• Clínica del episodio depresivo
• Las psicosis cicloides
• Factores que predicen bipolaridad
• Bipolaridad y género
• Bipolaridad y abuso sexual
• Bipolaridad, temperamento y personalidad
• Bipolaridad y síntomas subclínicos
• Criterios para el diagnostico de la depresión
bipolar
La depresión bipolar es una entidad
que a pesar de poseer características clínicas y
evolutivas propias que la diferencian de la depresión
unipolar, sólo es diagnosticada cuando el primer episodio
maníaco hace eclosión.
Los primeros elementos diagnósticos
fueron planteados por Perris, quien consideró que en la
depresión unipolar o recurrente los episodios depresivos
son más intensos y largos, se acompañan de ideas de
suicidio, insomnio inicial o de conciliación, pérdida de
peso, confusión mental y preocupaciones somáticas. La
depresión bipolar se asocia con episodios depresivos y
períodos intercríticos más cortos, temática delirante
incongruente, mayor recurrencia y un peor pornóstico.
Ojeda y colaboradores estudiaron
los diagnósticos de egreso de los pacientes del hospital
José Horwitz de Santiago de Chile encontrando que la
depresión bipolar correspondió al 4% de los egresos y al
0.64% de las primeras consultas ambulatorias. Los autores
en un nuevo trabajo de tipo retrospectivo revisaron 100
historias clínicas de pacientes diagnosticados con
enfermedad maniaco-depresiva internados en el departamento
de psiquiatría del hospital San Carlos de Madrid y 44
historias de pacientes con el mismo diagnóstico ingresados
en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile,
entre los años de 1976 y 1982. Encontraron que los
diagnósticos dados al primer episodio (depresión simple,
depresión delirante, cuadro confusional y manía) no
mostraban coherencia, a excepción de los cuadros
maníacos, con el cuadro de enfermedad maníaco depresiva
que se diagnosticó años más tarde.
Estos hallazgos nos hacen pensar que
el cuadro depresivo inicial no es considerado por el
clínico como la primera manifestación del trastorno
afectivo bipolar (TAB) porque desconoce las
características clínicas de la depresión bipolar o
considera al TAB como un padecimiento poco perturbador, o
su diagnóstico es difícil o los criterios clínicos para el
diagnóstico son insuficientes y poco claros. Al parecer,
el clínico no sospecha la presencia de un posible TAB en
el primer episodio depresivo y no indaga sobre su posible
evolución hacia la depresión recurrente o hacia la
bipolaridad. Estos hechos son tenidos en cuenta solamente
cuando el paciente presenta nuevos episodios depresivos o
un episodio de rasgos maníacos.
El pasar por alto los elementos de
bipolaridad en el diagnóstico de la depresión que aparece
por primera vez, especialmente en personas jóvenes, ha
originado que las estrategias terapéuticas empleadas no
sean las más adecuadas y eficaces y que con frecuencia el
diagnóstico de TAB sea tardío.
El TAB es un trastorno fásico,
caracterizado por una “emoción prolongada y global”
(depresión y manía), clínicamente complejo, que se expresa
por alteraciones del comportamiento y de los procesos
psíquicos. Estas características hacen que su diagnóstico
no se realice en forma temprana, a pesar de hacer su
aparición antes de los 25 años de edad, y su diagnóstico
es aún más tardío cuando se trata de episodios depresivos
previos al primer cuadro de manía.
En el presente capítulo revisaremos
las características clínicas y evolutivas de los episodios
depresivos, con el fin de identificar los elementos
clínicos que puedan ser considerados como predictores de
bipolaridad, que puedan ser utilizados para hacer el
diagnóstico temprano de la depresión bipolar, y disminuir
el sufrimiento, las complicaciones, la cronicidad y los
costos en el paciente.
CLINICA DEL EPISODIO DEPRESIVO
Los criterios diagnósticos para el
episodio depresivo son aceptados, en general, por la
mayoría de los clínicos. La controversia se ha centrado en
la duración y evolución de los síntomas y la presencia de
síntomas psicóticos asociados o de síntomas atípicos
(somnolencia, hiperfagia) que han originado toda clase de
intentos de clasificación y el acuñamiento de términos
como depresión endógena o depresión recurrente que se
utilizan en forma indiscriminada o inadecuada, sin tener
en cuenta su verdadero significado semiológico.
Depresión endógena
El término endógeno hace referencia a
la ausencia de situaciones externas capaces de precipitar
el episodio depresivo. Para Henri Ey, es un descenso del
humor que se acompaña de inhibición y dolor moral.
