CURSO SOBRE DEPRESIÓN
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Depresión y Situación
Hugo
Marietán
marietan@gmail.com
Una situación
es una serie de acontecimientos y objetos que dan el marco
contextual a las acciones del individuo. Influyendo él
sobre la situación y siendo influido por la misma en una
retroalimentación constante. Arbitrariamente vamos a
designar como situación a lo que permanece en un tiempo
determinado, es decir, no se designa aquí un hecho
inmediato o puntual, sino algo que permanece el suficiente
tiempo como para modificar al individuo. Así una crisis
financiera o afectiva, una mudanza, una enfermedad crónica
son situaciones. En el proceso de estas situaciones el
individuo debe soportar la presión que emana de las
modificaciones de su entorno y a su vez debe accionar con
el fin de modificarlas para neutralizarlas o disminuir su
presión. Así, si bien la contextura psicológica del
individuo tiene su importancia es superada ampliamente por
los factores externos devenidos de la situación.
Todo esfuerzo
implica un gasto psíquico y físico, si este gasto se
prolonga en el tiempo caemos en el desgaste psíquico o
físico o ambos. Si este desgaste se manifiesta con signos
y síntomas similares a la depresión llamamos entonces a
este cuadro ‘depresión situacional’.
Inmediatamente debemos diferenciar este tipo de depresión
de la ‘depresión endógena’ donde la constitución del
individuo es primordial a los hechos externos en su
desencadenamiento. Y debemos diferenciarla también de la
llamada ‘depresión reactiva’, si bien muy emparentada con
la situacional, se refiere más a un acontecimiento
puntual, que despierta en el individuo una reacción
emocional aguda en armonía con el hecho puntual, al
superarse el desencadenante, cede la depresión. También
debemos diferenciarla de la ‘depresión neurótica’, donde
la conformación psíquica minada por los conflictos
determina un tipo de estructura que permanece estable.
Para
establecer los conceptos con los que vamos a guiarnos
daremos ejemplos clínicos.
Caso 1: Un ingeniero en apuros
Se trata de
un Ingeniero Químico de 36 años que había logrado ser
propietario de su laboratorio industrial tras grandes
esfuerzos, más ocupado en los procesos industriales que de
la contabilidad cometió varias desprolijidades contables.
Sorpresivamente se instaura en su empresa una inspección
de la Dirección General de Impuestos (hoy AFIP). Nuestro
ingeniero se encontraba en la siguiente situación:
- sabía que
estaba en falta
- sabía que
tarde o temprano los inspectores iban a descubrir esas
desprolijidades contables
-
cumplimentar todos los requisitos legales implicaba que la
empresa se fundiera ya que no podía dar una respuesta
económica satisfactoria
- estaba
implícita la amenaza de la pérdida de libertad por un
hecho penal (evasión de impuestos)
Los recursos
con que contaba para amortiguar la situación eran ilegales
(debía buscar facturas y recibos ilegítimos, “truchos”,
que justificaran sus movimientos económicos), si esto
salía bien podía salvar su empresa pero corría el riesgo
de ser descubierto y terminar en la cárcel.
Mientras los
inspectores trabajaban de día en su empresa, él trabajaba
de día y de noche, en una carrera contra reloj, para ir
tapando los baches contables antes de ser vistos por los
inspectores.
Además debía
hacerse cargo de las tareas propias de la continuidad de
la empresa para poder cumplir con los compromisos
asumidos.
Esta
situación se prolongó por tres semanas minando
aceleradamente las reservas energéticas y
desestabilizándolo psicológicamente.
Promediando
la segunda semana llega a la consulta con un estado de
depresión y desesperación. No podía visualizar una salida
positiva a su problema y la idea de suicidio, como
alternativa, estaba muy fortalecida.
Debemos
destacar que se trataba de una persona con características
de líder, sumamente creativa, emprendedora y acostumbrada
a afrontar los problemas y solucionarlos, dado que con
recursos mínimos y mucho ingenio logró erigir una mediana
empresa con un rinde económico holgado.
Con estas
características personales el terapeuta espera encontrarse
con un ejecutivo que consulta y sin embargo llegó
acompañado de su esposa a quien tomó de la mano durante la
entrevista, rompiendo en llanto en varias oportunidades,
siendo su imagen la de un derrotado, un hombre vencido;
confesó que tenía planes de acabar con su vida con una
escopeta de su pertenencia.
No obstante
este derrumbe emocional continuó luchando para salvar su
empresa, produciéndose la siguiente dualidad: por un lado,
parecía un hombre que apenas podía realizar tareas básicas
como ocurre con muchos depresivos, y por otro lado, tenía
suficientes energías como para enfrentarse a la DGI.
Al final la
situación cesó gracias a la intervención de un abogado,
ducho en estos problemas, que con ardides propios del
oficio encontró una vuelta que permitió una resolución
favorable.
A pesar de
estar solucionada la situación, no por ello el cuadro
depresivo cedió sino que se mantuvo tres meses más con la
misma intensidad para ir menguando hasta resolverse seis
meses después.
