CURSO SOBRE DEPRESIÓN
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Depresión y Neurosis
Hugo Marietán
marietanweb@gmail.com
Introducción
Cuando existe una estructura
neurótica y sobre ella se monta un cuadro depresivo,
hablamos de depresión neurótica. Es decir que aquí la
depresión es un epifenómeno de la neurosis. No quiere
decir esto que tengamos que disminuir el grado de alerta
terapéutico sobre estos pacientes ya que a ellos les cabe
las generales de la ley: detrás de toda depresión subyace
el peligro de la autoeliminación. Pero, por lo general,
su intensidad es menor a la de una depresión endógena, es
más duradera y suele estar motivada por un acontecimiento
que el paciente puede distinguir con cierta facilidad.
El DSM IV, que ha decretado la muerte
nominal de la neurosis, recurre al concepto de Distimia
para encuadrar este tipo de depresión. El tratamiento
consiste en la administración de un antidepresivo, con
buena respuesta por lo general a los IRSS, ansiolíticos y
, desde luego, psicoterapia. La psicoterapia es el
acompañante indispensable en todos los cuadros depresivos,
pero su valor se acentúa en este tipo de depresiones.
Como en todo cuadro depresivo debe
descartarse cualquier patología orgánica a través de un
exhaustivo examen clínico.
El terapeuta observará una
característica muy propia de la neurosis: el uso que
realiza el paciente de su problema para manipular a su
entorno. Se verá que muchas veces la persona “exagera” su
sintomatología para requerir la atención de sus familiares
y hasta la del propio psiquiatra. Pero esto no debe
llevarnos a engaño y debemos neutralizar cualquier
pensamiento hostil hacia el consultante: este rasgo es
propio de su estructura neurótica y no significa que la
depresión sea menos grave.
También es útil determinar el
funcionamiento del sistema familiar ya que existe la
posibilidad de que la patología del consultante este
retroalimentada por algunos miembros de la familia, y
debemos contar con la colaboración de las personas
significativas para el paciente a fin de que no boicoteen
la administración de medicación o cualquier otra
indicación terapéutica. Si bien esta es una indicación
general para los cuadros depresivos, aquí hay que
prestarle especial atención.
Una vez realizado el adecuado
diagnóstico, instrumentado el tratamiento y conseguido el
apoyo familiar, aún así, la evolución es fluctuante, con
marchas y contramarchas, con mejorías y recaídas. Mínimos
acontecimientos derrumban afectivamente al paciente y,
paradójicamente, en ocasiones, acontecimientos de alto
impacto emocional para una persona normal (fallecimientos
de familiares, por ejemplo) no les hacen mella. El
terapeuta debe estar advertido de este tipo de desarrollo
del tratamiento, amén de la duración; aquí salimos
temporalmente de la clásica duración de la fase de seis a
ocho meses para extendernos hasta dos o tres años con los
altibajos mencionados. Entre las etapas depresivas,
incluso en medio de ellas, el paciente parece tomarse un
respiro y disfrutar, por momentos, de ciertos
acontecimientos de su vida, para luego caer nuevamente
dominado por la angustia.
La presentación discursiva que hace
la persona es básicamente la queja. El autorreproche esta
dosificado, la vivencia de autosupresión está tratada con
respeto, dramatizada, o es utilizada para llamar la
atención. El pedido de ayuda es neto y acuciante. La
imagen del terapeuta es idealizada o descalificada de
acuerdo a las fluctuaciones. Sin embargo suele ser un
paciente que persiste en el tratamiento, una vez superada
la primera etapa de reconocimiento y aceptación, apela,
descalifica, pero sigue. Lógicamente esto produce en el
terapeuta muchos momentos de frustración, no pocos de
impotencia, y un toque de agresividad al captar los
aspectos de acentuado egoísmo del consultante. El
psiquiatra debe aprender a convivir con estas vivencias y
neutralizarlas, o al menos manejarlas: el cuadro de base,
la neurosis, es así. Si se siente superado, debe derivar.
Sin embargo, aprender a tratar a estos pacientes es una
experiencia muy enriquecedora para el profesional: se
fortalece la paciencia, herramienta indispensable en el
psiquiatra, la tolerancia, el manejo de la incertidumbre y
la frustración y una buena dosis de humildad que nunca
viene mal.
