CURSO SOBRE DEPRESIÓN
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
La depresión en la consulta psico-oncológica
María del Carmen Vidal y Benito (1), Jorge Santiago López
Camelo (2)
Resumen
Se estudiaron 75 enfermos de cáncer
en tratamiento, atendidos por el Equipo de Psico-oncología
del CEMIC, que habían contestado la Escala de
Autoevaluación de la Depresión de Zung, mayores de 18
años, con el objetivo de estimar la presencia de
trastornos depresivos y su relación con el estadío de la
enfermedad, el tipo de tratamiento realizado, el deterioro
físico y el apoyo familiar.
El 55% presentaba trastorno
depresivo, con predominio de depresión leve y moderada
(80%).
El 11% evidenció depresión severa.
Se encontró que existía una relación
estadísticamente significativa entre la depresión y la
falta de apoyo familiar, el deterioro del estado físico (Karnofsky
bajo), la presencia de dolor y de metástasis o de estadío
terminal. La quimioterapia no se relacionó
significativamente con la depresión.
De los resultados obtenidos se
evidencia la conveniencia de la realización de la Consulta
Psico-oncológica, cuando el Médico Tratante detecte alguno
de los factores que influyen en el desarrollo de la
Depresión en estos enfermos.
Abstract
This research was
carried out on basis of 75 clinical reports of cancer
adult patients treated in psycho-oncological unit of CEMIC
who had completed the " Zung self rating Depression
Scale".
The goal was to
estimate the depressive disorder of these patients and its
relationship with stage of cancer disease, kind of
treatment, impairment of physical performance, pain and
social support .
The patients
presented depressive disorder in 55% of cases, mainly
light and moderate tipe (80%). In 11 % the depression was
severe.
The relationship
among depression and Karnofsky low index, advanced tumoral
stage, pain and poor social support was significant.
The relationship
between depression and quimiotherapy was not significant.
It´s important to
consider the risk factors of depression, which impair the
quality of life of the cancer patients, in order to
prevent it.
Introducción
Durante los siglos XVIII y XIX fueron
frecuentes las observaciones acerca de la relación entre
el cáncer y ciertos aspectos psicológicos de las personas
que lo padecían. La clásica publicación de Gendron (1701)
y los estudios de Herbert Snow (1893), ambos acerca de la
relación entre la depresión y el cáncer de la mama,
constituyen un cabal ejemplo de ello (1,2,3). Durante la
primera mitad del siglo XX hubo un aparente desinterés por
esta temática, para nuevamente convertirse en foco de
atención para la investigación clínica aproximadamente a
partir de 1950.
Desde entonces, numerosos autores a
través de estudios descriptivos trataron de demostrar que,
previamente a la aparición del cáncer, era frecuente que
existieran estados depresivos o duelos patológicos
provocados por importantes pérdidas personales. También se
describieron personalidades predispuestas a desarrollar
esta enfermedad (4,5,6,7,8).
Pero algunos estudios que comparaban
pacientes con diagnóstico de cáncer de mama con otras que
padecían enfermedad mamaria benigna hallaron que la
proporción de las mujeres que habían recibido tratamiento
por enfermedad depresiva, en los 5 años previos a la
manifestación del cáncer, era prácticamente la misma en
ambos casos (9).
Es decir que los estudios que avalan
una relación entre depresión y cáncer, tipo causa efecto,
son contradictorios respecto de otros que no hallan dicha
relación.
Los estudios más modernos se han
centrado en el intento de definir la relación entre el
estado psicológico y psicopatológico de los pacientes y su
adaptación a la situación de enfermedad y también en la
evaluación de la relación, si es que existe, entre los
estilos de afrontamiento (estilos de coping), el apoyo
social y la sobrevida de los enfermos de cáncer(10).
Se ha postulado que los estados
depresivos que preceden al establecimiento del cáncer,
especialmente el de páncreas, podrían en realidad
representar síntomas de la enfermedad maligna, aún no
detectada, en un estadío temprano de la misma. El planteo
es que muy probablemente el trastorno de alguna de las
funciones fisiológicas pancreáticas sería responsable de
dichos síntomas, ya que tanto la depresión como la
ansiedad aparecen en estos pacientes con más frecuencia
que en el resto de los cánceres y sospechosamente muchas
veces preceden al diagnóstico del mismo(11,12).
También hay que considerar que la
mayoría de los individuos que padecen de cáncer de
páncreas son diagnosticados cuando la enfermedad se
encuentra en un estadío avanzado, lo que incrementa las
probabilidades de padecer algún trastorno
psiquiátrico(13,14).
