CURSO SOBRE DEPRESIÓN
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Depresión y pensamiento paranoide
Hugo Marietan
hugo@marietan.com
Mario Bunge en su
libro, "La ciencia: su método y su filosofía", dice:
"Mientras los
animales inferiores solo están en el mundo, el hombre
trata de entenderlo y esto da lugar a un cuerpo creciente
de ideas llamado ciencia".
Introducción
Antes de
tratar el tema de la depresión y el pensamiento paranoide,
daremos una breve descripción de sus componentes. Este
tipo de pensamiento es propio de un buen porcentaje de la
población masculina y es menos frecuente en la femenina.
Cuando
detectamos una mujer con este tipo de pensamiento vemos
que es marcadamente dominante, rígida, autoritaria, una
“sargento” o una “generala” dependiendo de su nivel
cultural o social; son mujeres “pensantes” y están
orgullosas de ello. Usan el pensamiento lógico analítico
como fundamento de sus aseveraciones, cosa que las separa
del grueso femenino que utiliza prioritariamente el
pensamiento global. Ejercen un severo dominio en su
familia en el área de trabajo a su mando, pero,
paradójicamente, no se reconocen a sí mismas como
dominantes. Toman las decisiones más importante en su
familia y se hace responsable del cuidado de su gente.
Suele ser frontal y directa. Es de afrontar los problemas
y buscarles las soluciones, y no da lugar a otros (no
delega, “sólo ella puede hacerlo bien”) para que la ayude,
y, desde luego, se queja de “los inútiles que la rodean”.
Es descalificadora, y muy difícil de conformar. Se
convierten en el eje de la casa. La familia se acostumbra
a apoyarse en ella y esperar sus decisiones. Todo atisbo
de independencia de criterio es rápidamente descalificado
y triturado por la máquina lógica analítica. Siempre
tienen razón. La familia se acostumbra a que discutir con
ella es inútil y la rodean de un “acuerdo ficticio”, pero
los rencores subyacen y en algún momento de la historia
familiar estallan potenciados ante la perplejidad de la
persona paranoide.
Recuerdo que
una vez fui a comprar un medicamento a una farmacia. El
farmacéutico estaba atendiendo a un par de personas.
Estaba visiblemente nervioso, pálido, tembloroso, se
equivocaba... Cuando me tocó mi turno le pregunté qué le
pasaba. Nada, algunos problemas, me contestó. Me di a
conocer como médico y me contó que su mujer se había caído
en el depósito de la farmacia y que le parecía que estaba
mal, pero que su esposa le había prohibido que llame a
ningún médico, que ya se le iba a pasar. Lo convencí para
que me llevara a verla. La mujer estaba sentada de un
costado. Rápidamente me di cuenta que se trataba de una
fractura de cadera e inmediatamente hice llamar a una
ambulancia. Hacía dos horas que estaba en ese estado de
intenso dolor, era directora de una escuela. El marido era
conciente de la gravedad de la situación, pero tantos años
de dominio habían logrado que no pudiera tomar una
decisión que la contrariara, aún para su beneficio.
El otro drama
de la mujer paranoide es que desea estar con un hombre
dominante pero no pude convivir con él. Dos dominantes son
por le general incompatibles, a menos que distribuyan sus
áreas de dominio, cosa muy difícil. Por lo tanto la
posibilidad más aceptable que tiene de formar una pareja
estable es con un sumiso (por lo general un pasivo
agresivo), que por una parte satisface su deseo de
dominio, pero por otra parte le genera una enorme
insatisfacción como mujer.
La rigidez de
estas personas, el ver las cosas bipolarmente: blanco o
negro y al ser ellos mismos muy autoexigentes, los
convierten en jueces severos de las demás personas y esto
tiene su incidencia negativa en los miembros de la
familia.
Aclaramos que
no estamos hablando de “enfermedad” sino de característica
de persona. Sólo cuando se produce el quiebre del juicio,
cuando estamos frente a una psicosis veremos todas estas
características potenciadas y muchas de ellas sin el
anclaje en la realidad, y entonces sí hablaremos de
enfermedad, de una psicosis.