Características
Es una forma muy leve de depresión
caracterizada por un estado de depresión crónico.
Causas, incidencia y factores
de riesgo:
Se desconoce la causa de este
trastorno. Su síntomatología no es tan severa como la de
la depresión, pero las personas afectadas se deben
enfrentar casi a diario con los síntomas de estados de
ánimo depresivos. La distimia es más frecuente en las
mujeres que en los hombres y también puede afectar a los
niños. Generalmente persiste durante años.
Síntomas:
Estado de ánimo deprimido durante la
mayor parte del día
Son más los días de depresión que los
de calma
Puede durar 2 años o más
Inapetencia o compulsión por las
comidas
Insomnio o hipersomnia
Pérdida de la energía o fatiga
Baja autoestima
Baja concentración
Sensación de desesperanza
Del CEI 10
Trascribimos los conceptos del CEI 10
para la distimia
F34.1 Distimia
Depresión crónica del estado de ánimo
que no se corresponde con la descripción o las pautas para
el diagnóstico de un trastorno depresivo recurrente,
episodio actual leve o moderado (F33.0, F33.1), por su
gravedad o por la duración de los episodios (aunque pueden
haberse satisfecho las pautas para un episodio depresivo
leve en el pasado, en especial al inicio del trastorno).
La proporción entre las fases recortadas de depresión leve
y los períodos intermedios de comparativa normalidad es
muy variable. Los enfermos tienen a menudo días o semanas
en los que refieren encontrarse bien, pero durante la
mayor parte del tiempo (frecuentemente durante meses
seguidos) se sienten cansados y deprimidos, todo les
supone un esfuerzo y nada les satisface. Están
meditabundos y quejumbrosos, duermen mal y se sienten
incapaces de todo, aunque normalmente pueden hacer frente
a las demandas básicas de la vida cotidiana. La distimia,
por lo tanto, tiene mucho en común con los conceptos de
neurosis depresiva y depresión neurótica. Si fuere
necesario, puede especificarse si el comienzo es precoz
(tuvo lugar durante la adolescencia o la tercera década de
la vida) o tardío.
Pautas para el diagnóstico
Depresión prolongada de estado de
ánimo que nunca, o muy rara vez, es lo suficientemente
intensa como para satisfacer las pautas para trastorno
depresivo recurrente, episodio actual leve o moderado
(F33.0, F33.1). Suele comenzar al iniciarse la edad adulta
y evoluciona a lo largo de varios años, o bien es de
duración indefinida. Cuando el comienzo es más tardío,
suele ser la consecuencia de un episodio depresivo aislado
(F32.-) o asociarse a pérdidas de seres queridos u otros
factores estresantes manifiestos.
Incluye:
Depresión ansiosa persistente.
Neurosis depresiva.
Trastorno de personalidad depresiva.
Depresión neurótica (de más de dos
años de duración).
Excluye:
Depresión ansiosa leve o no
persistente (F41.2).
Reacción de duelo de menos de dos
años de duración (F43.21, reacción depresiva prolongada).
Esquizofrenia residual (F20.5).
¿Neurótica o endoreactiva?
Carlos Pereyra (h) hace una
disticnción semiológica y fenoménica que nos pareció útil
incluir:
“La depresión neurótica,
fenomenológicamente, difiere de la depresión normal en su
aspecto cuantitativo. O es excesiva en intensidad para la
naturaleza del bien perdido o es excesiva su duración. Si
bien es una respuesta a pérdidas reales, lo que tiene de
exceso, ¿no tiene que ver con cierta endogeneidad? Con
ciertas características que en la pareja objeto
perdido-sujeto perdedor, ¿tiene más que ver con el sujeto
que con el objeto? Lo que le agrega el sujeto a la
respuesta depresiva y que tiene que ver con el exceso en
intensidad y/o tiempo de duración del cuadro, debe
referirse a las características propias de ese individuo
preexistentes a la pérdida, y esto es lo endógeno que se
le agrega a lo reactivo normal. Por lo tanto, para
nosotros, toda depresión patológica es, cuanto menos,
endoreactiva. La depresión puramante reactiva es la
depresión normal.
