CURSO SOBRE DEPRESIÓN
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Los signos y
síntomas (Primera parte)
Consideramos
útil dar un panorama general sobre el tema de Afectividad,
siempre teniendo presente que cualquier alteración en la
psiquis tiene repercusión en la totalidad de la misma. El
hecho que por razones didácticas todavía hablemos del
viejo esquema Intelecto, Afectividad y Voluntad, implica
simplemente que aún no hemos encontrado una opción
superadora. Pero el lector debe entender que es a fines de
hacer accesible al intelecto este tema tan difícil de
asir, aun sabiendo que, por ejemplo, una emoción que es
desde el punto de vista clásico el referente base de lo
afectivo, tiene repercusión en el intelecto y en la
voluntad. Es decir, tiene una afectación en la globalidad
de la psiquis. Los siguientes conceptos son extraídos del
libro Semiología Psiquiatra de mi autoría.
Afectaciones *
Hugo Marietan
Introducción
Los
sentimientos se perciben difusos, por eso se "sienten" y
no se entienden claramente.
La "nitidez"
con que se "recortan" los conceptos que responden a la
lógica razonante, al intelecto, esa completud en el
percibir, no se presenta en lo "afectivo", sino que nos
"afectan" de tal manera, en forma tan individual, que la
traducción de nuestra propiocepción al lenguaje o al
código lógico, nunca es adecuada. Nos aproximamos al "como
si" de la poesía o la metáfora, la analogía o la
comparación. Pero en esencia el sentimiento permanece tan
inexpresable como desde siempre. Wittgenstein decía que lo
metafísico era inexplicable, "se muestra a sí mismo, es lo
místico. El amor, la libertad, Dios, pertenecen a esta
parte alejada de lo verbal, al dominio de lo inefable".
Trataremos
aquí algunas de las maneras de ser conmocionados y
reaccionar. Y el aprendizaje de ese par de estados que
determinan formas de conductas persistentes.
Características de lo afectivo
Cabello(11)
da seis características de lo afectivo:
1) Son
procesos vividos subjetivamente, fundidos al estado de
ánimo y con nuestro propio estado de conciencia;
2) Poseen
una referencia intencional en relación con las múltiples
situaciones estimables de nuestra vida y de los objetos
que nos rodean, asignándoles un valor;
3) Impregna
toda la actividad psíquica, concediéndole una tonalidad
particular acorde con los sentimientos;
4) Es
dinamógeno por excelencia;
5) Tiene
intensidad variable: graduándose como sentimientos,
emociones y pasiones;
6) Los
afectos oscilan bipolarmente: alegría-tristeza,
placidez-angustia.
Reacciones
emocionales
Para Delay-Pichot,(2)
el comportamiento emocional evoluciona según tres fases
sucesivas:
1)
Respuesta inmediata: De breve duración,
corresponde a la emoción propiamente dicha. Ejemplo:
comportamiento de sorpresa, de miedo-cólera, el síncope.
El
comportamiento de sorpresa es un tipo de
comportamiento idéntico de un sujeto a otro (de
observación en todas las personas, excepto los
epilépticos) y de una duración muy breve: el conjunto de
la reacción dura de un cuarto a medio segundo; a veces es
difícil reconocerlo sin medios adecuados de observación.
Es desencadenado por un estímulo inesperado. Consiste en
una modificación rápida de la posición del cuerpo: los
músculos del cuello se contraen, los hombros se levantan,
los brazos se llevan ligeramente hacia delante, aparece
parpadeo y la boca se contrae en un rictus.
El
comportamiento miedo-cólera tiende a preparar al
sujeto para una actividad violenta, necesaria para su
conservación (fuga o ataque), cuando percibe la situación
como amenazadora. Puede producir un efecto paralizante
(pánico). Un estímulo emocional intenso puede producir un
síncope en algunos casos. Éste va precedido de una
sensación de debilidad muscular, de transpiración, de
náuseas, de bostezos y de oscurecimiento de la vista.
Entonces sobreviene la pérdida de conocimiento (colapso),
que en algunas ocasiones puede acompañarse de pérdida de
control de los esfínteres. El conjunto de este
comportamiento va ligado a un descenso de la presión
venosa, que lleva consigo una acumulación de sangre en las
partes inferiores del cuerpo, y por lo tanto una anoxia
cerebral.