En este caso
vemos con claridad que lo que precipita la depresión es un
factor netamente externo que incide sobre una personalidad
bien armada pero que va cediendo ante la intensidad de la
presión y la duración de la misma.
Se me ocurre
como imagen las ciudades que eran sitiadas por ejércitos
enemigos: si se mantenía un sitio con ataques constantes y
el suficiente tiempo la ciudad por más fuerte que fuera
terminaba siendo destruida.
Caso 2: Acoso laboral
Otro caso que
ilustra este concepto es el de R., un empleado bancario
jerarquizado, de veinte años de antigüedad, al que cambian
de jefe teniendo éste actitudes de hostigamiento y
agresión hacia él. Esto era vivido por R. como una
injusticia, dado que era muy cuidadoso y perfeccionista en
su trabajo. Era de los que consideran como propia su área
laboral y parte de su autoestima se apoyaba en sus méritos
como trabajador.
Muy
observante de las normativas y de las reglas de urbanidad
evitaba las situaciones problemáticas. Su nuevo jefe le
hacía observaciones negativas delante de sus compañeros y
en varias oportunidades obligó a otros empleados a hacer
tareas que le estaban reservadas a él.
R. no llegaba
a comprender el motivo de las agresiones de su jefe, ya
que éste no era agresivo con todos sino sólo con él. Esta
incógnita, las humillaciones y la degradación terminaron
socavando su equilibrio psíquico, comenzando primero con
trastornos del sueño, irritabilidad, alteraciones del
aparato digestivo, para profundizarse hasta llegar a un
síndrome depresivo.
Su falta de
costumbre de confrontar le impedía responder con actitudes
agresivas hacia el jefe, amén del poderoso miedo a perder
el trabajo que era el único sustento de su familia.
Es así que lo
vemos en el consultorio, con el cortejo sintomático de la
depresión y acompañado de su esposa.
Como el
factor primordial era la presión externa que se ejercía
sobre él, en la figura del jefe, la lógica indicación
terapéutica era sustraerlo de ese medio con una licencia
médica a fin de replantear el problema y que el paciente
se recupere medianamente de su desgaste.
Sin embargo
esto fue rechazado por el paciente con el argumento de que
una licencia psiquiátrica iba a darle más herramientas a
su jefe para desplazarlo de su cargo.
Aquí se
presenta otra vez la dualidad vista anteriormente. Por un
lado una persona con marcados rasgos depresivos, y `por
otro lado alguien que persiste en luchar contra la
situación desfavorable.
Igual que en
el caso anterior, esta persona se encontraba en una
situación “sin salida”, encerrado y asediado. Esto duró
meses hasta que por una situación fortuita su jefe se hizo
cargo de una delegación en el interior. Seis meses
después de esto la depresión comenzó a ceder.
Caso 3: más allá del bien y del mal
El tercer
caso que voy a describir es uno de los tantos que se
presentaron tras la crisis del año 2001 en Argentina. Se
trataba del jefe de una empresa metalúrgica familiar (PYME)
con veinte empleados a su cargo la mayoría de los cuales
tenía más de quince años de antigüedad.
Cuando se
produjo una merma muy significativa de las ventas, el
dueño recurrió a las reservas para compensar los gastos
fijos. Como pasaban los meses y no había recuperación de
las ventas y los gastos se mantenían, el dueño recurrió al
crédito bancario para cubrir los gastos con la esperanza
de que la economía del país se recuperara. Este crédito le
permitió un a sobrevida de un par de meses encontrándose
luego con la cruda realidad de los gastos fijos
constantes, ventas más disminuidas aún, y debiendo pagar
la abultada cuota del crédito.
Algunos
profesionales contables le habían aconsejado anteriormente
que despidiera a la mayoría de sus empleados a fin de
bajar los gastos fijos, pero él decía “Como voy a echar a
Ricardo, que tiene tres hijos, que hace quince años que
está conmigo y ha sido siempre un buen obrero”. Es decir,
no le daba el corazón para esa cirugía.
Es así que
llegó el momento en que el banco al no pagar las cuotas
solicitó la quiebra de la empresa con lo cual se quedó sin
empresa y todos sus empleados en la calle.
Pudo
conservar su casa porque estaba como bien de familia y era
inembargable, y, paradójicamente terminó subsistiendo
gracias a un hobbie de la esposa que hacía vasijas de
cerámica que de entretenimiento pasaron a ser un medio de
subsistencia.
Otro factor
que incidió en el derrumbe económico es haber seguido
manteniendo un ritmo de vida y gastos a un nivel anterior
al de la crisis, sus hijos iban a colegios y universidades
privadas, cada uno tenía su coche, y otros pasatiempos de
alto costo.
Cuando llega
al consultorio, este empresario había devenido en ayudante
de la esposa en su tarea de alfarería. Debía trescientos
cincuenta mil dólares y tenía juicios por distintas
causas. Había vendido sus autos para comprarse una
camioneta utilitaria para el traslado de los cacharros.