Corresponde a un cuadro de melancolía que aparece separada
de la continuidad de la existencia. En su etiopatogenia es
posible identificar “taras hereditarias, factores
constitucionales y organogénesis”. La semiología del
cuadro clínico se caracteriza por conductas de
autoagresión (incluyendo el suicidio), delirios de culpa y
sentimientos de depresión vital, que se agrupan en cuatro
formas clínicas: simple, estuporosa, ansiosa y delirante,
que en criterio del clínico francés expresados en 1955,
mejoran con la terapia electroconvulsiva.
En síntesis, se trata de un episodio
depresivo, con antecedentes familiares, que no es reactivo
a las vivencias de la vida diaria, caracterizado por ánimo
depresivo y síntomas que incluyen inhibición psicomotriz,
delirios, confusión mental e intentos de suicidio .
Depresión recurrente
Los episodios depresivos que se
presentan en forma intermitente, fueron considerados por
Kraepelin como integrantes de la Psicosis Maníaco
Depresiva, cuadro clínico caracterizado por amencias y
cambios en el estado de ánimo.
Años más tarde, Kleist describió las
psicosis fásicas simples monofásicas, cuyas formas
clínicas de melancolía, melancolía ansiosa y depresión
hipocondríaca, correspondían a cuadros depresivos
unipolares, no deteriorantes, rasgo que permite
diferenciarlas de la esquizofrenia.
Se trata de episodios depresivos
cíclicos, intermitentes, con variaciones clínicas, que
ocasionalmente se acompañan de cuadros de manía. Es decir,
corresponden a depresiones unipolares.
La depresión recurrente hace su
aparición en forma precoz (antes de los 35 años de edad).
Presenta varias formas clínicas: simple (60%), delirante
(15%) confusa (10%) y en el 15% se acompaña de elementos
maníacos, la forma más frecuente en hombres, forma clínica
que correspondería a un TAB-I
La depresión recurrente breve con
frecuencia es diagnosticada como Personalidad Límite,
debido a los cambios rápidos del humor y su ciclado
rápido, especialmente si se trata de un paciente femenino.
Dunner describió el TAB-II en 1976 al
referirse a pacientes hospitalizados con depresión que no
presentaban manía pero que al ser entrevistados referían
historias de estados de moderada excitación, de
proporciones hipomaníacas. El 21% de los pacientes con TAB-I
o TAB-II, según este autor, tienen hospitalización previa
por depresión unipolar.
Akiskal propuso en 1983, considerar a
la depresión recurrente como un componente del TAB, al
observar que los pacientes con distimia presentan cuadros
de hipomanía, los pacientes con ciclotimia padecen
depresiones graves y los cuadros de depresión unipolar
pueden virar hacia la manía. Propuso, además, crear una
nueva categoría diagnóstica, el TAB tipo III (TAB-III)
para incluir en ella a las depresiones recurrentes sin
hipomanía, que se observan en individuos con temperamento
hipertímico e historia familiar de bipolaridad y a los
pacientes deprimidos que presentan síntomas de manía o
hipomanía al recibir tratamiento con antidepresivos.
La propuesta de Akiskal despertó
controversias que aún hoy en día se mantienen. El DSM-IV
considera que para hacer el diagnóstico de trastorno
depresivo mayor recidivante, es necesaria la presentación
de dos o más episodios depresivos, sin la presencia de un
episodio de manía o que los síntomas similares a la manía,
la hipomanía o los estados mixtos hayan sido inducidos por
sustancias o por tratamientos o sean debidos a los efectos
fisiológicos directos de la enfermedad médica.
LAS PSICOSIS CICLOIDES
Son psicosis delirantes agudas
caracterizadas por la eclosión súbita de un delirio
transitorio, generalmente polimorfo en sus temas y
manifestaciones, que tienden a la repetición y total
recuperación. Magnan las denominó Bouffees delirantes, en
tanto que Leohnard describió tres formas clínicas, la
psicosis angustia-felicidad, la psicosis confusional y la
psicosis con compromiso de la motilidad. Se trata de
cuadros de inicio agudo, cuya clínica sugiere la
existencia de bipolaridad y es necesario diferenciarlas de
las psicosis esquizoafectivas descritas por Kassanin.
Perris & Brokington han estudiado la
clínica de las psicosis cicloides en forma amplia. Han
precisado que las psicosis cicloides son psicosis agudas
con síntomas variables, comienzo repentino y duración
breve, que presentan grados variables de confusión mental,
presencia de delirios, especialmente de tipo
persecutorio, que se acompañan de incongruencia afectiva
y experiencias alucinatorias, ansiedad excesiva de tipo no
reactivo, sentimientos de felicidad o éxtasis,
preocupación por la muerte y cambios frecuentes de humor.
Las psicosis cicloides son más
frecuentes en mujeres y en el 40% de los casos se
encuentran antecedentes de historia familiar.