Cuando estas
personas se deprimen tratan de ocultar, por orgullo,
mientras pueden, su depresión. Suelen usar “máscaras”, es
decir, actúan que están bien cuando están frente a ciertas
personas para luego derrumbarse en el lugar que ellos
consideran “su refugio”. Así pueden permanecer mucho
tiempo y los familiares no darse cuenta del verdadero
estado de esta persona y son los primeros sorprendidos
ante un suicidio o un derrumbe depresivo grave. Cuando
solicita ayuda al psiquiatra lo hace con reservas, a la
desesperanza propia de la depresión se agrega aquí la
desconfianza, propia de la personalidad, que incluye,
desde luego, al psiquiatra. Gustan de ser tratados con
respeto y que se les comuniquen las novedades y el
diagnóstico con franqueza. Están a la expectativa de ser
engañado por el terapeuta y monitorean el discurso del
psiquiatra. Si es necesario realizar una consulta con los
familiares es imprescindible que la paciente esté presente
para evitar la idea de “complot”. Suelen considerar a la
depresión como una “debilidad” de su voluntad (función que
tienen muy desarrollada y entrenada) y suelen
autorreprocharse amargamente esta condición, esta caída.
El médico debe evaluar con criterio el sistema de apoyo
familiar, de contención. Es muy probable que no sea útil
ante depresiones graves ya que, como mencionamos, la
familia está habituada a recibir las órdenes del paciente
y tiene fallas en tomar decisiones. Sugiero que ante una
depresión grave o que tenga indicios de ideación suicida,
se interne sin más a la persona.
Características del pensamiento paranoide
El sufijo
“oide” significa semejante, por eso se designa como
paranoide a la persona que presenta rasgos atenuados que
hacen recordar a la psicosis delirante paranoica.
Desconfianza
El rasgo
paranoide se caracteriza por girar alrededor de un núcleo
que es la desconfianza. La falta de confianza, en última
instancia, es un problema de fe. En la fe, que es el
fundamento de la creencia, no hay lugar para la duda o el
análisis, es creer sin que importe entender. Si bien tiene
su máxima expresión en lo místico y religioso, la fe se
enseñorea en todos los terrenos de lo mental. Somos
personas confiadas, confiamos en nuestro entorno,
confiamos en que la rutina que tuvimos a lo largo de
nuestra vida se va a repetir en el día de hoy, y luego en
el día de mañana y así sucesivamente.
Hay una
confianza básica, ingenua, en el sistema y en el medio que
vivimos. También tenemos confianza en el resto de la
gente; más allá de la crítica que podemos hacer,
básicamente confiamos en nuestra comunidad, en nuestros
familiares. De no existir esa confianza, esa fe, el grupo
se disgregaría. Es una confianza ingenua, porque si nos
ponemos a analizar, sólo se basa en la repetición, en la
costumbre, y eso es lo que descubre el paranoide. Es un
hombre o una mujer que se planta frente al consenso y se
pregunta el por qué de las bases de ese consenso y obtiene
una conclusión negativa: que no estamos asentados en una
comunidad que pueda darle tranquilidad absoluta y que las
personas que lo rodean pueden ser potencialmente sus
enemigos, no son leales o fieles. Aquí falta entonces la
adhesión al sistema de creencias común, a lo consensuado.
Abuso del
razonamiento deductivo
Si alguien
desconfía de un sistema de creencias consensuado,
evidentemente debe formar, si no se desmorona como
persona, su propio sistema de creencias. Éste se va a
basar en un uso abusivo del razonamiento, de la
interpretación, que formará una posición muy particular en
relación con el resto de las personas. Utiliza básicamente
un tipo de razonamiento deductivo que parte de un
prejuicio, por ejemplo: “Me quieren perjudicar”, que los
hechos particulares sólo confirman o no. Es este prejuicio
el origen de muchos de sus juicios falsos, y hace que
interprete las acciones de los demás como humillantes,
amenazantes y hostiles; en consecuencia, siempre son
obstinados, rígidos y están a la defensiva.
“El pensar
razonado es el juez infalible sobre el ser o el no ser.