Cabello,(1)
al tratar el tema de la emoción violenta,
menciona que son tres los entes psicológicos
fundamentales:
a)
Representación mental súbita, sorpresiva, de una situación
disvaliosa o valiosa;
b) Conmoción
afectiva intensa;
c) Respuesta
psicomotora.
Estos tres
entes psicológicos traducen una marcada exaltación de los
afectos, una inhibición de las funciones intelectuales
superiores y un predominio de la actividad automática y
neurovegetativa. En consecuencia el individuo tiene un
recuerdo parcial y fragmentario de las acciones realizadas
en este estado emocional.
2)
Respuesta secundaria: De duración variable, pero
relativamente corta, salvo si es patológica, expresa el
período de recuperación a la respuesta emocional inmediata
y generalmente se caracteriza por sensaciones de fatiga,
apatía y depresión.
3) Los
efectos persistentes de las emociones: Consecuencias de la
respuesta secundaria, son hábitos emocionales persistentes
que corresponden a los sentimientos. El individuo tiende a
desarrollar hábitos dirigidos a prolongar o producir los
efectos secundarios agradables y a eliminar los efectos
desagradables. Estos hábitos emocionales tienen valor
adaptativo.
En esta
perspectiva la pasión no es considerada sino como
un efecto duradero de las emociones, cuya particular
intensidad y consecuencias sobre el comportamiento
determinan una dirección particular en la orientación de
vida de la persona. Ejemplo de ello son la pasión por las
artes, el conocimiento, etcétera.
Reacciones
inmediatas patológicas
Se producen
cuando los recursos del organismo son insuficientes para
integrar de manera adecuada la experiencia emocional. Es
un desequilibrio entre la intensidad del estímulo y la
capacidad adaptativa del sujeto. La circunstancia
estimulante debe tener un valor afectivo particular para
la persona.
1) Reacción
explosiva de cólera: Puede deberse a predisposición
individual, a alteraciones psicopatológicas o
neurológicas. Un estímulo mínimo puede provocar una cólera
incontenible con agresiones violentas sin consideración de
las consecuencias. Este efecto se puede producir por
acumulación de situaciones estresantes y el estímulo
desencadenante "es la chispa que enciende la pólvora" (Kretschmer),
como es el caso en los presos y algunos crímenes
pasionales. Es clásico el ejemplo de la ebriedad
patológica, donde pequeñas dosis de alcohol pueden
provocar este tipo de reacción. También la epilepsia en el
período intercrítico y la epilepsia temporal son ejemplos
donde podemos observar estos comportamientos.
2) Reacción
de miedo y la angustia: La reacción de miedo
patológico se encuentra en la ansiedad intensa. Se produce
una anticipación aprensiva de un daño o desgracia futuros,
acompañada de un sentimiento de disforia o de síntomas
somáticos de tensión. El objetivo del daño anticipado
puede ser interno o externo.(4) En el pánico
(crisis de angustia), que el DSM-IV describe como
"aparición temporal y aislada de miedo o malestar intenso,
de inicio brusco que incluye algunos de los siguientes
síntomas:
Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la
frecuencia cardíaca; sudoración; temblores o sacudidas;
sensación de ahogo o falta de aliento; sensación de
atragantarse; opresión o malestar torácico; náuseas o
molestias abdominales; inestabilidad, mareo o desmayo;
desrealización (sensación de irrealidad) o
despersonalización (estar separado de uno mismo); miedo a
perder el control o volverse loco; miedo a morir;
parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo);
escalofríos y sofocaciones."
Se llama
angustia a un miedo sin objeto aparente (angustia
flotante). Cuando la angustia es, en apariencia,
consecuencia de un estímulo que normalmente no produciría
este tipo de reacción, se habla de "angustia fijada". No
se emplea en este caso el término "miedo" (que siempre es
hacia algo concreto), porque el papel del estímulo no es
más que simbólico, como en el caso de la angustia fóbica.
Desarrollos
afectivos patológicos y procesos
Cuando
aparecen reacciones afectivas patológicas que son
consecuencia de una exageración de hábitos reaccionales
preexistentes hablamos de "desarrollo". Jaspers(9)
dice que "se habla de desarrollo de una personalidad
cuando en ella se encuentran fenómenos patológicos pero
que se pueden comprender y explicar a partir del juego
mutuo de las relaciones psicológicas y racionales que se
encuentran incrustadas dentro de una conexión psicológica
objetivada de predisposición originaria, y unitaria a
pesar de toda la desarmonía y falta de consistencia". Por
ejemplo, una personalidad paranoide (desconfiada,
suspicaz, susceptible, sobrevalorada, orgullosa,
etcétera), puede desarrollar una paranoia que es la
exageración de estas características previas, con
alteración del juicio de realidad.