El exceso que se ve en la depresión
neurótica, siempre endoreactiva, no se limita al grado de
intensidad del malestar y/o a su duración. También hay
exceso en su extensión a otros objetos no perdidos, los
que son automáticamente desafectados (una manera de
perderlos). Es decir, la depresión no aparece solamente
como una respuesta directa a la pérdida de un valor por
pérdida de objeto, sino que se le suma, desde lo endógeno,
la pérdida de otros valores por desafectación de objetos.
Las depresiones neuróticas endoreactivas son en alguna
manera comprensibles por el especialista o no, en lo que
tienen de común con las depresiones normales: pérdida de
valor por pérdida de objeto-respuesta depresiva. No es tan
comprensible por lo que tiene de exceso (endógeno):
pérdida de valores por desafectación de objetos-respuesta
depresiva. Esto explica la actitud a veces hostil de
familiares y amigos”. En Alcmeon 17, “Psicogenia y
psicopatología de la depresión”, año VII, vol 5, nº 1,
junio de 1996, Buenos Aires.
De Alonso Fernández
“La depresión neurótica se distingue
por surgir en el terreno de la neurosis asintomática o
carácter neurótico, la neurosis de angustia o la neurosis
fóbica. El carácter neurótico se define por la pareja
formada por la hipersensibilidad a los estímulos
ambientales en unión de la inhibición social y la
inseguridad de sí mismo acompañada de timidez en especial
hacia las personas del otro sexo. En la neurosis de
ansiedad prevalece la vivencia amenazadora de locura o
muerte, acompañada de un amplio cortejo de molestias
somáticas diversas y una actitud hipocondríaca que lleva
al sujeto a estar continuamente pendiente del
funcionamiento de su organismo. La sensación de
inestabilidad o vértigo; al tomar una especial intensidad
en la calle, genera entre los neuróticos la agorafobia, la
fobia al gran espacio sin límites y vacío, o simplemente a
la calle, que es la fobia neurótica más extendida y
representativa.
Pues bien, sobre el terreno
constituido por estos síntomas que acabamos de resumir,
adscritos al carácter neurótico, a la neurosis de angustia
y/o la neurosis fóbica, hace irrupción la depresión
condicionada por estos factores neuróticos. La asociación
de rasgos neuróticos y depresivos se atiene a una
cronología muy definida: en tanto que los rasgos
neuróticos se remontan muchos años atrás, habiéndose
iniciado generalmente en la infancia o en la adolescencia,
el estado depresivo suele surgir después de los veinte
años, aunque no es imposible que también se remonte a la
infancia formando entonces ya desde mucho tiempo atrás un
cuadro mixto neurótico-depresivo. La tarea de distinguir
un cuadro neurótico puro de una neurosis complicada con la
depresión no representa una tarea fácil, toda vez que el
cuadro depresivo de esta estirpe no suele pasar de un
grado ligero o moderado y con una extensión casi siempre
incompleta, abarcando a la sumo tres dimensiones.
Precisamente, la dimensión sintomatológica más ausente en
la depresión neurótica es la discomunicación, cuya
sintomatología alcanza con frecuencia el máximo relieve
externo, o sea que es la más fácilmente percibida por
otras personas. Dada esta ausencia, la depresión neurótica
permanece muchas veces oculta en el cuadro sintomático de
la neurosis. Los datos más importantes para sospechar que
un cuadro neurótico se ha complicado con la irrupción de
un episodio depresivo se distribuyen así: los
autorreproches y el deseo de morir o el intento suicida,
como elementos del humor depresivo; la astenia y el
desinterés sexual, como datos anérgicos; y el
empeoramiento por las mañanas y la fijación en el pasado,
como signos ritmopáticos. Puede ser revelador a este
respecto sobre todo el cambio de actitud ante la muerte:
en tanto que el neurótico puro experimenta un verdadero
terror a los riesgos que amenazan su vida, un amplio
sector de depresivos neuróticos comienza su andadura
inclinándose hacia el deseo ambiguo o ambivalente de que
les llegue la muerte, inclinación que incluso puede llegar
a plasmarse en una conducta suicida.