Ninguna cosa inmediata debe aceptarse de por sí como real:
todo debe «fundamentarse». Sólo es real lo que puede
explicarse. Lo que no puede explicarse mediante axiomas
libres de contradicción no existe.”(#)
Búsqueda
de las claves
Los
paranoides tratan de buscar las claves que revelan las
intenciones de los demás, buscan la segunda intención, la
prueba que demuestre que estaban en lo cierto. No se
conforman con la primera lectura de una situación, buscan
una segunda lectura, algún indicio que les confirmen sus
prejuicios. Analizan el contenido del discurso, las
contradicciones, observan los tonos, las miradas, los
gestos en pos de encontrar las claves que le demuestre que
están mintiendo, que hay algo más, una intención de
perjudicarlo. Dividen a las personas entre los que están
con ellos y los que están en contra, no hay términos
medios.
Evitación
de la intimidad
Se mantienen
firmes en su postura; evitan la intimidad por temor a dar
información que pueda ser utilizada como arma por sus
enemigos. “Evito la intimidad, el contacto, mantengo un
tipo de relación superficial, y por supuesto que voy a ser
susceptible, voy a estar alerta ante las actividades de
los demás. Detalles que para otros pueden ser cosas
triviales, banales, para mí encajan perfectamente en un
patrón concatenador de hechos, que pueden llegar a ser
indicios de un complot o algo que están tramando en mi
contra.”
Estado de
alerta
Por eso están
muy alertas. Se nota en el paranoide, cuando se lo
observa, el estado de alerta, de tensión. Es una persona
que está en lucha: “olfatea” el ataque, el complot y la
infidelidad donde los otros nada ven.
Rencorosos
Son
rencorosos, recuerdan los agravios, las humillaciones y
los insultos por siempre, y están a la espera del
retrueque y la venganza. La sobrevaloración, la
intolerancia a la crítica, la autojustificación de los
errores, el humor irónico y la necesidad del contrincante
(siempre están peleando con alguien), completan los rasgos
de esta personalidad.
Desde el
punto de vista clásico se caracteriza a estas
personalidades por los siguientes items: desconfianza,
susceptibilidad, proyección, autorreferencia,
grandiosidad. En este caso, “proyección” es atribuirle a
los demás intenciones que coinciden con los prejuicios del
paranoide.
Grandiosidad
Decimos
“grandiosidad” porque tienen su propia manera de ver el
mundo y le dan un alto grado de validez respecto de la
forma en que lo evalúan los demás. “La diferencia entre
los otros y yo es que pienso; lo que digo lo razono en
todos los detalles y las otras personas no. En
consecuencia las conclusiones que saco son mejores y
verdaderas, lo he comprobado muchas veces. Es así. Mi
mujer, por ejemplo, tiene dos neuronas: una para controlar
los esfinteres y la otra para mantener el equilibrio. Si
usa una de ellas la otra se descontrola, o se hace pis o
se cae al piso. Así que opta por no usarlas, no pensar.”,
decía un paciente.
El porte
Si lo
describimos, observamos que es muy detallista, puntilloso;
es una persona de porte prolijo, no es un desaliñado o un
bohemio: es atildado y conserva una postura erecta,
desafiante; la mirada es hacia los ojos, de estudio. Mira
a los ojos o de costado. Los rasgos suelen ser duros, el
entrecejo ceñido. Inspira respeto. Cuando está frente a
nosotros nos estudia, sentimos la sensación de estar
rindiendo examen. Sopesa constantemente lo que decimos,
cómo lo decimos, y sobre todo cómo nos dirigimos a él. Se
considera una persona respetable y de valor. No es
conveniente tutear a un paranoide, hacerlo esperar o no
mantener ciertas reglas mínimas de cortesía. El paranoide
no se presente como un dubitativo, un inseguro, es
desafiante, mira desde arriba. Es una persona de
autoridad, independientemente de su condición social o de
su área de acción.
Un hombre
de dos caras
Si tenemos
oportunidad de hablar con un familiar, vamos a encontrar
un rasgo cuya descripción aún no he hallado en la
literatura: el paranoide tiene una conducta bifronte:
tiene un tipo de conducta para los allegados y otra muy
distinta para los otros. “En casa siempre está
malhumorado, poco comunicativo, pero con sus amigos o en
el trabajo es otra persona: hace bromas, charla con todos,
se hace querer.”
“Hay algo que
me da mucha bronca de mi padre, en casa lee el diario,
mira televisión, siempre con mala cara. Si cualquiera lo
llama por teléfono, se convierte en otra persona, es
parlanchín, chistoso. Cuelga el tubo y vuelve a tener mala
cara.”