En cambio se
habla de proceso cuando los síntomas morbosos
irrumpen sin que existan síntomas semejantes previos,
dando la vivencia de incomprensibilidad en el observador,
a diferencia de lo que ocurre en el desarrollo. Jaspers(9)
define como procesos a lo que conduce a una transformación
incurable, es decir, a un cambio permanente; "Los procesos
son cambios en la vida psíquica incurables, heterogéneos a
la personalidad anterior, que irrumpen en ésta, ya sea una
vez y aisladamente o en forma repetida y en general, y
dentro de estas posibilidades, en todas sus transiciones
invaden la personalidad". Este tema será ampliado cuando
tratemos delirios crónicos y esquizofrenia.
Estrés-Distrés
Se llama
estrés a la reacción general de adaptación del organismo
frente a circunstancias obstaculizantes o adversas. Para
la OMS(10) el estrés es "el conjunto de reacciones
fisiológicas que prepara el organismo para la acción". El
organismo cuenta con "amortiguaciones" fisiológicas para
soportar un quantum de estrés, y cuando éste es
sobrepasado, se presenta una serie de repercusiones
somáticas (úlcera, hipertensión, asma, etcétera)
representadas por signos y síntomas morbosos que
denominamos distrés. O. Slipak(10) dice que "si las
demandas del medio son excesivas y/o prolongadas, aun
siendo agradables, y superan la capacidad de resistencia y
de adaptación del organismo, llegamos al «distrés o mal
estrés»". La muerte de un familiar, casamiento, mudanza,
jubilación, pérdida de empleo, divorcio, etcétera, son
situaciones que pueden provocar distrés. Los factores
causantes de estrés serían iguales para todos los
individuos, pero la vía elegida (autonómica o
neuroendócrina) estaría ligada al grado de vulnerabilidad
del sujeto y a su perfil psicológico. Así tendríamos
distintos patrones de conducta.
Los de
tipo A,(10) donde predominan las respuestas excesivas,
son individuos agresivos, hiperactivos, ambiciosos,
irritables, impulsivos, impacientes, dominantes, tensos y
competitivos. Tienen mayor predisposición a padecer
patologías cardiovasculares por activación de las
catecolaminas, nicotismo y obesidad.
El patrón de
conducta tipo C, está representado por individuos
introvertidos, obsesivos, pasivos, resignados y apacibles,
extremadamente cooperadores, sumisos y conformistas,
siempre controlan las expresiones de hostilidad y son
deseosos de aprobación social. Están más predispuestos a
reumas, infecciones, alergias, dermatopatías, cáncer e
inhibición inmunitaria.
El patrón de
conducta tipo B se observa en personas tranquilas,
confiadas, relajadas, abiertas a las emociones, incluidas
las hostiles.
Variaciones
del humor
Corresponde
a Kretschmer(2) una forma de clasificar a los individuos
en función de la cualidad de su humor. Es así que
describió la ciclotimia y la esquizotimia como variaciones
normales, y el humor melancólico, maníaco y esquizofrénico
como variaciones patológicas:
1) En la
ciclotimia se pasa fácilmente de la alegría a la tristeza,
del júbilo al dolor. El elemento fundamental es la
capacidad de vibrar con el ambiente (sintonía de Bleuler).
Estas variaciones pueden manifestarse varias veces a lo
largo del día o transcurrir como fases prolongadas de
semanas o meses. Los ciclotímicos son socialmente
extravertidos.
2) La
esquizotimia es un humor más frío, asintónico con el
medio, de una aparente insensibilidad. La oscilación es
entre sensibilidad y frialdad. Los esquizotímicos son
socialmente introvertidos.
3) El humor
melancólico se manifiesta por la intensa angustia que
puede inhibir (hasta llegar al estupor) o desorganizar al
individuo, como la agitación producida en la melancolía
ansiosa.
4) El humor
maníaco es un júbilo morboso que aparece en los cuadros de
excitación psicomotriz y específicamente en la manía.
5) El humor
esquizofrénico se manifiesta con frialdad, distanciamiento
afectivo, pérdida del entusiasmo, afecto incongruente y
afecto aplanado. El afecto incongruente es la expresión
inadecuada del afecto con relación al discurso del
paciente. Por ejemplo: reírse mientras describe la muerte
de un pariente querido. El afecto aplanado indica un
embotamiento afectivo o carencia en la demostración de
afecto.