En una importante revisión de las
observaciones clínicas y estudios empíricos de la relación
entre depresión y cáncer de páncreas publicadas entre 1923
y 1991 realizada por Green y Austin, se halló que el 71%
de los pacientes presentaban síntomas de depresión
relacionada con el cáncer. Los estados ansiosos estaban
presentes en segundo término. Los síntomas psiquiátricos
precedieron a la manifestación clínica de la enfermedad en
el 33% de los casos y en el 44% de los mismos, fueron
concomitantes a la misma(13). Algunos investigadores
plantean la hipótesis, de que la enfermedad depresiva
previa al desarrollo clínico del cáncer de páncreas podría
deberse a una influencia inmunológica en la actividad
serotoninérgica del S.N.C.(15).
En una comunicación acerca de
enfermos con Linfoma Mediterráneo, a raíz del suicidio de
dos pacientes que lo padecían, ambos terminales, uno de
ellos con dolor, se planteó como tema a ser investigado,
la posibilidad de que una relación entre las citoquinas o
algún otro mediador intestinal y el factor liberador de
corticotrophina hipotalámica pudieran inducir depresión
mayor(16).
En la actualidad la mayor
preocupación de la comunidad psico-oncológica está
centrada en la calidad de vida del paciente oncológico y
en ese sentido, el estudio de los diversos trastornos
emocionales y cognitivos interesan con la finalidad de que
el mayor conocimiento de los mismos permita implementar
estrategias terapéuticas que mejoren las condiciones de la
vida de estos enfermos, ya que los trastornos
psiquiátricos como la depresión, la ansiedad, los cuadros
confusionales, la ideación o el intento de suicidio,
complican el curso de la enfermedad avanzada y por lo
tanto su rápido diagnóstico y la intervención efectiva son
de gran importancia.
Con tal fin se han realizado
numerosos trabajos de investigación clínica tratando de
detectar los trastornos psiquiátricos más comúnmente
padecidos por estos enfermos.
En este tema, no puede dejar de
mencionarse al PSYCOG (Psychosocial Collaborative Oncology
Group) que auspició un importantísimo estudio randomizado,
realizado en tres centros oncológicos norteamericanos de
excelencia y que Derogatis y col. publicaron en 1983(17).
Se estudiaron 215 pacientes adultos,
en tratamiento, con neoplasias primitivas, con un Índice
de Karnofsky superior a 50. Se halló que el 47% de los
pacientes presentaba Trastornos Psiquiátricos
evidenciables clínicamente, (la prevalencia en la
población general era 15%).
Los Trastornos Adaptativos
constituían el 68% de todos los diagnósticos, lo que
corresponde a una prevalencia del 32% con predominio de
estado de ánimo depresivo.
No se diagnosticó ningún caso de
Esquizofrenia (la prevalencia en la población general era
del 1%).
El 6% de todos los pacientes,
padecían depresión mayor, generalmente unipolar, esta
cifra correspondía al 13% de los pacientes con trastornos
psiquiátricos. (La prevalencia de depresión mayor, para la
población general fue del 6% en 1985, en U.S.A. Rocke y
Regier). No se detectaron pacientes maníacos ni bipolares.
A estos diagnósticos se sumaron en
orden descendente de prevalencia, trastornos mentales
orgánicos (4%), trastornos de personalidad (3%) y
trastornos ansiosos (2%).
La prevalencia de trastornos
psiquiátricos en los pacientes de este estudio fue del
doble de lo que aparece en las comunicaciones de trabajos
con pacientes somáticos no oncológicos y del triple de las
cifras que se mencionan para la población general(17). Lo
que no queda explicitado es el grado de conciencia de
enfermedad de los pacientes y el conocimiento no sólo del
diagnóstico sino también del pronóstico de la enfermedad
que padecían.
Alexander publicó, en 1993, un
trabajo donde se consideraba la morbilidad psiquiátrica en
relación con la conciencia de enfermedad y las
expectativas acerca del tratamiento llegando a la
conclusión de que los trastornos psiquiátricos eran
significativamente menores en los enfermos que no conocían
el diagnóstico y en aquéllos que consideraban el
tratamiento realizado como curativo(18).
Cuando se trata de evaluar
psiquiátricamente pacientes con cáncer, la mayor
dificultad que se presenta es la de distinguir si los
síntomas que presentan son secundarios a la enfermedad
somática o corresponden al trastorno psiquiátrico. Esta
dificultad se incrementa especialmente cuando se trata de
diagnosticar estados depresivos.
La anorexia, el estreñimiento, la
somnolencia, la apatía, la astenia, los trastornos del
dormir, la disminución de la libido, la pérdida de peso,
el cansancio fácil, el enlentecimiento de las funciones
cognitivas y de la motricidad, son producto también de la
enfermedad misma y de sus tratamientos.