Estos hechos clínicos sugieren la
presencia de bipolaridad, ya sospechada por Leonhard en
sus estudios clínicos. Sin embargo, los síntomas del
cuadro clínico de las psicosis cicloides parecen
corresponder a los criterios diagnósticos que el CIE-10
considera para el diagnóstico de los trastornos agudos y
transitorios y al ser clasificadas las psicosis cicloides
en esta categoría, el médico deja de tener en mente su
posible asociación con el TAB.
FACTORES PREDICTORES DE
BIPOLARIDAD.
El diagnóstico de bipolaridad es
hecho por el médico cuando observa que la depresión
alterna con un episodio maníaco. Generalmente la depresión
aparece primero y solo en pocas ocasiones el primer
episodio de un TAB es de tipo maníaco. Estos hechos
clínicos permiten deducir que el criterio principal para
el diagnóstico de TAB es la presencia de manía (TAB-I) o
de hipomanía (TAB-II).
Akiskal afirma que la aparición del
primer episodio de manía o hipomanía es tardío y calcula
que aparece, en promedio, 6.4 años después de la eclosión
del primer episodio depresivo. El diagnóstico clínico
tardío del TAB hace que con frecuencia no sea tenido en
cuenta por el clínico como una posible opción diagnóstica
y que prescriba un tratamiento inadecuado a los cuadro
depresivos, recurrentes o nó, que hacen aparición en forma
temprana, que pueden continuar con su evolución clínica,
que mengua las funciones cognoscitivas y disminuye la
calidad de vida del paciente
Para evitar estas consecuencias,
Akiskal propone una serie de factores, que considera son
predictores de bipolaridad: inicio precoz del episodio
depresivo (generalmente en mujeres menores de 25 años),
episodio depresivo con inhibición psicomotriz e
hipersomania, historia familiar de TAB, antecedente de
depresión posparto (con frecuencia corresponde al primer
episodio maníaco) y antecedente de hipomanía al iniciar
tratamiento con los antidepresivos.
En 1995, en un estudio liderado por
Akiskal, denominado NIMH Collaborative Study in Depression,
se encontró que el 12.5% de los pacientes con depresión
recurrente presentaron manía o hipomanía, siendo la
hipomanía la más frecuente (8.6%). Los episodios se
caracterizaron por edad temprana de aparición de los
síntomas depresivos, historia de abuso de sustancias,
interrupción de la vida académica y actos antisociales,
curso errático de la evolución clínica con intervalos
cada vez más cortos de los períodos de crisis e intensa
lababilidad emocional en el período intercrítico. La alta
frecuencia de presentación de este rasgo (86%) permitió
que fuera identificado como un predictor específico de
bipolaridad.
Carter y colaboradores han observado
que en el grupo de pacientes en quienes el episodio de TAB-I
o TAB-II se inició antes de los 18 años de edad, existe
mayor frecuencia de trastornos de ansiedad, de ciclado
rápido, intentos de suicidio, abuso de sustancias y
comorbilidad en el eje I, comparados con el grupo de
pacientes cuyo primer episodio se inició después de los 18
años de edad, hallazgos que predicen un pronóstico sombrío
en estos pacientes.
En un estudio retrospectivo con 718
pacientes con enfermedad bipolar, McKinnon y
colaboradores, encontraron que el viraje a la manía es
frecuente (44% de los pacientes) y está relacionado con la
aparición temprana del episodio depresivo, comorbidad con
ansiedad o abuso de sustancias, intentos de suicidio e
historia de manías producidas por los antidepresivos.
Sugieren los autores la necesidad de desarrollar líneas de
investigación biológica que permitan comprender el
fenómeno de viraje rápido, y permita diferenciarlo de los
pacientes cicladores rápidos, o que presentan estados
mixtos o tienen un trastorno de personalidad limítrofe.
Como corolario de las anteriores
observaciones, se puede concluir que la bipolaridad se
inicia antes que aparezca el cuadro de manía y que el
identificar precozmente a los predictores de manía permite
dar un tratamiento adecuado a los episodios depresivos que
se inician en edad temprana.
¿LA BIPOLARIDAD EVOLUCIONA?
Durante muchos años se aceptó como
aforisma que el trastorno bipolar no se observa en niños.
En la actualidad los trastornos bipolares en niños tienen
una prevalencia aproximada de 1% y se calcula que una
tercera parte de los 3.4 millones de niños y adolescentes
con depresión, en los Estados Unidos, pudiera estar
experimentando el comienzo temprano de la enfermedad
bipolar.