El miedo
El miedo es
un estado de tensión generado por la expectación real o
imaginaria de peligro, dolor o displacer. En el miedo
existe la posibilidad, aunque sea mínima, de que el hecho
temido no ocurra o en el caso de ocurrir no implique el
peligro expectado; pero si no existe ese margen, si no hay
esperanzas, si el hecho ocurre sí o sí, caemos en la
desesperación o en la resignación (entregarse,
rendirse a las circunstancias).
El miedo
integra los valores preventivos, deviene del instinto de
conservación y evita que el individuo se coloque en una
situación de peligro. Marca los límites de la expansión
del accionar, es inhibitorio, y al poner en marcha los
sistemas defensivos le quita espontaneidad a los
movimientos. Es decir, una persona temerosa es
desconfiada, se siente insegura y está tensa. Frente a una
posibilidad interpretada como peligrosa, las reacciones
primarias son de enfrentamiento para eliminarla (lucha) o
de alejamiento (huida). Sin embargo, hay reacciones
complejas que enmascaran, en mil formas, estas dos
reacciones primarias, lo que da una imagen engañosa a los
demás o se engaña a sí mismo. Muchas veces el trabajo
terapéutico consiste en quitar los ropajes y enfrentar a
la persona con sus miedos.
Rescatamos
de Emilio Mira y López(5) sus seis niveles de
intensidad del miedo: prudencia, cautela, alarma,
angustia, pánico y terror.
1)
Prudencia: La persona trata de no entrar en
conflicto con el ambiente, renunciando a todo lo que
implique riesgo, aun los objetivos placenteros. Se
autolimita y adopta un perfil bajo. Se autojustifica
racionalizando (negación del deseo), creándose una
autoimagen de generoso o creyéndose previsor y reflexivo.
2)
Cautela: Hay un estado de preocupación,
desconfianza, expectación, temor al fracaso, pesimismo,
inseguridad. Los movimientos pierden espontaneidad, son
cautelosos y concentrados. Mantiene la apariencia de
tranquilidad exterior con actos secundarios como cantar,
silbar, fumar, mover las manos o los pies, hacer un
chiste, etcétera.
3)
Alarma: Ya tiene plena conciencia del miedo,
siente que no puede controlar su mente ante la presunción
de un inminente daño; hay vivencia de insuficiencia con
pérdida de la claridad del pensamiento. Toma una actitud
de alarma y desconfianza intensa. Aparecen movimientos
superfluos, vacilantes, inseguridad en el control
psicomotriz, temblores, movimientos de retroceso y
torpeza.
4)
Angustia: Vivencia de angustia ansiosa, con una
mezcla de temor y furor; la persona se siente
"enloquecer". Hay una desorganización funcional
generalizada que le impide el autocontrol de la
motricidad; aparición de movimientos automáticos y
trastornos viscerales.
5)
Pánico: El sujeto apenas se da cuenta de lo que
ocurre, hay liberación de automatismos y reacciones
primitivas. La persona no se controla ni puede ser
controlada. Las reacciones, por escapar al control
cortical, son imprevisibles y desorganizadas. Pueden ir
desde las convulsiones a la inmovilidad o a un despliegue
de movimientos y de fuerzas inusitados, con la aparición
de la "fuga hacia adelante", atacando al generador del
miedo sin medir consecuencias. No hay recuerdo nítido de
esta situación, a veces se lo evoca como una pesadilla o
fragmentariamente.
6)
Terror: El sujeto ha perdido no solamente su
intelección y sensibilidad afectiva, sino toda su potencia
reaccional motriz. Yace inmóvil, inerte, "muerto de
miedo", aterrorizado (confundido con la tierra). Hay una
falta de reacción local, aun ante estímulos dolorosos.
Sólo se conservan las actividades neurovegetativas mínimas
para asegurar la persistencia del ser. Está ajeno a todo
cuanto acontece a su alrededor, con una absoluta apatía,
indolencia e indiferencia. Queda una amnesia irrecuperable
de lo acontecido.