También hay que considerar que la
desesperanza presente en todo paciente en algún momento de
la evolución de la enfermedad, puede ser un estado de
ánimo transitorio. Para que pueda realizarse el
diagnóstico de enfermedad depresiva es necesario detectar
en el paciente sentimientos de desamparo, autoreproche,
tristeza permanente no modificable por circunstancias
externas, desinterés, ausencia de la capacidad de sentir
algún placer y sobre todo pérdida del sentido de la vida.
Los pacientes oncológicos con
tratamientos muy severos, en estadío avanzado o terminal,
pueden sentirse extenuados, exhaustos y por lo tanto
hipobúlicos e hipoafectivos pero esto no quiere decir no
desear vivir, ni tampoco que hayan perdido la noción del
para qué del existir y de la existencia característicos de
la enfermedad depresiva.
Sin embargo, algunos investigadores
han hallado baja prevalencia de depresión, en los
pacientes oncológicos en general y en las mujeres
mastectomizadas en particular(19,20).
Otros han hallado mayores cifras, tal
como aparecen en un estudio sobre linfomas, en el que
sobre 90 pacientes, el 45% experimentó síntomas de
enfermedad depresiva de distinta importancia y el 22%
síntomas de ansiedad de distinto grado y donde se
determinó que los trastornos del humor que los pacientes
presentaban podían correlacionarse con los efectos
adversos del tratamiento quimioterapéutico,
particularmente los que afectaban el aparato
digestivo(21).
Un gran número de estudios actuales
documenta la prevalencia de depresión en pacientes
oncológicos, con cifras que oscilan entre el 4,5% y el
77%(22,23,24,25,26,27).
La diferencia en los valores hallados
tiene que ver con el tipo de los instrumentos de
evaluación utilizados y, por sobre todas las cosas, con la
definición de depresión que se considere.
También es importante tener en cuenta
que muchos estudios se realizan con pacientes
hospitalizados, con la enfermedad muy avanzada o con
aquéllos que habían sido derivados a la consulta
psiquiátrica y, algunas veces, las poblaciones de los
trabajos que se presentan son de composición demasiado
heterogénea.
Lo que si podemos afirmar es que,
cuando los pacientes padecen dolor intenso y crónico o
están hospitalizados, cuando la enfermedad es severa,
cuando la discapacidad que origina es importante, las
cifras de prevalencia para la depresión se hallarán
incrementadas.
Cuando los pacientes son ambulatorios
y con enfermedad menos avanzada, la prevalencia disminuye.
Los estudios realizados con pacientes
oncológicos internados revelan que aquéllos con un índice
de Karnofsky entre 0 y 40 padecen depresión en el 77% de
los casos. Aquéllos en los que el índice está entre 41 y
60 en un 57 %. Finalmente, los que tienen un Índice de
Karnofsky entre 61 y 100 padecen síntomas de depresión en
el 23% de los casos(27).
Se acepta que aproximadamente el 25%
de todos los pacientes con cáncer experimentan síntomas
depresivos con una prevalencia que aumenta hasta el 77% o
más, en aquellos casos en que la enfermedad está
avanzada(28).
Sorprendentemente, un grupo de
pacientes terminales evidenció menos síntomas depresivos y
ansiosos que un grupo de recurrentes, a pesar de que éstos
estaban menos aislados socialmente y su rutina diaria
podía ser sostenida(19).
En otro estudio realizado en Japón,
con 93 pacientes terminales, se observó que el 53,7%
cumplían con los criterios de trastorno psiquiátrico,
según el DSM-III-R: 42% evidenciaron déficit cognitivo,
28% delirium, 10.7% demencia, 7.5% trastornos adaptativos,
3.2% trastorno amnésico y depresión mayor, 1.1% ansiedad
generalizada.
En todos estos pacientes los cuadros
confusionales fueron la patología más común(29).
Actualmente se acepta que en los
pacientes terminales, al mismo tiempo que se incrementan
los problemas somáticos, los Síndromes Mentales Orgánicos
también lo hacen, entre ellos el delirium.
En cuanto al deseo de morir o a las
ideas de suicidio en estos pacientes, se encontró que de
44 enfermos terminales, la mayoría, (33 pacientes), nunca
había deseado anticipar su muerte, ni presentaba síntomas
de depresión. Los 11 restantes padecían enfermedad
depresiva severa. Solamente uno, pensaba en suicidarse, 2
habían realizado intentos en el pasado, pero actualmente
habían abandonado la idea, 7 deseaban morir pero no
suicidarse, y 1 padecía depresión mayor pero no deseaba
morir ni había tenido ideas suicidas anteriormente(30).