Respeto
por la jerarquía
Otro rasgo es
el respeto por la jerarquía. A pesar de la desconfianza,
el paranoide valoriza mucho la jerarquía. Es éste un
elemento muy importante para ser tenido en cuenta por el
psicoterapeuta. Tienen un sistema de jerarquías, respetan
a unos y desvalorizan a otros. Y así en todos los ítems de
la vida. En la familia o en el trabajo, por ejemplo,
respetan sólo a las personas a las que les atribuyen
cualidades suficientemente valiosas. Al resto los
descalifican. Sólo consiguiendo el respeto de un paciente
paranoide podemos realizar un tratamiento eficaz. Y esto
depende, amén de nuestra personalidad y conocimientos, de
una actitud franca y coherente, sin ocultamientos (es un
experto en captarlos), y del trato que le dispensemos.
“Respeto es lo que hay que tener para conseguir”, decía
Baruch Espinosa. Y aquí debemos aplicarlo a rajatabla.
El DSMIV
Criterios
para el diagnóstico de F60.0 Trastorno paranoide de la
personalidad (301.0)
A.
Desconfianza y suspicacia general desde el inicio de la
edad adulta, de forma que las intenciones de los demás son
interpretadas como maliciosas, que aparecen en diversos
contextos, como lo indican cuatro (o más) de los
siguientes puntos:
1. sospecha,
sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de
ellos, les van a hacer daño o les van a engañar
2.
preocupación por dudas no justificadas acerca de la
lealtad o la fidelidad de los amigos y socios
3. reticencia
a confiar en los demás por temor injustificado a que la
información que compartan vaya a ser utilizada en su
contra
4. en las
observaciones o los hechos más inocentes vislumbra
significados ocultos que son degradantes o amenazadores
5. alberga
rencores durante mucho tiempo, por ejemplo, no olvida los
insultos, injurias o desprecios
6. percibe
ataques a su persona o a su reputación que no son
aparentes para los demás y está predispuesto a reaccionar
con ira o a contraatacar
7. sospecha
repetida e injustificadamente que su cónyuge o su pareja
le es infiel
Depresión e ideas deliroides
En la entrega
14 presentamos un capítulo de Leonhard que hacía especial
hincapié en las depresiones paranoides y al que remitimos
al lector. No obstante transcribimos el resumen del mismo.
“En la
depresión paranoide se unen al estado de ánimo oprimido
más las ideas de relación que tienen contenidos
depresivos. De los hechos del medio que los rodea los
enfermos obtienen señales de que son considerados
inferiores o pecadores y de que les espera algún mal.
Junto a las ideas de relación hay ocasionalmente voces que
reproducen los contenidos depresivos. Igual que otras
depresiones puras, también las depresiones paranoides
toman de vez en cuando un curso crónico. Cuando se
mantiene la unión del estado de ánimo depresivo con
autorrelaciones de contenido depresivo, no hay motivo para
cambiar el diagnóstico. Pero en una observación más breve
se producen fácilmente equívocos con síndromes de relación
de una génesis diferente. La inclinación al suicidio es al
parecer muy grande en la depresión paranoide. Entre los
familiares se encuentran temperamentos desconfiados que
corresponden a la depresión paranoide como tipos de
amplitud normal. En cuanto a la estructura corporal, según
lo puedo decir sólo por la impresión que tengo, el porte
leptosómico no parece ser infrecuente”.
Alberto
Monchablon al tratar el tema de la Depresión Suspicaz
(paranoide) anota: el estado anímico está conectado a
procesos intelectuales; los procesos del medio ambiente
son continuamente comprendidos e interpretados
erróneamente. Esto muestra que un nivel emocional más
elevado debe estar afectado, esto es, un nivel sin base
somática.
Se agregan:
alucinaciones auditivas, ansiedad variable,
autoacusaciones, curso a veces crónico, depresión del
humor, desconfianza, ideas de culpa, ideas de
inferioridad, ideas de pecado, ideas de referencia, ideas
de suicidio, temores. Enfermedad unipolar de curso a veces
crónico.