Puerta hizo un revisión del TAB en
niños, en la cual consigna que el TAB en niños tiene
características especificas: la fluctuación afectiva
amplia, con predominio de las formas de manía mixta, con
irritabilidad aumentada que se presenta en “tormentas
afectivas” y ciclado rápido. Los síntomas en los niños
sueles ser, a diferencia del adulto, crónicos y no
episódicos y alteran el funcionamiento familiar, académico
y personal y diminuyen la autoestima.
El TAB puede ser confundido con el
trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH),
con el cual suele presentarse en forma comórbida en un 90%
de los casos. Los niños maníacos difieren de los
hiperactivos en las escalas para medir manía pero no se
observan diferencias en ambos grupos cuando se emplean
escalas para evaluar el TDAH.
Geller afirma que la alegría o
regocijo, la grandiosidad, la fuga de ideas o pensamiento
acelerado, la disminución en la necesidad de dormir y la
hipersexualidad son síntomas relacionados con la manía, en
tanto que la irritabilidad, la hiperactividad, el lenguaje
acelerado y la distractibilidad corresponden al TDAH.
También se ha descrito comorbilidad
con los trastornos ansiosos y los trastornos de conducta,
que convierte a estos niños en disfóricos, sumamente
perturbados, con síntomas de oposición, abuso de
sustancias y problemas de aprendizaje, especialmente en
matemáticas.
El estudio polisomnografía realizado
por Rao y colaboradores con una cohorte de 28 adolescentes
que reunían los criterios para el diagnóstico de depresión
unipolar comparados con 35 adolescentes que no habían
presentado trastornos psiquiátricos, que fueron
reevaluados siete años más tarde, (94% de la muestra)
desde el punto de vista clínico y con un nuevo estudio de
polisomnografía, mostró diferencias
electroencefalográficas entre los pacientes, que en la
segunda oportunidad, fueron diagnosticados con depresión
uni o bipolar. Los pacientes con depresión unipolar
mostraron reducción de la latencia del sueño, densidad
alta del REM y mayores períodos de sueño REM,
especialmente en las primeras horas de la noche,
comparados con los adolescentes que viraron a depresión
bipolar y los controles que continuaron libres de síntomas
psiquiátricos. En los pacientes que fueron diagnosticados
previamente como unipolares y viraron a depresión bipolar
se encontró una mayor frecuencia de estado 1 del período
no-REM y disminución de la fase 4 no-REM, lo cual sugiere
que en ambos trastornos se presentan cambios fisiológicos
de la actividad cerebral asociados con la forma clínica
del episodio depresivo.
El eje hipotálamo-hipófisis-suprarenal
(HPA) s encuentra alterado, en diferente intensidad, en
los pacientes con depresión mayor o trastornos bipolares,
de tal modo que con frecuencia los pacientes con episodios
depresivos presentan elevación de las concentraciones de
cortisol en plasma. Ellenbogen y colaboradores midieron
los niveles de cortisol en saliva en un grupo de 10
adolescentes, que no habían presentado síntomas afectivos
o psicóticos, hijos de padres con enfermedad bipolar y 10
adolescentes, sin historia de patología psiquiátrica ni en
ellos ni en sus padres. Los hijos de padres bipolares
mostraron niveles mayores de cortisol, tanto en la mañana
como en la tarde, y al controlar la variable de edad, se
mantuvieron elevados los niveles de cortisol en horas de
la tarde, lo cual sugiere, aunque la muestra es reducida,
la presencia en estos adolescentes hijos de padres
bipolares de una anormalidad temprana en el HPA.
Tillman y colaboradores estudiaron la
presencia de eventos vitales en la historia personal de un
grupo de adolescentes con trastorno bipolar del fenotipo
prepuberal o de adolescencia temprana (N=93) que fueron
comparados con adolescentes con trastorno por déficit de
atención (N=81) y un grupo control /N=94). Aunque los
autores encontraron una mayor frecuencia de eventos
vitales en el grupo de paciente bipolares, la intensidad y
la frecuencia de los eventos vitales no fueron
significativos para explicar la aparición de los síntomas
bipolares.
Las observaciones clínicas comentadas
anteriormente sugieren la existencia de un factor
biológico, o endógeno, íntimamente relacionado con la
bipolaridad, que puede manifestarse en forma precoz en la
niñez o la adolescencia. Los síntomas observados en el TAB
en niños y adolescentes son diferentes a los observados en
el TAB-I y II del adulto, pero con frecuencia se asemejan
a los síntomas propuestos por Akiskal, para el TAB-III.
BIPOLARIDAD Y GENERO
Es obvio que existen lagunas al
investigar en la mujer que padece un trastorno bipolar
los tópicos específicos que se refieren a las diferencias
de género y su manejo clínico, al impacto en su ciclo
reproductivo, y en las guías basadas en la evidencia
clínica para el manejo de los episodios críticos durante
el embarazo y el puerperio.