Debemos considerar que a los
pacientes les resulta difícil hablar acerca de su propia
muerte. Esta actitud se ve reforzada habitualmente por el
rechazo y los sentimientos de angustia que se producen en
los familiares del paciente y también en el equipo médico
frente a este tema.
Por otra parte, desconocemos la
verdadera magnitud del suicidio pasivo, de la no adhesión
a los tratamientos, de la decisión de algunos enfermos de
abandonar los mismos.
De todas maneras, debe considerarse
que los pacientes oncológicos, especialmente en los
estadíos más avanzados de la enfermedad, presentan un
riesgo de suicidio incrementado en relación a la población
general, sobre todo cuando están deprimidos y/o
manifiestan cuadros confusionales(13).
Los factores asociados al incremento
del riesgo de suicidio son: dolor inmanejable, depresión,
delirium, enfermedad avanzada, severa y discapacitante,
aislamiento y abandono social.
Actualmente se reconoce sin
controversia alguna, la existencia de una relación entre
el dolor y la depresión en los pacientes oncológicos.
Es evidente que las personas
deprimidas perciben todos sus dolores de un modo más
dramático y amplificado, pero la prevalencia de trastornos
depresivos se evidenció como significativamente mayor en
pacientes con dolor intenso, en relación a un grupo de
pacientes con dolor más leve(31).
Existen numerosos estudios que
coinciden en el hecho de que los pacientes oncológicos con
dolor presentan más depresión, ansiedad, hostilidad y un
grado mayor de somatizaciones(32,33,22,23).
La depresión es el trastorno del
humor más a menudo observado entre los pacientes con dolor
crónico en general y entre los pacientes con cáncer en
particular(31).
Es consenso generalizado que muchos
pacientes con cáncer y dolor son tratados inadecuadamente.
El 42% de pacientes ambulatorios e
internados de un estudio, con dolor oncológico, recibían
terapia analgésica insuficiente(34).
Es decir que podemos aceptar como
verdadero que, entre el dolor, la ansiedad y la depresión
se establece un círculo vicioso de retroalimentación
mutua.
Este tema del dolor es de importancia
debido a que se considera que el 15% de los pacientes con
cáncer sin metástasis y el 30% de los que las han
desarrollado, tienen dolor significativo.
En cáncer avanzado, entre el 60% y el
90% de los enfermos manifiestan dolor importante. Más del
25% de todos los pacientes con cáncer mueren con
dolor(35).
Una de las tantas ideas que giran
alrededor del cáncer, tiene que ver con la creencia de que
la depresión es más grave y frecuente en los enfermos con
cáncer que en aquéllos que padecen otras enfermedades,
excepto el SIDA.
Sin embargo los resultados de dos
estudios que se efectuaron con pacientes con enfermedades
crónicas hospitalizados reportaron una frecuencia de
depresión del 22% al 24% (Schwab 1967, Moffic y Paikel,
1975), similar al 20-25% hallada en numerosos estudios
realizados con los pacientes oncológicos en condiciones
equivalentes, (Bukberg 24%, Plumb y Holland 20-23%, Koenig
25%)(26,36).
Como hemos visto en estadios
avanzados y/o cuando el dolor es intenso, los porcentajes
pueden ascender a casi el 80% en los pacientes
oncológicos.
No debe dejar de tenerse en cuenta
que estos pacientes suelen estar polimedicados con
fármacos que como los corticoesteroides y algunos
quimioterápicos como Vincristina, Vinblastina,
Procarbazina, Anfotericina B, Interferon, tienen diversos
efectos secundarios, entre ellos la depresión.
Influyen en el mismo sentido los
trastornos del Na, K, Ca, ácido Fólico, B12, anemia,
hipotiroidismo, hiperparatiroidismo, la insuficiencia
adrenal, las complicaciones metabólico-endocrinas del SNC
y muchos otras circunstancias y fármacos. En estos casos
el diagnóstico es de síndrome depresivo secundario a una
condición médica general.
En este momento la gran mayoría de
los psico-oncólogos estamos de acuerdo en considerar que
la depresión en oncología suele ser subdiagnosticada y
subtratada, en parte por la creencia de que la misma es
una reacción adecuada ante toda enfermedad severa y en
parte por la dificultad que presenta el diagnóstico
diferencial como se ha detallado anteriormente.