Mira y López
distingue como estímulos, objetos o agentes del miedo el
dolor, la pena, la muerte, las enfermedades, la soledad,
la vida, los instintos, la guerra, las revoluciones y los
cataclismos naturales. El análisis exhaustivo de todos
ellos escapa a las posibilidades de esta presentación, por
lo que remitimos al lector a la obra de Mira y López.(5)
Afecto y
DSM-IV
Dado el
generalizado uso de los términos impuestos por el DSM en
sus distintas versiones, trascribimos algunos de ellos
referidos al tema "afectividad".(4)
1)
Afecto: Patrón de comportamientos observables que
es la expresión de sentimientos (emoción) experimentados
subjetivamente. Tristeza, alegría y cólera son ejemplos
usuales de afecto. A diferencia del humor, que concierne a
un "clima" emocional más generalizado y persistente, el
término afecto se refiere a cambios más fluctuantes en el
"tiempo emocional". Lo que se considera gama normal de la
expresión de afecto varía notablemente, tanto entre
culturas diferentes como en cada una de ellas. Los
trastornos del afecto incluyen las siguientes modalidades:
a) Aplanado:
Ausencia o casi ausencia de cualquier signo de expresión
afectiva.
b) Embotado:
Reducción significativa de la intensidad de la expresión
emocional.
c)
Inapropiado: Discordancia entre la expresión afectiva y el
contenido del habla o ideación.
d)
Restringido o constreñido: reducción ligera de la gama y
la intensidad de la expresión emocional.
2)
Estado de ánimo: Emoción generalizada y
persistente que colorea (sic) la percepción del mundo. Son
ejemplos frecuentes de estado de ánimo la depresión,
alegría, cólera y ansiedad.
Estos son
los tipos de estados de ánimo:
a) Disfórico:
Estado de ánimo desagradable, tal como la tristeza,
ansiedad o irritabilidad.
b) Elevado:
Sentimiento exagerado de bienestar, euforia y alegría.
c) Eutímico:
Estado de ánimo dentro de la gama "normal", que implica la
ausencia de ánimo deprimido o elevado.
d)
Expansivo: Ausencia de control sobre la expresión de los
propios sentimientos, a menudo con sobrevaloración del
significado o importancia propios.
e)
Irritable: Fácilmente enojado y susceptible a la cólera.
Bibliografía
general del tema Afectaciones
*. Marietán, Hugo,
Curso de Semiología Psiquiatrita, Ananké, Buenos Aires ,
1998
1. A. Vallejo
Nágera, Tratado de Psiquiatría, Salvat, 1949.
2. J. Delay,
P. Pichot, Manual de Psicología, Barcelona, Toray Masson,
1979. (Va mi agradecimiento al Dr. Luis Lozano por sus
clases sobre afectividad, un clásico en el Curso Superior
para Médicos Psiquiatras de la UBA, y que llamó mi
atención hacia estos autores.)
3. R.
Battegay et al., Diccionario de Psiquiatría, Herder, 1989.
4. DSM-IV,
Barcelona, Masson, 1995.
5. Emilio
Mira y López, Cuatro Gigantes del Alma, Buenos Aires, El
Ateneo, 1984.
6. M.A. y
J.C. Colacilli de Muro, Fundamentos de Psicología, Buenos
Aires, Plus Ultra, 1981.
7. Antoine
Porot, Diccionario de Psiquiatría, Barcelona, Labor, 1977.
8. H.
Delgado, Curso de Psiquiatría, Barcelona, Científico
Médica, 1963.
9. Karl
Jaspers, Escritos psicopatológicos, Madrid, Gredos, 1977.
10. Oscar
Slipak, Estrés y perfiles de personalidad, Alcmeon, año 6,
vol. 4, Nº 4, Buenos Aires, marzo 1996.
11) V.
Cabello, Psiquiatría forense en el derecho penal, t. 2b,
Buenos Aires, Hammurabi, 1982.
12. J. Brown
y otros, Psicología aplicada, Buenos Aires, Paidós, 1972.
13. Hugo R.
Marietán, Alcmeon, año IV, Vol. 3, Nº 4, Buenos Aires,
1994.
14. M.
Reichardt, Psiquiatría general y especial, Madrid, Gredos,
1958.
15. Carlos R.
Pereyra, Esquizofrenia, demencia precoz (tesis de 1943),
Buenos Aires, Salerno, 1965. (Agradezco al Dr. Pablo
Berrettoni, cuya tesis versa sobre este tema, el haberme
recomendado la relectura de este valioso autor.)
16. J.C. Romi,
Rev. Psiq. Forense y Sexología, año 1, vol. 1, Nº 4,
Buenos Aires, abril 1996.