No se han encontrado diferencias de
género en la prevalencia del TAB-I, pero en las mujeres se
observa mayor frecuencia de TAB-II, episodios de ciclado
rápido, manía mixta y episodios de manía inducidos por los
antidepresivos. Estos hechos clínicos, como lo sugieren
Buró y Rasgon, producen diferencias genéricas en la
respuesta al tratamiento farmacológico.
Es frecuente que en los hombres el
primer episodio del TAB sea de tinte maniaco, en tanto que
en las mujeres tenga características depresivas.
El curso del TAB en la mujer puede
estar influenciado por los ciclos menstruales, el
embarazo, el puerperio y la menopausia. Con frecuencia,
los síntomas de la depresión posparto con rasgos
psicóticos corresponden a un cuadro de TAB.
Además, la personalidad límite, que
está íntimamente relacionada con la bipolaridad, es más
frecuentemente diagnosticada en mujeres.
Por último, las tasas de suicidio son
más elevadas en hombres, incluso en la adolescencia.
BIPOLARIDAD Y ABUSO SEXUAL
El abuso sexual es un antecedente
frecuente en los pacientes con TAB.
Levitan y colaboradores encontraron
que los pacientes con abuso presentan depresión con
síntomas atípicos, como somnolencia, hiperfagia y aumento
de peso y no observaron diferencias de género en la
presentación de los síntomas. Hyun y colaboradores
encontraron mayor frecuencia de abuso sexual en los
pacientes masculinos con bipolaridad.
La historia de abuso sexual se
correlaciona con aparición precoz de los síntomas, ciclado
rápido, curso más severo, aumento de la suicidalidad y
del abuso de alcohol y de sustancias. Los pacientes
bipolares con historia de abuso sexual presentan un mayor
número de hospitalizaciones, crisis más severas de manía,
menor duración del período intercrítico, mayor frecuencia
de síntomas psicóticos y comorbilidad en los ejes I, II y
III, entre ellos, el síndrome de intestino irritable.
Leverich y colaboradores han encontrado historia familiar
de suicidio en los pacientes con trastorno bipolar y
abuso sexual.
BIPOLARIDAD, TEMPERAMENTO Y
PERSONALIDAD
El concepto de características
premórbidas diferentes en la personalidad de los
pacientes con TAB fue descrito por primera vez por
Hipócrates en su teoría de los humores.
Kraepelin siglos más tarde, considera
a los llamados temperamentos depresivo, maníaco, irascible
y ciclotímico, como formas atenuadas o como una
predisposición a la psicosis maniaco-depresiva.
Kretschmer utilizó el término
“temperamento cicloide” para definir el tipo de
personalidad psicótica que más tarde se manifestaba en
forma depresiva maníaca, hipomaníaca, irritable y
ciclotímica. Observó que no todas las personalidades
cicloides evolucionaban hacia una psicosis maníaco
depresiva, e introdujo los conceptos de vulnerabilidad y
continunn entre el temperamento cicloide situado en un
extremo y la enfermedad maníaco depresiva situado en el
otro, y clasificó entre ellos al trastorno cicloide.
El estudio de la personalidad y el
temperamento no puede abordarse con enfoque categorial (se
posee o no un determinado rasgo clínico), razón por la
cual se emplea actualmente el enfoque cuasidimensional
(enfermedad y fenotipo, como sucede con la esquizofrenia y
la esquizotaxia o carga genética) o el enfoque dimensional
(normalidad y predisposición o vulnerabilidad). Estos
nuevos enfoques han permitido el desarrollo de la
psicología evolutiva, disciplina que no se refiere al
desarrollo y maduración del niño, ni tiene en cuenta las
etapas del desarrollo (oral, anal, por ejemplo), sino que
se ocupa de la evolución del síntoma, en el sentido
longitudinal planteado por Kraepelin.
Akiskal sugiere la presencia de un
temperamento ciclotímico y de rasgos subsindromáticos en
los pacientes bipolares. Para este autor el temperamento
es un fenotipo comportamental, que depende de factores
genéticos y familiares y de la experiencia individual,
temperamento que puede ser observado en padres e hijos,
hayan presentado o no síntomas de TAB.
Akiskal describe los siguientes
síntomas como componentes del temperamento ciclotímico,
síntomas que como podrá observarse, dejan entrever los
rasgos de bipolaridad:
• Hipersomnia que alterna
con reducción de la necesidad de dormir, síntoma ya
comentado en los niños con TAB.
• Introversión que alterna
con búsqueda social y desinhibición.
• Disminución de la
producción verbal que alterna con períodos de locuacidad.