El oncólogo debería tener siempre en
consideración los factores de riesgo en relación a la
posibilidad de que el paciente desarrolle un cuadro
depresivo. Los factores a tener en cuenta son: los
estadíos avanzados de la enfermedad, la mayor severidad de
la misma, el alto nivel de discapacidad física presente,
el dolor intenso y/o crónico, episodios previos de
depresión que el paciente haya padecido, la historia
familiar de depresión, la carencia de una red social de
contención.
Téngase también en cuenta que las
esposas/os de los enfermos de cáncer, constituyen un grupo
de riesgo en cuanto a trastornos depresivos, sobre todo en
la etapa final de la enfermedad. En un estudio se observó
que el 58% de los maridos y el 42% de las esposas de
pacientes oncológicos padecían depresión(37).
Es conveniente, además, tomar en
consideracíón la circunstancia de que a los pacientes, en
general, no les resulta fácil expresar sus problemas
emocionales, especialmente si el médico tratante, con su
actitud, no lo favorece.
En un estudio de 50 pacientes en
tratamiento radiante, el 82% de los enfermos opinó que
ambos, el oncólogo y el radioterapista, no eran las
personas a quiénes ellos contarían sus emociones(38).
En Síntesis
Se espera que la incidencia de cáncer
se incremente entre un 20% a un 30% en las próximas dos
décadas en Europa(34).
No tenemos cifras para América
Latina, pero no hay ninguna razón para pensar en una
tendencia contraria.
Hoy por hoy, a pesar de los
extraordinarios adelantos que se han producido en los
últimos 20 años, solamente el 50% de todos los pacientes
con cáncer pueden ser curados(34), aunque es cierto que
los tratamientos han prolongado considerablemente la
sobrevida. Esto último ha movido a un desarrollo
importante de los recursos destinados a mejorar la calidad
de vida del enfermo oncológico.
Varios estudios han mostrado
discrepancias sobre la calidad de vida, tal como es
evaluada por los pacientes por una parte y por los
profesionales de la salud por otra, mostrando que los
valores de referencia de estos últimos tienden a ser
considerablemente distintos a los de los que padecen la
enfermedad(34). No obstante es indudable que la prevención
de la depresión y el tratamiento de la misma, cuando ella
se instala, mejora considerablemente la calidad de vida de
la persona que padece cáncer, lo que motiva el continuar
con la investigación clínica del tema.
Objetivos
Se realizó este trabajo con el
objetivo de estimar la presencia e intensidad de
Trastornos Depresivos en los Enfermos de Cáncer y su
relación con otros factores tales como: el estadío
tumoral, la existencia y el grado de dolor, el tipo de
tratamiento oncológico instituido, el estado físico
general del paciente y la existencia de apoyo familiar o
social que el mismo recibe.
Población
1- Se realizó el estudio
retrospectivo de las Historias Clínicas de los pacientes
oncológicos atendidos en la Unidad Psico-Oncológica del
Departamento de Psicopatología del CEMIC, (Centro de
Estudios Médicos e Investigaciones Clínicas "Dr. Norberto
Quirno"), entre marzo de 1993 y diciembre de 1997.
2- Se incluyeron los pacientes que
habían respondido la Escala de Zung, de sexo femenino o
masculino, mayores de 18 años, con un Índice de Karnofsky
superior a 40, que se encontraban realizando tratamiento
por su enfermedad. Los que recibían quimioterapia habían
efectuado no menos de tres cursos de la misma. Los que
habían realizado tratamiento quirúrgico estaban dentro de
los cuatro meses posteriores a la operación. Los pacientes
con hormonoterapia o interferón estaban siendo tratados
desde hacía no menos de 4 meses con dichos fármacos.
Materiales y método
1- Variable Dependiente:
1.1- Escala de Autoevaluación de la
Depresión de William W. Zung ( E.A.D.)(3940).
Estima la Depresión como Trastorno,
mide su intensidad, sin diferenciar los tipos de la misma.
Contempla los síntomas psicológicos, los fisiológicos, los
psicomotores y los afectivos.
Índice EAD:
- Menor de 50: Dentro de lo normal.
Sin patología.
- de 50 - 59: Presencia de depresión
(de mínima a leve)
- de 60 - 69: Presencia de depresión
(de moderada a notable)
- Mayor de 70: Presencia de depresión
(de severa a extrema)
2- Variables Independientes:
2.1- Escala Ordinal de Keele. De
autoevaluación del dolor, descriptiva, verbal(41).
- Ningún dolor 0
- Dolor leve 1
- Dolor moderado 2
- Dolor severo 3
- Dolor insoportable 4
2.2- Performance Status de Karnofsky.
Estado físico general del paciente en relación a la
enfermedad(41).
Capaz de trabajo y actividad normal,
sin necesidad de cuidados especiales:
100 - Normal, sin quejas, faltan
indicios de la enfermedad.