Se trata del
desprecio del mundo hacia ellos. Así como la forma
autotorturada siente que el desprecio surge de sí mismo o
de sus propios sentimientos, aquí el desprecio viene de
afuera, es el mundo quien juzga. Son las diferentes
patologías que surgen cuando se rompe la invisible barrera
yo / mundo.
Una cosa es
sentirse perseguido y estar con ánimo desconfiado y otra
es sentirse despreciado y estar con ánimo deprimido.
Siempre se deberá tener presente que son psicosis
endógenas no-esquizofrénicas, por lo tanto, este
diagnóstico, el de una esquizofrenia, deberá cuestionarse
siempre. También se deberá tener presente que el ánimo
depresivo paranoide puede llevar al suicidio. En los
familiares puede haber inclinación a la desconfianza.
En la
melancolía pueden haber ideas de reprobación pero son
siempre fugaces. También aparecen estas ideas en el
delirio sensitivo de Kretschmer y en algunas estructuras
neuróticas. Igualmente la angustia no es primaria. Siempre
que hay reprobación pueden surgir fenómenos alucinatorios.
Hay un doloroso sentimento de sentirse despreciado,
depresión, reprobación, desconfianza e ideas de
autoreferencia. Éstas se desarrollan a partir de
sensopercepciones anormales sobre acontecimientos del
entorno, por ejemplo, se deducen amenazas por ciertas
conductas de otras personas, también pueden deducir de sus
actividades y de sus alrededores, que ellos son
considerados inferiores o pecadores o que alguna cosa mala
les espera
El CIE 10
F32.2
Episodio depresivo grave sin síntomas psicóticos
Durante un
episodio depresivo grave, el enfermo suele presentar una
considerable angustia o agitación, a menos que la
inhibición sea una característica marcada. Es probable que
la pérdida de estimación de sí mismo, los sentimientos de
inutilidad o de culpa sean importantes, y el riesgo de
suicidio es importante en los casos particularmente
graves. Se presupone que los síntomas somáticos están
presentes casi siempre durante un episodio depresivo
grave.
Pautas
para el diagnóstico
Deben estar
presentes los tres síntomas típicos del episodio depresivo
leve y moderado, y además por lo menos cuatro de los demás
síntomas, los cuales deben ser de intensidad grave. Sin
embargo, si están presentes síntomas importantes como la
agitación o la inhibición psicomotrices, el enfermo puede
estar poco dispuesto o ser incapaz de describir muchos
síntomas con detalle. En estos casos está justificada una
evaluación global de la gravedad del episodio. El episodio
depresivo debe durar normalmente al menos dos semanas,
pero si los síntomas son particularmente graves y de
inicio muy rápido puede estar justificado hacer el
diagnóstico con una duración menor de dos semanas.
Durante un
episodio depresivo grave no es probable que el enfermo sea
capaz de continuar con su actividad laboral, social o
doméstica más allá de un grado muy limitado.
Incluye:
Episodios
depresivos aislados de depresión agitada.
Melancolía.
Depresión
vital sin síntoma psicóticos.
F32.3
Episodio depresivo grave con síntomas psicóticos
Episodio
depresivo grave que satisface las pautas establecidas en
F32.2, y en el cual están presentes además ideas
delirantes, alucinaciones o estupor depresivo. Las ideas
delirantes suelen incluir temas de pecado, de ruina o de
catástrofes inminentes de los que el enfermo se siente
responsable. Las alucinaciones auditivas u olfatorias
suelen ser en forma de voces difamatorias o acusatorias o
de olores a podrido o carne en descomposición. La
inhibición psicomotriz grave puede progresar hasta el
estupor. Las alucinaciones o ideas delirantes pueden
especificarse como congruentes o no congruentes con el
estado de ánimo.
Incluye:
Episodios aislados de:
Depresión
mayor con síntomas psicóticos.
Depresión
psicótica.
Psicosis
depresiva psicógena.
Psicosis
depresiva reactiva.
Bibliografía
Marietan,
Hugo: Semiología psiquiátrica, 2da edición, edit. Anaké,
Buenos Aires, 1998
Monchablon
Espinoza, Alberto, Las Psicosis Fasofrénicas según Karl
Leonhard, Alcmeon Año XI, vol 9, N°2, octubre de 2000
Manual DSM IV y CIE 10