• Crisis de llanto
inexplicable y bromas excesivas.
• Inercia psicomotriz e
hiperactividad.
• Letargia y malestar
somático que alternan con períodos de euforia.
• Aletargamiento sensitivo y
épocas de percepciones agudas.
• Períodos de confusión
mental (descrita por los clásicos en las psicosis agudas)
y épocas de pensamiento agudo y creativo.
• Autoestima disminuida con
períodos de excesiva confianza en sí mismo.
• Cavilaciones pesimistas y
actitudes optimistas y despreocupadas.
En los pacientes bipolares a quienes
se les aplicó El inventario de personalidad de Minnesota (MMPI)
se encontró un aumento en las puntuaciones en las
dimensiones impulsividad, culpa y obsesividad, pero en los
períodos intercríticos el perfil es normal y las
puntuaciones varían con los cambios clínicos. Estas
variaciones que deben ser tenidas en cuenta por el clínico
al solicitar esta prueba.
Si se aplica a los pacientes
bipolares el cuestionario tridimensional de la
personalidad (TPQ) de Cloninnger se observa que los
pacientes con TAB obtienen puntuaciones altas en la
dimensión de búsqueda de lo novedoso y puntaciones bajas
en la dimensión de persistencia. Los individuos que
muestran puntuaciones altas en la búsqueda de lo novedoso
y puntuaciones bajas en la dimensión de evitación del
daño, presentan con mayor frecuencia rasgos como
impulsividad y agresividad y mayor número de intentos de
suicidio. En los pacientes con distimia se ha encontrado
puntuaciones altas en las dimensiones de búsqueda de lo
novedoso y evitación del daño, en tanto que los pacientes
con depresión obtienen puntuaciones elevadas en la
dimensión de evitación del daño.
Joyce ha encontrado que las
puntuaciones elevadas en las dimensiones de búsqueda de lo
novedoso y dependencia de la recompensa están relacionadas
con cifras altas de cortisol sanguíneo pero no con la
presencia de síntomas depresivos. Estos individuos
podrían corresponde a los denominados individuos con
personalidad tipo A, en quienes se han encontrado cifras
elevadas de adrenalina o con los individuos descritos por
Akiskal como temperamento hipertímico.
BIPOLARIDAD Y SINTOMAS SUBCLINICOS
Los síntomas subclínicos incluyen a
los síntomas prodrómicos, los residuales y los que
corresponden a las fluctuaciones subclínicas de un
trastorno crónico.
Síntomas prodrómicos
Kraepelin describió en 1921 la
existencia de síntomas prodrómicos en las crisis de manía.
Los síntomas son diversos e incluyen cefaleas, cansancio,
actividad excesiva, irritabilidad, insomnio e
insatisfacción laboral.
Molnar ha observado que los síntomas
prodrómicos son más duraderos en las crisis de manía, en
donde la hiperactividad (hipomanía) es frecuente. Los
síntomas prodrómicos más frecuentes en los cuadros de
depresión, son el ánimo depresivo y la dificultad para
concentrarse. Además, encontró que los síntomas
prodrómicos son consistentes en cada paciente, es decir,
que se presentan los mismos síntomas en cada paciente,
antes de la eclosión de la nueva crisis.
Síntomas residuales
Los síntomas residuales permanecen
después de la crisis, sin que su intensidad sea suficiente
para ser considerados como un objetivo terapéutico. Su
presencia limita la calidad de vida del paciente y es
predictora de recaídas. Los síntomas más frecuentes son
irritabilidad, los cambios cognoscitivos, y niveles
menores de hipomanía y depresión.
Los síntomas residuales originan
deterioro socioeconómico y psicosocial, merman la calidad
de vida y están relacionados con una menor duración de los
períodos intercríticos.
No se ha podido comprobar que sean el
resultado de un abordaje terapéutico inadecuado o
insuficiente. En algunos casos, pueden corresponder a la
interacción de los síntomas subclínicos con la
desadaptación social que la bipolaridad produce en los
pacientes.
CRITERIOS PARA EL DIAGNOSTICO DE
LA DEPRESION BIPOLAR
La mayoría de los clínicos acepta
que es difícil predecir si el primer episodio depresivo
corresponde a un cuadro unipolar o al espectro de la
bipolaridad. Por lo expuesto anteriormente, se puede
colegir que han sido identificados elementos semiológicos,
clínicos y evolutivos que se relacionan con cada una de
las formas clínicas y permiten realizar el diagnóstico
diferencial, siempre y cuando se realice un enfoque
longitudinal de los síntomas depresivos y no se limite a
una observación de corte transversal.