90 - Capaz de llevar a cabo actividad
normal, pero con signos o síntomas leves.
80 - Actividad normal con esfuerzo,
algunos signos o síntomas morbosos.
No apto para el trabajo, capaz de
vivir en la casa, de satisfacer la mayoría de sus
necesidades, es necesaria una ayuda de importancia
variable:
70 - Capaz de cuidarse, pero incapaz
de llevar a cabo actividad normal o trabajo activo.
60 - Requiere atención ocasional,
pero es capaz de satisfacer la mayoría de sus necesidades.
50 - Necesita una ayuda importante y
asistencia médica frecuente.
Incapaz de satisfacer sus
necesidades, necesita asistencia equivalente a la de un
hospital.
La enfermedad puede agravarse
rápidamente:
40 - Incapaz. Necesita ayuda y
asistencia especiales.
30 - Totalmente incapaz. Necesita
hospitalización y tratamiento de soporte activo.
20 - Muy grave. Tratamiento activo
indispensable.
10 - Moribundo irreversible.
0 - Muerto.
2.3- Estadío de la Enfermedad: se
clasifican según los siguientes criterios(41)
- Cáncer primitivo: Sin metástasis.
Con posibilidades de curación.
- Cáncer con metástasis: con
posibilidades de sobrevida larga. Sin posibilidades de
curación.
- Cáncer avanzado: sin posibilidades
de sobrevida larga. Paciente terminal.
2.4- Tipos de Tratamiento: se
consignan los tratamientos realizados.
- Quimioterapia. Cirugía. Colostomía.
Interferón. Hormonoterapia. Brachiterapia. Tratamiento
Paliativo.
2.5- Apoyo Social: Se refiere a la
existencia de familiares o amigos que cumplan una función
de sostén y contención del paciente. Se consigna como
Presente o Ausente.
Resultados
Datos Demográficos:
El estudio se realizó con 75
pacientes, 37 mujeres y 38 varones, con una edad promedio
de 56 años. El paciente de mayor edad tenía 77 años y el
de menor edad 25 años. El 75% de los enfermos se
distribuyeron entre los 40 y los 69 años.
Estadío Tumoral:
La mayoría de los pacientes (61%),
padecían cáncer primitivo.
Los cánceres con metástasis y los
avanzados se presentaron en un porcentaje similar (39% y
41%, respectivamente).
Localización Tumoral:
Los porcentajes mayores fueron los de
los pacientes con cáncer digestivo (26%), con predominio
de cáncer de colon (8%), pulmonar (21%), ovario (17%) y
aparato urinario (17%).
Tratamiento Oncológico:
La mayoría de los pacientes estaba
realizando tratamiento quimioterápico (55%).
Habían sido sometidos a tratamiento
quirúrgico el 20% y 13% de los enfermos recibían
tratamiento paliativo.
Dolor: Escala de Keele:
El 36% de los pacientes padecían
dolor, con predominio de dolor moderado (55,5%).
Performance Status de Karnofsky:
K=100,90,80: Capaz de trabajo y
actividad normal , sin necesidad de cuidados especiales:
37%.
K= 70,60,50: No apto para el trabajo,
capaz de vivir en la casa, de satisfacer la mayoría de sus
necesidades, es necesaria una ayuda de importancia
variable: 56%.
K= 40: Incapaz de satisfacer sus
necesidades, necesita asistencia especial. La enfermedad
puede agravarse rápidamente: 7%.
Escala de Zung, E.A.D.:
El 45% de los pacientes no
presentaban síntomas de trastorno depresivo según los
parámetros de la escala utilizada, (E.A.D. menor de 50).
El 55% de los pacientes presentaban
síntomas de trastorno depresivo (E.A.D. mayor a 50).
El 44% de los pacientes presentaban
depresiones leves y moderadas, (E.A.D. entre 50 y 69),
correspondientes al 80% de los enfermos con trastorno
depresivo.
El 11% de los pacientes presentaban
depresión severa.
Continencia de la Familia/Amigos:
El 60% de los pacientes contaban con
apoyo familiar o social, mientras que el 40% carecía del
mismo.
Relación entre el Estado Físico
General (K) y el Trastorno Depresivo (E.A.D.)
E.A.D. menor de 50; pacientes sin
síntomas de depresión:
Obtuvieron este índice, 34 pacientes
que representan el 45% del Total.
21 pacientes, 62% de este grupo, eran
capaces de desempeñar su trabajo y actividades normalmente
y no presentaban síntomas de enfermedad o éstos eran
leves. (K=80,90,100)
11 pacientes, 32% del grupo, no
estaban en condiciones de desempeñar su actividad
habitual, pero podían satisfacer la mayoría de sus
necesidades. No necesitaban asistencia médica frecuente.