Ante cualquier enfermo neurótico que
inicie un cambio de actitud ante la muerte, de modo que
ésta deje de ser un objeto de rechazo y una fuente de
temor para convertirse en un objeto de pensamiento más o
menos habitual o un deseo, hay que sospechar
inmediatamente la irrupción de un estado depresivo. En
algunos trabajos publicados en Estados Unidos se sigue
considerando la presentación de la conducta suicida en el
marco del trastorno de pánico (equivalente a los estados
de ansiedad) como «un fenómeno contradictorio». Llama la
atención esta consideración cuando semejante tendencia
constituye un fenómeno que guarda un nexo lógico con el
contexto depresivo de la desesperanza y la amargura, casi
como si fuera un suicidio anunciado.
La evolución de la depresión
neurótica se perfila en la línea de un estacionamiento
crónico, en forma de un cuadro uni, bi o tridimensional,
en el que la sintomatología más ausente es la
correspondiente a la capacidad de sintonización o
comunicación. Esta modalidad de depresión suave y crónica
había sido enjuiciada antaño como un carácter depresivo y
en los últimos tiempos ha sido conceptuada en Estados
Unidos como una distimia (del griego, humor alterado),
denominación muy poco afortunada dado su significado
etimológico tan inespecífico.
Suele describirse el trastorno
distímico en Estados Unidos como una especie de «depresión
menor», que afecta entre un 3 y un 6 por ciento de los
americanos adultos y que -como era esperable dada su
verdadera índole depresiva- «responde drarnáticamente a la
medicación antidepresiva», aunque haya que respaldar
después este tratamiento con la psicoterapia adecuada. Yo
mismo he llegado a análoga experiencia terapéutica por una
vía conceptual totalmente distinta: la de ver a estos
enfermos como el producto de una asociación de neurosis y
depresión. Por otra parte, su identificación como una
«depresión menor» como si fuera el grado de depresión
contrapuesto a la «depresión mayor», prescindiendo así de
captar los elementos cualitativos neuróticos primordiales,
representa desde mi punto de vista enmascarar la
comprensión del enfermo depresivo neurótico con un
impreciso dato matemático.
Es frecuente que la evolución crónica
del depresivo neurótico tome una marcha espontánea
indefinida, sin grandes interrupciones, hasta que acaece
el final de la vida. Semejante trayectoria evolutiva está
abierta a un cambio radical a cualquier edad mediante la
aplicación del tratamiento adecuado, para lo cual se
precisa abandonar la idea de tener al enfermo por un «distímico»
para comprenderlo como lo que realmente es (un enfermo
neurótico y depresivo)”. En : Alonso Fernández, La
depresión y su diagnóstico, Edit. Labor, Barcelona 1988.
Diferencial de Depresión endógena
y reactiva
Tomado de http://www.webcolombia.com/health/depresion/
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Depresion Endogena |
Depresion Reactiva |
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Personalidad |
Normal o melancólica |
Neurótica |
|
Factores desencadenantes |
desconocidos |
conocidos |
|
Humor y afectividad |
Tristeza profunda |
Angustia/Tristeza |
|
Variaciones diurnas |
Peor por la mañana |
Peor por la tarde |
|
Trastornos del sueño |
Insomnio |
Insomnio leve |
|
Inhibición psicomotriz |
SI |
No |
|
Ideas delirantes |
Posibles |
No |
|
Depresiones previas |
SI |
No |
|
Suicidio |
Posible |
Muy improbable |
|
Antecedentes familiares |
SI |
Poco frecuente |
|
Conciencia de la enfermedad |
No |
SI |
|
Hipocondría |
No |
Sí |
|
Sentimientos de culpa |
Autoacusación |
Complejo inferioridad |
|
Causas probables |
Hereditarias |
Trastornos desarrollo afectivo |
|
|
Constitucionales |
Situación traumática |
|
|
Orgánicas |
Psicogénesis |
|
Terapéutica medicamentosa |
Antidepresivos |
Ansiolíticos + ATD |
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Terapéutica de apoyo |
Control |
Psicoterapia |