Esta persona que consultaba presentaba un estado de
engañosa tranquilidad, hablaba coherentemente de todos sus
problemas y narraba sus catástrofes como quien cuenta una
película, algo que le pasó a otro.
Por lo
general estos hombres son muy dedicados a su empresa y
comparten un tiempo mínimo con su familia. Esta falencia
es compensada por los beneficios económicos que genera la
actividad. Pero cuando se derrumba la empresa y los
medios económicos desaparecen aparecen los huecos
afectivos en la familia. Los hijos acostumbrados al
despilfarro no pueden adaptarse a una abrupta economía de
guerra, así es que a la pérdida económica se agregaba para
este hombre una serie de difíciles conflictos familiares
encabezados desde luego por la esposa que hacia valer
ahora su rol de sustento económico de la casa.
Este hombre
llegó a la consulta en un estado superior al estado de
distrés, las presiones fueron tan insuperables que su
desgaste había sido más que intenso llegando al estado de
indefensión.
Los
conductistas acuñaron este concepto de indefensión a
partir de un experimento con ratas: en un recipiente con
agua colocaban ratas y algunas maderitas, las ratas
nadaban y se esforzaban por mantenerse a flote agarradas
de las maderitas y permanecían en ese estado un tiempo x.
En otro recipiente de iguales características echaban
ratas pero no las maderitas, las ratas exploraban la
superficie acuática y los contornos del recipiente, cuando
se daban cuenta que no tenían ninguna posibilidad de
sobrevivir dejaban de nadar y se ahogaban. A este estado
vivencial en el que las ratas no tenían ningún tipo de
posibilidad de defensa para vivir le llamaron indefensión.
Así que
nuestro empresario se había resignado y se dejaba llevar
por la corriente de los acontecimientos, sin ningún papel
activo que lo orientara hacia una salida de la
problemática.
Creo que este
es el mayor de los desequilibrios psíquicos en este tipo
de depresión porque la persona que ha tocado fondo de tal
profundidad, que ha vivenciado el límite de su límite,
nunca volverá a ser el mismo.
Por eso es
que presentaba ese estado de aparente tranquilidad y
narraba de manera impersonal su situación, él estaba
absolutamente vencido y no controlaba ninguna de las
variables.
Tiempo
después dejó el tratamiento, había hecho pocas consultas,
luego no tuve más noticias.
Consideraciones teóricas
Alonso
Fernández (1) indica que este tipo de depresiones tienen
las siguientes características:
- Posee una
etiología basada en una situación
- No puede
ser catalogada como una reacción, a diferencia de ella, al
remitir la situación depresógena no remite la depresión.
- la de
implicar ciertas alteraciones biológicas, acompañados a
una buena respuesta a los antidepresivos.
Este autor
dice que el conjunto de situaciones depresógenas pueden
sistematizarse en cuatro clases:
- las
situaciones de pérdida personal, que golpean sobre el
estado de ánimo
- las
situaciones de sobrecarga emocional y estrés, que consumen
el caudal de energía e impulsos
- las
situaciones de aislamiento o de inactividad, que
interrumpen la comunicación
- las
situaciones de desarraigo y crisis, que rompen el ritmo
habitual de vida.
La depresión
por pérdida, afectiva o relaciona, era el modelo utilizado
por la teoría psicoanalítica. La pérdida objetal
constituye el momento básico e inicial de la enfermedad.
Las grandes
tensiones emocionales propias de las situaciones de
sobrecarga son inducidas a menudo por fuertes exigencias
exteriores, un sobre esfuerzo psicológico o una
autoexigencia de responsabilidad excesiva. Este tipo de
drepresión fue descripta por Kielholz y Beck como
depresión por agotamiento. El sindrome de estrés tiene
aquí su mejor encaje nosográfico.
Las
situaciones aislamiento se centran el en vacío de
comunicación apoyados muchas veces por la falta de
estímulos o de actividad. Llamada también depresión por
descarga (Bürger – Prinz,) o depresión por liberación
(Schulte). La liberación de una situación opresora y la
descarga de una preocupación pueden confluir en el vacío y
la inactividad. Un sujeto sostenido por la ocupación o la
preocupación queda, al cesar este apoyo, sumido en una
situación de vacío existencial e inercia. Entran aquí la
depresión de los jubilados y la depresión existencial, por
la pérdida del proyecto existencial, la depresión por
pérdida del trabajo, etc.
En la
situación de desarraigo implican un cambio brusco en las
condiciones de vida, lo que exige al sujeto un gran
esfuerzo para integrarse en la nueva situación. En la
etapa de transición es donde suele producirse la
depresión.
Alonso
Fernández, además, señala que en la depresión situacional
abundan los cuadros clínicos larvados y atípicos. Es la
categoría de depresión cuyo diagnóstico se basa más en
datos negativos, sobre todo la ausencia de rasgos de las
depresiones endógenas, neurótica y sintomática. Evoluciona
siempre como unipolar. Aconseja continuar por mucho tiempo
la medicación antidepresiva que remitió el cuadro.
Bibliografía
Alonso
Fernández, F. La Depresión y su diagnóstico, Ed. Labor,
Barcelona, 1988.