(K=70 y 60).
4 pacientes, 11% del grupo tenían
índices de K por debajo de 60.
E.A.D. entre 50 y 59; pacientes con
síntomas de depresión leve: 18 pacientes, que corresponden
al 24% del total de pacientes y al 44% del total de
deprimidos.
El 72% (13 pacientes), de este grupo,
no estaban en condiciones de realizar su trabajo habitual,
podían satisfacer la mayoría de sus necesidades por sí
mismos, mientras que 2 pacientes, necesitaban asistencia
médica con frecuencia. (K = 50, 60 y 70).
El 17% (3 pacientes), presentaba K =
80 y 90 y el 11% (2 pacientes) con K = 40.
E.A.D. entre 60 y 69; pacientes con
depresión moderada: 15 pacientes, que equivalen al 20% del
total de pacientes y al 36,5% del total de deprimidos.
El 80% de este grupo (12 pacientes),
no estaba en condiciones de desempeñar actividad laboral,
aunque podía vivir en su casa, y satisfacer la mayoría de
sus necesidades. La ayuda que necesitaban era de
importancia variable (K= 50, 60 y 70).
E.A.D. superior a 70; pacientes con
depresión severa: 11% del total de pacientes (8 pacientes)
y 19,5% del total de deprimidos.
El 75% (6 pacientes), no estaban en
condiciones de realizar sus actividades laborales
habituales, podían satisfacer sus necesidades con ayuda y
necesitaban asistencia médica con frecuencia (K= 50 y 60).
El 25% restante (2 pacientes), se
encontraban en buen estado físico con pocos síntomas de
enfermedad. (K = 80 y 90).
Continencia de la familia/amigos
El 79% de los pacientes sin síntomas
de trastorno depresivo tenían apoyo familiar.
En las depresiones moderadas no había
mucha diferencia entre los pacientes con soporte familiar
o sin él, (55,5% y 45,5%).
A medida que la depresión se hacía
más severa, aumentaba el predominio de los enfermos sin
apoyo. (40% versus 60% en los cuadros leves y 25% versus
75% en los severos).
El 60% de los pacientes con apoyo
familiar o social no desarrolló síntomas de depresión
según esta Escala, del 40% restante, el 23% manifiestó
depresión leve, el 13% depresión moderada y el 4%
depresión severa.
El 77% de los pacientes sin sostén
familiar o social mostraron síntomas depresivos. El 27%
fueron depresiones leves, el 30% depresiones moderadas y
el 20% depresiones severas.
Depresión en Pacientes Oncológicos
Los pacientes con depresión
representaron el 37% de los pacientes con cánceres
primitivos, el 82% de los que estaban en estadío
metastásico, el 84% de los pacientes preterminales y
terminales, el 73% de los que padecían dolor moderado, el
100% de aquellos con dolor severo, el 75% de los
colostomizados y el 90% de los enfermos con tratamiento
paliativo.
La depresión se incrementó en los
enfermos que presentaron un Índice de Karnofsky de 40 a
70, en relación a los que mostraron un K de 80 a 100.
El 77% de los pacientes sin
contención ni apoyo familiar, evidenciaron síntomas de
depresión.
Los pacientes que no evidenciaron
síntomas de depresión con la Escala de Zung, fueron el 63%
de los pacientes con cáncer primitivo, el 60% de los que
padecían dolor leve, el 60% de los tratados con
Interferón, el 80% de los sometidos a tratamiento
quirúrgico, el 100% de los pacientes con hormonoterapia,
entre el 75% y el 100% de los que presentaban un Índice de
K entre 80 y 100 y el 60% de los que tenían apoyo
familiar.
En relación a la quimioterapia el 51%
de los pacientes en tratamiento se deprimió y el 49% no lo
hizo.
Discusión
La prevalencia de la Enfermedad
Depresiva en los Pacientes Oncológicos, tal como aparece
en diversas publicaciones, abarca un espectro muy amplio
que oscila entre el 4,5% y el 77% y más aún.
Según la opinión de los
investigadores, estas notables diferencias dependen en
principio del instrumento de evaluación y diagnóstico que
se utilice, pero también las variaciones pueden estar
motivadas por las características de la población en
estudio.
Con referencia a lo primero, en
nuestra presentación, utilizamos la Escala de Zung, que
posee como ventaja fundamental el hecho de ser
comprensible y de fácil respuesta, característica ésta de
gran importancia cuando se trata de pacientes que por el
deterioro físico producido por la enfermedad, padecen
cansancio psicofísico habitual.
