
Delgado,(8) siguiendo a Störring dice: "Cuando la mente no
logra la síntesis del contenido de la atención
reconociendo a los fenómenos su concreta significación y
sus efectivas relaciones, de suerte que el sujeto no
acierta a comprender la falta de justeza y regularidad de
sus actos de conocimiento, entonces tenemos la perplejidad
anormal. Mientras que la perplejidad normal es duda o
indecisión frente a un estado de cosas objetivamente
determinado, en la anormal no se trata sólo de la
dificultad subjetiva, sino de la conciencia de incapacidad
de determinar cuál es el problema objetivo, a causa de que
las asociaciones de ideas fortuitas y adventicias impiden
la identificación de los datos de la experiencia". Síntoma
frecuente del comienzo de la psicosis, especialmente la
esquizofrénica, acompañante de algunas reacciones
neuróticas, estrechamiento de conciencia, etcétera. Este
fenómeno suele estar asociado al sentimiento de extrañeza,
estado angustioso producto de la vivencia de cambio y
transformaciones que el paciente no puede explicarse.
"Me miro las
manos, son mis manos, pero no sé, es como si fueran de
otro. Pero no sé en qué no son iguales. Pero no están como
antes. Me paso largo rato mirándolas, son extrañas. No sé
como explicarlo".
(Período inicial de la esquizofrenia.)
Estupor
melancólico
Se manifiesta
por inmovilidad, rigidez y aparente suspensión de toda
actividad física y psíquica, con esporádicas muestras de
dolor moral, rictus de tristeza, gemidos, llanto
silencioso, etcétera. En estos pacientes es tal el estado
de autoabandono, que es preciso prodigarles los cuidados
básicos: darles la comida en la boca (o parenteral),
higienizarlos, cambiarlos de posición, etcétera. Se
produce cuando la depresión alcanza un grado tal que llega
a bloquear la capacidad vivencial para estímulos
sensoriales, por ejemplo. Esto se observa en melancolías
graves. Se debe diferenciar del estupor catatónico y
confusional (véase "Estupor catatónico" en el capítulo
sobre la voluntad).
Cataplejia
Consiste en
una ausencia paroxística del tono muscular desencadenada
por emociones intensas, como por ejemplo la risa, sorpresa
o sobresalto, sin pérdida de conocimiento. Suele asociarse
a la narcolepsia (Síndrome de Gelineau). A veces se
experimenta en el sueño parcial disociado, donde la
persona se siente despierta, pero con el cuerpo totalmente
paralizado.(3, 7)
Bibliografía
*. Marietán, Hugo,
Curso de Semiología Psiquiatrita, Ananké, Buenos Aires ,
1998
1. A. Vallejo
Nágera, Tratado de Psiquiatría, Salvat, 1949.
2. J. Delay,
P. Pichot, Manual de Psicología, Barcelona, Toray Masson,
1979. (Va mi agradecimiento al Dr. Luis Lozano por sus
clases sobre afectividad, un clásico en el Curso Superior
para Médicos Psiquiatras de la UBA, y que llamó mi
atención hacia estos autores.)
3. R.
Battegay et al., Diccionario de Psiquiatría, Herder, 1989.
4. DSM-IV,
Barcelona, Masson, 1995.
5. Emilio
Mira y López, Cuatro Gigantes del Alma, Buenos Aires, El
Ateneo, 1984.
6. M.A. y
J.C. Colacilli de Muro, Fundamentos de Psicología, Buenos
Aires, Plus Ultra, 1981.
7. Antoine
Porot, Diccionario de Psiquiatría, Barcelona, Labor, 1977.
8. H.
Delgado, Curso de Psiquiatría, Barcelona, Científico
Médica, 1963.
9. Karl
Jaspers, Escritos psicopatológicos, Madrid, Gredos, 1977.
10. Oscar
Slipak, Estrés y perfiles de personalidad, Alcmeon, año 6,
vol. 4, Nº 4, Buenos Aires, marzo 1996.
11) V.
Cabello, Psiquiatría forense en el derecho penal, t. 2b,
Buenos Aires, Hammurabi, 1982.
12. J. Brown
y otros, Psicología aplicada, Buenos Aires, Paidós, 1972.
13. Hugo R.
Marietán, Alcmeon, año IV, Vol. 3, Nº 4, Buenos Aires,
1994.
14. M.
Reichardt, Psiquiatría general y especial, Madrid, Gredos,
1958.
15. Carlos R.
Pereyra, Esquizofrenia, demencia precoz (tesis de 1943),
Buenos Aires, Salerno, 1965. (Agradezco al Dr. Pablo
Berrettoni, cuya tesis versa sobre este tema, el haberme
recomendado la relectura de este valioso autor.)
16. J.C.
Romi, Rev. Psiq. Forense y Sexología, año 1, vol. 1, Nº 4,
Buenos Aires, abril 1996.