En general, se acepta que la
depresión unipolar corresponde a un episodio depresivo
caracterizado por la presencia de ideas intensas y
frecuentes de suicidio, insomnio inicial, pérdida de peso,
preocupaciones somáticas y lentitud psicomotriz, que
pueden acompañarse de grados variables de agitación,
ansiedad y confusión mental. Los pacientes con depresión
unipolar presentan reducción de la latencia del sueño,
densidad alta del REM y mayores períodos de sueño REM,
especialmente en las primeras horas de la noche,
comparados con los pacientes con depresión bipolar, que
muestran una mayor frecuencia de estado 1 del período
no-REM y disminución de la fase 4 no-REM. Los pacientes
con depresión unipolar responden bien a la terapia con
antidepresivos.
Los criterios diagnósticos que hacen
sospechar un componente de bipolaridad, aún en un primer
episodio que aparece en la adolescencia o en la adultez
temprana son múltiples y variables. (Tabla 1). Si el
clínico no los tiene en mente, pasarán desapercibidos y el
paciente no será diagnosticado en forma correcta ni
recibirá el tratamiento adecuado y correrá el riesgo de
nuevas recaídas, cronicidad y disminución de la calidad de
vida.
Los factores que predicen la
bipolaridad pueden ser divididos en:
Antecedentes: Con frecuencia los
pacientes con bipolaridad han presentado en la infancia
crisis de explosividad e irritabilidad o historia de
trastorno de déficit de atención e interrupción de la vida
académica. También son frecuentes el antecedente de abuso
sexual en la infancia y la historia familiar de
bipolaridad.
Elementos clínicos y semiológicos:
El cuadro clínico se caracteriza por un inicio precoz y
súbito, en donde la crisis depresiva aparece separada de
la experiencia existencial. El paciente presenta ánimo
depresivo acompañado de hipersomnia, hiperfagia y aumento
de peso, ideas delirantes (persecutorias o nihilistas) no
congruentes con el estado afectivo. En un buen número de
pacientes se puede observar confusión mental, inhibición
psicomotriz, agitación, anergia, somatización y ansiedad.
Los síntomas de la depresión bipolar
son más intensos en la mañana y los episodios depresivos
son más cortos, que los observados en la depresión
unipolar.
También se han identificado síntomas
prodrómicos como el ánimo depresivo y la dificultad para
concentrarse, que son consistentes en cada paciente, es
decir que siempre son los mismos en él.
Elementos de comorbilidad: En los
pacientes con depresión bipolar es frecuente encontrar la
presencia del temperamento ciclotímico, descrito por
Akiskal, o rasgos de personalidad límite e historia de
abuso de sustancias psicoactivas o alcohol, con frecuencia
utilizadas por el paciente en un intento de automedicación
para disminuir la ansiedad o la distimia.
Factores evolutivos: En los
pacientes con depresión bipolar se encuentran antecedentes
de respuestas “rápidas” a los antidepresivos, depresión
posparto y labilidad emocional en los períodos
intercríticos.
Factores terapéuticos: La respuesta
terapéutica es variable y con relativa frecuencia el uso
de antidepresivos desencadena crisis de manía.
Los antidepresivos tricíclicos son
poco eficaces para tratar el cuadro depresivo de un TAB-1,
en tanto que los inhibidores de la recaptura de serotonina
(ISRS) han mostrado ser eficaces en el tratamiento de la
crisis depresiva, previenen las recaídas y con poca
frecuencia, desencadenan viraje a hipomanía, en los
pacientes con TAB-II.
Las guías actuales para el
tratamiento del TAB-II sugieren el uso de la medicación
antidepresiva, sola o combinada con estabilizadores del
estado de ánimo.
Los pacientes con depresión bipolar
responden bien al litio (67.5%), a los estabilizadores del
ánimo o antirrecurrenciales y a los antipsicóticos
atípicos.
Los antipsicóticos atípicos, como lo
comenta Vieta, han mostrado ser útiles en el tratamiento
de los estados mixtos, especialmente en el TAB:II y en la
depresión bipolar.
Las estrategias psicoterapéuticas
están encaminadas a modificar el temperamento, aminorar
los síntomas subclínicos, y brindar apoyo y psicoeducación
al paciente y a sus familiares.