Esta escala permite un primer
diagnóstico rápido, que resulta sumamente útil cuando a
los pacientes les cuesta sostener una entrevista.
Este instrumento contempla los
aspectos psicológicos, fisiológicos, psicomotrices y
afectivos de los estados depresivos, pero se hace
necesario tomar en consideración la magnitud y
multiplicidad de las disfunciones somáticas que los
enfermos de cáncer padecen, ya sea por su misma patología
o por los tratamientos que se utilizan, y también su
especial y característica situación existencial, sobre
todo cuando la enfermedad está en estadío avanzado o
preterminal.
Algunos de los ítems de la Escala de
Zung, cuando son respondidos por pacientes en estadío
terminal, con gran compromiso físico, pueden producir
confusión ya que tienden a aumentar el valor del índice.
Ejemplo:
5 - Como tanto, como solía comer
antes.
6 - Disfruto conversando, mirando y
estando con mujeres/hombres atractivos.
7 - Noto que estoy perdiendo peso.
10 - Me canso sin motivo.
12 - Me resulta fácil hacer todo lo
que solía hacer.
14 - Tengo esperanzas en el futuro.
18 - Llevo una vida satisfactoria.
20 - Todavía disfruto de las cosas
que solía hacer.
La bibliografía sobre este tema,
aclara el hecho de que la prevalencia tiende a descender,
en la medida que los instrumentos de diagnóstico se
afinan.
Con referencia a las características
de la población analizada, el 55% (41 pacientes), estaba
deprimido (E.A.D. superior a 50), con predominio de
depresiones leves y moderadas según la Escala de Zung.
Indudablemente debe influir en este
resultado el que un porcentaje importante de pacientes, 47
que corresponden al 63% del total, haya llegado a la
consulta psico-oncológica por derivación del oncólogo
tratante. Es decir que presentaban síntomas en el área
psicosocial que motivaron dicha derivación.
28 pacientes (37%), fueron evaluados
durante su internación sin que mediara un pedido de
Interconsulta.
Conclusiones
Los resultados obtenidos en esta
población, que se refieren a los factores que favorecen la
enfermedad depresiva, tales como el estadío evolutivo de
la enfermedad, (cáncer primitivo, metastásico, preterminal),
el estado físico general (Karnofsky), presencia de dolor,
tipo de tratamiento, existencia de apoyo familiar, son
coincidentes en general, con los que se recogen en toda la
literatura revisada, tal como queda explicitado en la
Introducción.
Es decir que existe una relación
estadísticamente significativa entre la depresión que
presentaron los pacientes estudiados y el estadío del
cáncer, la presencia de dolor y el grado del mismo, el
deterioro físico producido por la enfermedad y la falta de
apoyo familiar o social. En este estudio no pudo
demostrarse relación con el tipo de tratamiento
instituido.
Resulta evidente que si bien el
conocimiento de los factores estudiados facilita la
comprensión de la respuesta emocional del enfermo
oncológico, los mismos por sí solos no son suficientes
para entender la complejidad de la respuesta humana frente
a circunstancias en las que se pone en juego la vida
misma.
Es indudable que a dichos factores,
habría que agregar las características "intrapersonales",
tales como la organización de la personalidad de los
pacientes, sus estrategias defensivas de afrontamiento de
la situación, su historia personal y familiar en relación
al cáncer, sus antecedentes psiquiátricos, etcétera. Pero
ello será motivo de otras presentaciones.
Basándonos en los resultados
obtenidos, es posible plantear la conveniencia de realizar
la indicación de la Consulta Psico-Oncológica cuando los
pacientes evidencien o el médico tratante detecte, alguno
de los factores que influyen en el desarrollo de un cuadro
depresivo en el enfermo de cáncer, con la finalidad de
prevenir una situación que sabemos complica aún más, la de
por sí difícil evolución de esta enfermedad.
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Notas al pie:
1 Médica. Psiquiatra. Especialista en
Psicología Médica. Secretaria Académica y Profesora
titular del Instituto Universitario CEMIC. Coordinadora
del Equipo de Psico-Oncología del Departamento de
Psicopatología del CEMIC. E-mail: mvidal@ciudad.com.ar /
mcvidal@cemic.edu.ar
2 Licenciado en Análisis de Sistemas.
Doctor en Ciencias Biológicas – Genética. Profesor titular
del Instituto Universitario CEMIC. Investigador Asistente
del CONICET. Departamento de Investigación del CEMIC.
E-mail: jslc@satlink.com
Publicado en la Revista Alcmeon
Año XII,
vol 9, N°4, marzo de 2001