Tabla 1
Características clínicas de la
depresión bipolar
Antecedentes
• Historia de abuso sexual
• Explosividad e
irritabilidad en la infancia
• Antecedente de trastorno
de déficit de atención
• Interrupción de la vida
académica
• Historia familiar de
bipolaridad
Cuadro clínico
• Inicio precoz y súbito
• Crisis depresiva separada
de la experiencia existencial
• Hipersomnia, hiperfagia y
aumento de peso
• Delirio no congruente con
el estado afectivo
• Confusión mental
• Inhibición psicomotriz
• Agitación y ansiedad
• Síntomas más intensos en
la mañana
• Síntomas prodrómicos
consistentes en cada paciente
• Cambios en la
polisomnografía
Comorbilidad
• Temperamento ciclotímico
• Abuso de sustancias
psicoactivas o alcohol
• Rasgos de personalidad
límite
Factores evolutivos
• Antecedente de respuestas
“rápidas” a los antidepresivos
• Antecedente de depresión
posparto
• Labilidad emocional en los
períodos intercríticos
Factores terapéuticos:
• Buena respuesta con los
estabilizadores de ánimo
• Buena respuesta con los
antipsicóticos
En un estudio retrospectivo y
comparativo reciente, el grupo de Gassab y colaboradores,
estudió 155 pacientes hospitalizados, que fueron divididos
en dos grupos de acuerdo con los criterios del DSM-IV para
depresión unipolar (59 pacientes) y depresión bipolar (96
pacientes), en quienes se compararon los datos
sociodemográficos, los eventos vitales en la infancia, la
historia familiar y personal, las características clínicas
y evolutivas del episodio depresivo y los factores
predictores de bipolaridad propuestos por Akiskal. L os
autores encontraron que los siguientes factores estaban
altamente correlacionados con la bipolaridad: altas tasas
de separación o divorcio (17.7% versus 5.1%; p=0.02),
historia familiar de trastornos psiquiátricos (56.3%
versus 35.6%; p=0.012), especialmente si existían
antecedentes de bipolaridad (29.2% versus 3.4%;
p=0.00008), inicio temprano del episodio (edad promedio:
24.8±8.2 años versus 34.1±12.6; p=0.000004) número de
episodios afectivos previos (promedio 3.6 versus 2.5;
p=0.03), aparición súbita del episodio depresivo (44.8%
versus 15.9%; p=0.0003), síntomas catatónicos (37.3%
versus 20.3%, p=0.03), somnolencia (51% versus 20.3%;
p=0.03) e inhibición psicomotriz (83.3% versus 42.4%;
p=0-00007). En forma negativa correlacionaron los
siguientes factores: comorbidad somática, por ejemplo,
diabetes, hipertensión arterial y enfermedad reumática
(12.5% versus 28.8%; p=0.012) y presencia de trastorno
distímico (2.2% versus 12.1%;p=0.029). Los eventos vitales
en la infancia, el abuso de alcohol y los intentos de
suicidio no mostraron correlación con la bipolaridad. Los
predictores de bipolaridad propuestos por Akiskal
mostraron los siguientes grados de validez: historia
familiar de bipolaridad (sensibilidad:29.2%, especificidad
96.6%, Valor de predicción positiva:93%), somnolencia
(sensibilidad: 51%, especificidad 80%, valor de
predicción positiva:80%), aparición del episodio depresivo
antes de los 25 años de edad (sensibilidad:62.5%,
especificidad 70%, valor de predicción positiva:77%),
inhibición psicomotriz (sensibilidad: 83.3%, especificidad
58%, valor de predicción positiva:76%) y características
psicóticas (sensibilidad:69.8%, especificidad 62.7%, Valor
de predicción positiva:75%). En resumen, en este estudio
el mayor valor de predicción de bipolaridad lo tiene la
historia familiar de episodios bipolares y la presencia de
somnolencia e inhibición psicomotriz.
CONCLUSIONES
Si bien se ha aceptado que resulta
difícil diferenciar un episodio unipolar de una depresión
bipolar, ésta última posee características clínicas,
evolutivas y terapéuticas específicas, que la identifican,
siempre y cuando se realice un enfoque longitudinal y no
se limite a una observación de corte transversal.
Este enfoque permite el análisis de
la evolución del síntoma, la identificación de los
síntomas prodrómicos y residuales, factores que son de
especial importancia en evolución clínica y la
instauración del tratamiento y están íntimamente
relacionados con la posibilidad de recaídas, la tendencia
a la cronicidad, el deterioro psicosocial y la disminución
de la calidad de vida.
Se ha observado que los síntomas
residuales predicen recaídas clínicas, razón por la cual
es necesario reevaluar el concepto de recuperación clínica
y encaminar las estrategias terapéuticas a yugular las
crisis y a disminuir los síntomas subclínicos.
En resumen, el clínico debe tener en
mente el concepto de bipolaridad en el momento de evaluar
un episodio depresivo, sea único o recurrente, aun cuando
el paciente no haya presentado un episodio de manía. Es
necesario diagnosticar en forma temprana la depresión
bipolar para evitar en el paciente la cronicidad, el
deterioro, el sufrimiento injustificado y la disminución
de la calidad de vida.
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